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Expertos muestran cierta decepción con la supervisión limitada

¿Por qué el Banco de España se ha ganado mala fama en la Unión Europea?

Óscar Torres (Bruselas)

El caso español se considera un paradigma de un problema mayor en la UE

El papel de los bancos centrales de los países miembros es uno de los puntos que más asperezas levanta en la Unión Europea. El debate previo al acuerdo de los ministros de finanzas europeos ha puesto al descubierto ciertas deficiencias en la labor de algunos de ellos. Y en los pasillos de la UE no se duda en mencionar de forma explícita al Banco de España como uno de esos reguladores. 

Los términos en los que se ha aprobado la supervisión única europea abren un nuevo reto: adaptar el papel de los bancos centrales de cada país a la nueva situación. En principio, las instituciones europeas se harán cargo de la supervisión de un grupo aproximado de 150 entidades financieras. Aquellas que superen unos activos de 30.000 millones de euros o representen una proporción significativa del PIB de su país de origen. Es decir, las consideradas sistémicas. 

Los casi 6.000 bancos restantes tendrán que ser vigilados por los organismos locales. Alemania impone así su criterio, con la presunta intención de ocultar las vergüenzas de las "landesbanken", las cajas alemanas, donde podrían acumularse hasta 250.000 millones de euros en activos tóxicos. Estas entidades han podido actuar con una cierta opacidad, gracias a un peculiar sistema de protección de depósitos. 

Pero en el corazón de la UE no se habla sólo de las peculiaridades del sistema alemán. También se señala de forma explícita al Banco de España como el paradigma de una supervisión demasiado "nacionalista". Hay quien considera el caso español como un síntoma de un problema mucho mayor. Los supervisores nacionales siempre tienden a minimizar los problemas en casa. Su instinto y sus intereses burocráticos se basan en defender a sus propios países, frente a los de la Unión.

Estos expertos no dudan en remontarse a unos años atrás para defender sus posiciones. Recuerdan con especial preocupación los años en los que el Banco de España ocultó los graves problemas de las cajas y que no han hecho más que retrasar, empeorar y alargar la grave crisis por la que ya está pasando España.

Los defensores de una supervisión total del sistema financiero europeo aducen que un organismo central que vigile el comportamiento de todas las entidades del Viejo Continente permitiría acabar con estos "malos hábitos" de los reguladores locales, puesto que su papel quedaría reducido al mínimo. Ahora, son muy conscientes de la dificultad técnica de poner en marcha una institución de esta envergadura.

Pero el tamaño no será un problema, porque, de momento, sólo se reducirá un reducido número de entidades. Ni en el corto, ni en el medio plazo. Nadie se atreve a responder si veremos una supervisión europea sobre todas las entidades financieras que operan en el Viejo Continente. Eso sí, existe la posibilidad de que el supervisor europeo solicite la vigilancia de alguna entidad concreta si cree que hay motivos para hacerlo. 

Con todo, habrá que esperar unos 18 meses para ver la realidad de este primer paso. Hay más que flecos pendientes que tendrán que negociar los jefes de estado de los países miembros. Los ministros de finanzas han decidido que un organismo independiente del BCE se encargue de la supervisión. Habrá una nueva institución. Y será necesario decidir en qué lugar se asentará la base de este nuevo órgano. Hay quien dice que Merkel habría ofrecido a París este caramelo para que apoyara sus posiciones, pero también se habla de una sede itinerante.

En definitiva, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, ha calificado de histórico el acuerdo alcanzado por los ministros de finanzas del Viejo Continente. Y, aunque, en general, se acepta que una supervisión única y más coordinada es un gran paso adelante, son muchos los expertos que muestran cierta decepción por su limitado alcance. Al fin y al cabo, unas 5.800 entidades financieras quedarán fuera de su rádar. Con todo, el ministro de economía Luis de Guindos ha asegurado que el 80% de las entidades españolas serán supervisadas por Europa.

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