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España, en el ojo del huracán

¿Qué fue de aquellos brotes verdes?

M.J. Alegre

Hace justo tres años, Elena Salgado avanzó que en "algunas semanas" se verían los primeros brotes verdes de la recuperación.

Ahora sabemos que fue un espejismo. Se han cumplido tres años desde que la vicepresidenta del Gobierno socialista, Elena Salgado, el 19 de mayo de 2009, y en respuesta a los periodistas tras una sesión de control en el Senado, dijo que «en algunas semanas», se verían los brotes verdes de la recuperación económica. Se basaba en el aumento de afiliación a la Seguridad Social, en la mayor confianza del consumidor o en un ligero frenazo en el desplome de la actividad constructora. Los recursos extraordinarios del 'plan e' de dinamización estaban detrás de las mejoras.

No fue la única en equivocar su pronóstico. En aquella primavera,el entonces presidente del Banco central Europeo, Jean Claude Trichet, así como sus colegas los muy estrictos gobernadores de otros bancos centrales, reunidos en el Banco Internacional de Pagos de Basilea, sugirieron que las economías desarrolladas estaban en un punto de inflexión... hacia arriba.

Por todo ello, aquel mismo año, el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero enganchó su campaña a los comicios europeos al carro del primer brote verde de la economía española. «Diminuto, frágil, precoz, quizá solitario, pero verde, oiga, verde, rezaba el vídeo electoral socialsta. Y remataba; «aunque seguro que habrá alguien que lo querrá pintar de negro».

Lo cierto es que el vendaval concedió una tregua. El peculiar desarrollo de esta crisis de múltiples tentáculos -de las hipotecas basura, de la economía real, del sector inmobiliario, de la deuda soberana, del sector financiero- hizo que, al concluir la primavera de 2010, conociéramos que el Producto Interior Bruto de España había despegado, al fin, en el trimestre inicial del ejercicio. Era el primer avance después de casi dos años de continuado desplome, que arrancaron con el estancamiento del Producto Interior Bruto entre los meses de abril y junio de 2008. A muy pequeños pasos, el repunte de la actividad parecía irse afianzando.

Arrancó entonces un periodo de reformas. En mayo de hace dos años el entonces presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, habían alcanzado un histórico pacto para reformar las cajas de ahorro. Era un entendimiento nada común, ya que los dirigentes de las fuerzas políticas mayoritarias se relacionaban a cara de perro. Ambos acordaron reformar la ley básica de estas instituciones de crédito con «apertura al capital privado» en proporción limitada «que nunca podrá alcanzar una posición de control». Veinticuatro meses más tarde, aquellos límites han saltado por los aires y buena proporción del subsector está nacionalizada.

Factura del ajuste

Pero en la noche del 9 al 10 de mayo de 2010 se acabaron las alegrías presupuestarias. Un Consejo de Ministros de Economía y Finanzas emplazó a la representante española, Elena Salgado, a aplicar drásticas medidas para reconducir el déficit. Fue el primero de una larga serie de ajustes, y se concretó en medidas tan infrecuentes como la congelación de las pensiones o el recorte del 5% en las retribuciones de los empleados públicos.

A la política de austeridad que emprendió el Gobierno socialista -y que el PP ha intensificado- se unió el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y sus dramáticos efectos sobre el empleo y los balances bancarios. Estas causas están detrás de la escalada de la tasa de paro desde el 17,39% de la población activa en el primer trimestre de 2009 hasta el 24,44% del mismo periodo de este año. Entre esas fechas, la cola del desempleo ha aumentado en 1,3 millones de trabajadores.

La extensión del ajuste a otros países y la crisis de la deuda soberana, provocada por la imposibilidad de Grecia de hacer frente a sus compromisos de pago, han arrastrado al conjunto de Europa a una nueva etapa de recesión, de la que España tardará más en salir porque su modelo económico ha quedado seriamente tocado. Los pronósticos más optimistas cifran el creciento del PIB español en apenas un par de décimas en 2013 y se da por seguro el retroceso del 1,8% este año.

La puntilla a esta delicada situación la ha dado la ofensiva contra la deuda española en los mercados internacionales, agravada por la desconfanza en el sector financiero. Aquella reforma de las cajas de ahorro de la primavera de 2010 no se aplicó con rapidez, y la presión política impidió que se desarrollara con acierto. Para financiarse, tanto el Tesoro como las empresas privadas españolas necesitan pagar unos tipos de interés insoportables a medio plazo. En tiempos de brotes verdes se consideraba alarmante que la prima de riesgo trepara hasta los 100 puntos. La pasada semana rozó los 550, lo que instala la economía en zona de rescate.

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