26 de Mayo, 20:10 pm
Consecuencias

Vivienda: beneficiados y perjudicados de la reforma financiera de Luis de Guindos

M. J. Alegre

Positiva para los futuros compradores, negativa para los actuales propietarios

La reforma financiera aprobada este viernes en Consejo de Ministros persigue, además del saneamiento bancario y la recuperacíón de la credibilidad internacional en el sector, el abaratamiento de la vivienda.

Parece lógico que bancos y cajas, forzados a limpiar sus balances y a recortar drásticamente el valor de los activos inmobiliarios (suelo, locales, pisos) con los que se han quedado como consecuencia del impago de las deudas, y que deben reducir las ganancias en cuantía equivalente, se muestren dispuestos a vender propiedades con importantes descuentos con tal de desprenderse de ellas.

Bancos y cajas se librarán de este modo del peso de la gestión de un negocio que no es el suyo, lo que sin duda está lastrando la recuperación del conjunto de su actividad. En la medida en que consideren interesante el relativo margen de ganancia que les ofrezca el potencial comprador, abrirán un mercado de oportunidades inmobiliarias. Los expertos no se ponen de acuerdo en sus valoraciones, pero una mayoría admite que los precios van a bajar. Pinchar la burbuja del inmobiliario debe ayudar al reequilibrio de la economía.

Pero la aplicación de la nueva norma tiene, además de los beneficiarios directos, perjudicados a los que apenas se menciona. Las asociaciones de consumidores han alzado la voz para recordar que, con el agravamiento de la crisis, hay suscriptores de hipoteca a punto de no poder hacer frente a sus compromisos y que, si bien la dación en pago -cuando la entrega de la vivienda implica la cancelación de toda deuda, sin que se vean afectados otros ingresos o propiedades- no puede ser de aplicación generalizada, podría contemplarse en determinadas situaciones especialmente dramáticas.

También sugieren que las nuevas exigencias de provisiones animen a los bancos a contemplar cada vez más las fórmulas negociadoras, menos drásticas que la pura y dura adjudicación de los bienes. Una refinanciación o incluso una quita pueden resultar ahora más eficaces a las dos partes implicadas.

BENEFICIARIOS

Los nuevos compradores. Desde que se inició la burbuja del 'ladrillo', hace una decena de años, la compra de una vivienda ha exigido esfuerzos económicos equivalentes a una elevada proporción de los ingresos personales o familiares. La rebaja de los tipos de interés que acompañó a la implantación del euro alivió el impacto inicial, pero muy pronto resultó un arma de doble filo: cualquier repunte del coste del dinero se tradujo en unas alzas de cuota en las hipotecas que las economías domésticas apenas podían soportar.

Cuando la crisis económica presionó a la baja el precio de la vivienda, los bancos y cajas cerraron el grifo del crédito, escarmentados por los impagos. Si tienen que sacar al mercado su 'stock' de pisos, los precios bajarán, y las entidades proporcionarán a sus clientes la financiación necesaria para esas compras.

PERJUDICADOS

Los propietarios de vivienda. Al margen del crédito promotor, principal destinatario de la norma, entre los particulares ha habido especuladores, compradores y vendedores con mínimo margen temporal entre las transacciones.

Pero una mayoría del 80% de ciudadanos españoles que son dueños de la casa en que habitan no compraron con el propósito esencial de lucrarse con la venta. Para ellos, la vivienda es su único patrimonio. Al recortarse su valor potencial de forma drástica se van a sentir más pobres, porque ese deterioro coincide ahora con una importante merma de su renta disponible (menores ingresos por la congelación o la rebaja de salarios, la situación de paro de algunos miembros del hogar...). Las decisiones de consumo doméstico están condicionadas tanto por la entrada de ingresos como por la percepción de mayor o menor desahogo económico.

Los vendedores de 'segunda mano'. El mercado de la vivienda usada lleva años de total estancamiento, por la crisis y la zigzagueante política fiscal. Y buena parte de estas transacciones no son una simple cuestión de capricho sino que pueden tener como motivación última necesidades familiares o laborales. Quienes aspiran a cambiar su vivienda por una de mayor o menor tamaño, o deben mudarse de localidad porque les ha surgido un trabajo en otro emplazamiento, se van a ver fuertemente limitados.

Imposible competir si la banca vende mucho más barato y proporciona el crédito necesario para realizar esa transacción.

Los desahuciados. Los que se vieron obligados a 'dejar las llaves' en la oficina de la entidad financiera acreedora, se quedaron sin vivienda pero cargaron con el resto de la deuda. Sumados los intereses, el débito es en ocasiones superior a la cantidad pedida en préstamo. Y ahora pueden ver como la vivienda perdida que se quedó el banco sale al mercado a un precio que puede llegar a ser la mitad del importe que arrastran.

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