Crisis en Portugal: chollo para las vacaciones
La grave situación del país vecino no da tregua este verano, en el que la creciente deuda sanitaria preocupa al país
Portugal muestra de forma inmediata sus señas de país rescatado. Hay autovías a medio construir donde la hierba crece en lugar del asfalto, puentes sobre carreteras que no unen ningún camino y, sobre todo, un pueblo resignado con las graves medidas impuestas por el Gobierno, que vive el momento entre un sentimiento nuevo de frustración y otro sentimiento, la melancolía, que forma parte de su identidad desde hace siglos.
La crisis de Portugal se parece más a la de Grecia que a la de Irlanda. Es una crisis que tiene su origen en el excesivo gasto público y que no ha podido culpar a los bancos de ser los responsables directos. Y, sin embargo, la respuesta social a las medidas ha sido más parecida a Irlanda que a Grecia. Portugal se siente mas cerca de los británicos que de los mediterráneos.
Portugal tiene también, como España, una gran dependencia del turismo. Y esta crisis está golpeando de forma directa esta vía de ingresos. El turismo interior y el de España ha sufrido una importante caída que se manifiesta en la multitud de oferta que es posible encontrar a través de internet. En el mes de julio, era fácil encontrar un apartamento con salón, habitación, cocina y baño por 100 euros los seis días. El mismo apartamento se encontraba el año pasado por 175 euros, lo que constituía ya una ganga teniendo en cuenta que disponía de dos amplios sofás-cama y era susceptible de ser utilizado por cuatro personas.
Las zonas de mayor afluencia turística, como El Algarve, muestran en el mes de agosto carteles de alquiler por todas partes. Una excepción de este panorama un tanto desolador: los hoteles de cuatro y cinco estrellas están teniendo una alta ocupación durante el mes de agosto. Alemanes, ingleses, franceses y, en menor medida, españoles y portugueses siguen siendo la clientela fiel de este tipo de establecimientos.
Deuda sanitaria creciente
La crisis, al igual que ocurre en España, no ha dado tregua durante los meses de verano. Todo lo contrario. Esta misma semana se conocía que la región de Las Azores tenía una deuda sanitaria mil millones de euros. Como consecuencia de ello, las empresas farmacéuticas y las de material hospitalario no sirven a esa región, si no se le paga al contado. Las Azores tiene 42 veces menos habitantes que la Portugal continental y, sin embargo, su deuda sanitaria constituye una cuarta parte de los 4.000 millones de euros del total del país luso.
Precisamente en el sector sanitario se han pedido los mayores esfuerzos a los portugueses, que desde el uno de enero tienen que pagar entre 15 y 20 euros cada vez que van a una urgencia hospitalaria. Para ser atendido en una consulta hospitalaria se paga 7,5 euros y, si es en un centro de salud, 5 euros. Por las consultas no presenciales hay que pagar 3 euros y 4 euros por los cuidados de enfermería.
El posible rescate español
Portugal contempla, además, con temor la posibilidad de que España pueda solicitar un nuevo rescate. Consideran que afectará a sus exportaciones a España y, dada la capacidad que está demostrando el sector exportador español, podría incrementar también la competencia en el exterior para las empresas lusas. Un 25 por ciento de las exportaciones portuguesas están en peligro. Una cifra demasiado abultada en los momentos que vive una economía como la lusa, cuyo desarrollo depende mucho de la evolución de su país vecino.
La mala marcha de la economía española ha contribuído, sin duda, a la importante caída en un 18 por ciento de las ventas de viviendas respecto al 2011. En Portugal no se ha producido una burbuja inmobiliaria, como en España e Irlanda, pero los bancos tienen en cartera una gran cantidad de vivienda y la agencia Fitch acaba de publicar un informe señalando, con gran malestar para la patronal inmobiliaria lusa, que los precios de la vivienda en Portugal deben caer otro 18 por ciento para que se recupere el mercado.
Aprender idiomas
Ante esta situación se subraya el hecho de que el número de alumnos que estudian idiomas se ha incrementado entre un 30 y un 40 por ciento durante el verano. Tras esta cifra se esconde el convencimiento por parte de los jóvenes, al igual que ocurre en España, de que su futuro profesional deberán encontrarlo lejos de Portugal y muy probablemente en Alemania, Gran Bretaña o Francia, cuyos idiomas anteceden al de España en las preferencias de formación durante los meses de verano.