Una torpeza de Rajoy, en el origen de la desconfianza de Draghi hacia España
La irritación que produjo la gestión de la comunicación del incumplimiento del objetivo del déficit para España aún perdura en el consejo de gobierno del Banco Central Europeo
El Gobierno de Mariano Rajoy no produce demasiada confianza en el corazón del Banco Central Europeo, una de las instituciones más poderosas de la Unión Europea y con más margen de acción para sacarnos de la crisis. El motivo no es otro que una torpeza en la política de comunicación del Ejecutivo popular, que irritó de sobremanera en el seno del poderoso instituto emisor europeo, según fuentes conocedoras de lo sucedido.
El episodio ocurrió en la cumbre del pasado marzo y es conocido. Las instituciones europeas y Alemania habían organizado todo para que la reunión de jefes de Estado y de Gobierno finalizara con la firma del pacto fiscal, que pretendía sellar a sangre y fuego la austeridad en el ADN del euro. Este punto era considerado por el BCE como una de las condiciones para intervenir de manera más decidida a favor del euro y así era entendido por todos. O quizá no. Durante la reunión, el presidente del Gobierno cumplió con el guión planeado para la cita y formalizó el compromiso de España respecto al pacto fiscal, sin dar señales de lo que iba a ocurrir poco después.
Fue en la rueda de prensa ante los medios españoles cuando Rajoy soltó la bomba: Anunció que España pensaba incumplir el objetivo de déficit fijado por Bruselas hasta entonces en el 4,4% del PIB (aunque Bruselas aceptó más tarde relajarlo), argumentando que se trataba de "una decisión soberana de España".
"Viene a Bruselas, firma un pacto fiscal más severo para garantizar el saneamiento de las finanzas públicas y lo primero que anuncia es que viola el objetivo de déficit para este año", explicaron las fuentes conocedoras de lo ocurrido en marzo, y que según explicaron aún tiene consecuencias a día de hoy.
"Entiendo que era imposible para España alcanzar el objetivo de déficit, pero quizá no era muy sabio hacerlo en ese momento, desde el punto de vista político", añadieron las fuentes, que creen que ésta podría ser una de las razones por las que el BCE y la Comisión Europea quieren mantener una estrecha vigilancia y condicionalidad sobre España, en caso de que solicite la ayuda de sus socios.
Otra de las cosas que tampoco está gustando en Bruselas es la gestión del escándalo de las participaciones preferentes. Según explicó una fuente comunitaria, no es aceptable que los bancos que han recibido dinero público (o que lo van a necesitar en el futuro) estén canjeando este tipo de deuda. Desde la óptica europea, no se ve bien que estas entidades devuelvan parte del dinero a los inversores afectados y luego acudan a Bruselas a pedir dinero para recapitalizarse, con coste para los contribuyentes de toda la zona euro.