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Memorias del expresidente

Aznar y el día en que el BCE se apoyó en España para preservar el euro

José Jiménez

¿Se imaginan al todopoderoso BCE poniendo a España como ejemplo del rigor presupuestario y las buenas políticas económicas? ¿Confiando el futuro del euro a la periferia? Aznar asegura que consiguió lo imposible.

¿Se imaginan al todopoderoso BCE poniendo a España como ejemplo del rigor presupuestario y las buenas políticas económicas? Quizás eso ahora mismo sea impensable, pero sucedió hace catorce años, tal y como lo relata en sus "Memorias I' (Planeta) el ex presidente del Gobierno José María Aznar.

La historia sucedió a finales de 1998, dos años después de que Aznar ganara las elecciones. Por aquel entonces, en 1996, muy pocos apostaban por que España pudiera estar entre los países fundadores de la moneda única. El Partido Popular heredó de Felipe González una tasa de paro del 20% y un déficit del 6,6%, la peor tarjeta de visita para presentarse en Europa y encima pretender formar parte de los países fundadores. "Cuando llegamos al Gobierno, las perspectivas para entrar en el euro eran todo menos buenas. Felipe González y su equipo habían tirado la toalla", asegura Aznar.

El problema era la mala imagen de España. "Se nos veía con un gran escepticismo. Devaluaciones en cadena, un déficit elevado y el paro por encima del 20% no eran la mejor tarjeta de presentación. Teníamos que luchar contra la fama de indisciplinados y gastones", asegura. Por eso, Aznar volcó todos sus esfuerzos en preparar la economía para unirse al euro en la primera fase. Para ello instrumentó un fuerte recorte de gastos por 200.000 millones de pesetas y congeló el salario de los empleados públicos. "Quisimos plantear a los españoles un esfuerzo útil y un camino seguro", apunta.

El problema que se le presentaba era el escepticismo, especialmente del núcleo duro de Europa, particularmente de Francia y Alemania. Tres semanas antes de que el euro entrara en funcionamiento, el 10 de diciembre de 1998, Aznar decidió visitar al presidente del BCE, Win Duisenberg. Era el primer presidente que lo hacía. En el seno del organismo europeo existía una profunda intranquilidad. En varios países centrales para la estabilidad de la moneda única -Alemania, Francia e Italia- se estaba proponiendo un cambio de dirección en las políticas económicas que significaba una enmienda en los compromisos de Maastricht.

"Duisenberg necesitaba aliados para evitar ese giro en las políticas económicas, un giro que situaría al euro en mal camino, precisamente cuando tenía que dar sus primeros pasos. Yo compartía la preocupación y ofrecí al Duisenberg mi apoyo. Le expresé mi compromiso con la estabilidad macroeconómica; le aseguré que defendería la políticas de disciplina fiscal cuando la discusión se planteara en las instituciones europeas. Y me ofrecí a exponer los buenos resultados conseguidos por los españoles como argumento de persuasión y a favor de la estabilidad", relata Aznar.

Según el expresidente, "España era un país que había que tener en cuenta en el debate sobre si convenía relajar la disciplina fiscal para fomentar el crecimiento o si, por el contrario, esa relajación erosionaría las posibilidades de prosperidad a medio plazo", asegura Aznar. De hecho, reconoce que esa conversación parecía insólita. "El BCE le estaba pidiendo a un país periférico al que todos habían considerado un modelo de incumplimiento que le ayudara a convencer a los países centrales de la Unión de las bondades del rigor presupuestario".

Dice Aznar que el caso de España tenía su lógica porque servía como ejemplo de la "irresponsabilidad fiscal" por los excesos de los años socialistas. Y considera que la pertenencia posterior de España al euro produjo "unos resultados espectaculares en términos de prosperidad y empleo". La confianza y la fiabilidad "se dispararon" y España "se convirtió en punto de referencia. Y alerta sobre las consecuencias negativas que habría en caso de abandonar la senda de la austeridad y las reformas.

El Pacto de Estabilidad fijaba un tope máximo del 3% para el déficit y del 60% para la deuda. Los primeros en incumplirlo fueron Francia y Alemania. Pero no fueron los únicos. "Rodríguez Zapatero decidió modificar la Ley de Estabilidad Presupuestaria que habíamos aprobado en 2001. Luego se saltó a lo grande el Pacto de Estabilidad para llevar el déficit público al 11% en 2009", apunta. El problema es que "el coste de incumplir es siempre más alto para un país periférico que para uno central". Y concluye con una advertencia. "A España le fue bien cuando fuimos ejemplo de cumplimiento, y ahora no sabemos cuándo terminaremos de pagar el coste de haber dejado de serlo".

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