29 de Enero, 00:50 am

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análisis

Desmontando la Tasa Tobin, el falaz impuesto que pagarán los clientes

Alberto Moro Suárez

Este nuevo impuesto recaerá sobre los inversores y no sobre los bancos o empresas de servicios de inversión. Unos y otros trasladarán este nuevo coste a sus clientes, a todos nosotros.

El día 9 pasado, en el seno del Consejo de Ministros de Economía de la Unión Europea, 11 países europeos se reafirmaron en el impulso de una "tasa sobre las transacciones financieras a la banca" mediante el sistema de cooperación reforzada: Alemania, Francia, Italia, España, Estonia, Eslovaquia, Austria, Bélgica, Portugal, Eslovenia y Grecia

En base a la información que se ha filtrado a los medios de comunicación, la mal llamada Tasa Tobin se concretaría en el establecimiento de una tasa de 10 puntos básicos a todas las transacciones en acciones y bonos, y de 1 punto básico a las transacciones en productos derivados. De forma genérica, y en base a la información disponible, estas son mis primeras impresiones:

1.- Este nuevo impuesto (realmente, eso es lo que es) recaerá sobre los inversores y no sobre los bancos o empresas de servicios de inversión. Unos y otros trasladarán este nuevo coste a sus clientes, a todos nosotros. Por tanto, es absolutamente falaz el decir que el impuesto será pagado por los bancos. Lo pagaran los inversores, los ahorradores, los fondos de inversión de los que somos participes, los fondos de pensiones en los que depositamos nuestro futuro, etc. 

2.- Reducirá la liquidez de los mercados sobre los que se pretende aplicar (acciones, bonos y productos derivados) como consecuencia del aumento de los costes de intermediación, provocando (i) una reducción del volumen negociado y (ii) un incremento de las horquillas de precios (diferencia entre el precio de compra y el de venta). 

3.- La reducción del volumen negociado mencionada en el punto 2 anterior provocará una caída de los ingresos de los intermediarios financieros (bancos y empresas de servicios de inversión), provocando probablemente una reducción del empleo en el sector. El impacto será más relevante en los departamentos de cuenta propia de los intermediarios al reducir los márgenes de esta actividad y, consecuentemente, sus beneficios. 

4.- El incremento de las horquillas de precios (diferencia entre los precios compradores y vendedores) mencionada también en el punto 2 anterior generará una reducción de las rentabilidades de los participantes en los mercados al incrementar el coste de entrada y salida en los mismos. Ello, junto con el propio impuesto en si, reducirá la rentabilidad de nuestras inversiones, de nuestros fondos, de nuestros planes de pensiones, etc. 

5.- Dado que la imposición de esta tasa no es genérica ni siquiera a nivel europeo (Gran Bretaña ya ha anunciado que no la impondrá), podría generarse un movimiento de deslocalización hacia aquellos mercados financieros que no apliquen dicha tasa, al resultar más eficientes y económicos. Recuperar después el terreno perdido será complicado. 

6.- El aumento de los costes de intermediación, como consecuencia del impuesto, será notable. Actualmente, los costes de intermediación se mueven entre los 7pb para los inversores institucionales y los más de 20pb que la banca cobra a los particulares. Un aumento de 10pb incrementará en un 58% los costes de los primeros y en un 50% los segundos. Por tanto, supondrá un incremento medio de los costes superior al 50%. 

7.- Para darnos una idea del impacto, analicemos por ejemplo cuanto representará esta tasa en el caso de los principales mercados de acciones europeos. A cierre de Septiembre, la bolsa española había negociado 500.671 millones de euros. Dado que la tasa propuesta son 10 puntos básicos, esto representaría unos 500 millones hasta Septiembre que, anualizando linealmente nos llevaría a unos 670 millones de euros. Dado que se aplicaría sobre las compras y sobre las ventas, el ingreso final sería 670 x 2 = 1.340 millones de euros. Evidentemente, dicho importe sale de las carteras de los inversores (fondos de inversión, planes de pensiones, etc.). En el caso de Alemania el importe sería de 1.550 millones de euros. 

8.- En resumen, otro despropósito que generará más perjuicios (en forma de reducción de liquidez y profundidad de los mercados afectados) que beneficios (recaudación fiscal).

Sin duda, la llamada Tasa Tobin ha vuelto a ponerse de moda. Su nombre hace referencia a quien la ideó, James Tobin, un gran economísta estadounidense, reconocido con el Premio Nobel de Economía en 1981 por, literalmente, "su análisis de los mercados financieros y sus relaciones con las decisiones de gasto, empleo, producción y precios." Doctor por la Universidad de Harvard y Profesor en la Universidad de Yale, Tobin fue asesor, entre otros, del Presidente John F. Kennedy (nada menos que en colaboración con los también célebres Robert Solow y Kenneth Arrow, ambos también Premio Nobel en 1987 y 1972, respectivamente) y de la Reserva Federal de los EEUU. Divulgó sus ideas en múltiples documentos de trabajo y medios de comunicación, defendiendo un keynesianismo sustentado en la libertad de mercado, argumentando las bondades de este, pero reclamando también la necesidad de la intervención gubernamental con el objeto de limitar sus excesos y acotar sus ineficiencias. Durante la década de los 60 fue rival intelectual Milton Friedman y el monetarismo emanado de la Escuela de Chicago, argumentando la necesidad de fijar objetivos adicionales (crecimiento, empleo, etc.) al margen de los estrictamente monetarios.

En 1972, y como consecuencia de las fuertes turbulencias en los mercados de divisas provocadas por la ruptura del Sistema de Bretton Woods (patrón oro), Tobin sugirió la posibilidad de que los gobiernos impusiesen una tasa sobre las todas las transacciones de divisas con el objetivo de desalentar la especulación y reducir la volatilidad de la cotización de las monedas. La tasa que Tobin proponía tenía como objetivo el fortalecer el libre comercio entre los países, al colaborar en la apertura de sus mercados al exterior reduciendo los movimientos especuladores ("hot money", según sus propias palabras). Pero increíblemente, con el paso de los años, la idea de Tobin ha sido secuestrada por diferentes corrientes de pensamiento, desvirtuando sus orígenes. Por un lado, a principio de la década de los 2000, diferentes movimientos antiglobalización utilizaron la idea como estandarte para conseguir un mundo más justo, eliminando al "capitalismo especulador". Más recientemente, y en plena crisis de deuda soberana, 11 países europeos (entre ellos España) esgrimen la Tasa Tobin como mecanismo recaudatorio que permita aliviar las maltrechas arcas de los estados europeos. Ni unos ni otros responden a la esencia de la Tasa Tobin, que fue ideada con el objetivo de posibilitar la apertura de las economías reduciendo la volatilidad de los mercados de divisas. Por tanto, no fue ideada ni contra la globalización ni como mecanismo de recaudación.

Alberto Moro Suárez: Doctor (PhD) en Economía y Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Barcelona (UB). Profesor de Mercado de Valores y de Instrumentos y Mercados Financieros (Universidad de Barcelona). Coordinador Académico del área de Renta Variable del IEF (Institut d'Estudis Financers), Barcelona. Fue miembro del Consejo de Administración de Espírito Santo Dealer, con responsabilidad en el área de productos derivados (mercado organizado y OTC).

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