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La opinión general es que los esfuerzos fiscales y de reestructuración económica de Grecia no serán suficientes para cumplir con el objetivo de rebajar el déficit público del 13,6% al 3% en 2012. Moody’s, en la última revisión crediticia del país, dio la clave: “la división en la movilización de la ayuda externa ha dificultado significativamente a Grecia el mantener sus ratios en el rango de una calificación. Además, la revisión de la deuda griega y de su déficit incrementa las dificultades del Gobierno para alcanzar los objetivos recogidos en sus planes”. La división a la que se refiere es a la presión de Alemania para retrasar el rescate después de las elecciones.
Sin embargo, los expertos de macroeconomía de Deustche Bank creen que es una tarea “hercúlea”. Pero los analistas se muestran optimistas. No obstante, las implicaciones de este esfuerzo serán dolorosas, porque entre 2009 y 2012, los economistas calculan que el PIB griego se hundirá un 9,5%, en tanto que el paro saltará del 9% al 19%.
En opinión de Alberto Matellán, analista de Inverseguros, la clave de los acontecimientos pasa, a corto plazo, por saber cómo y cuándo se va a ejecutar la concesión de las ayudas, puesto que los detalles técnicos del plan pueden modificar la percepción de los mercados. A más largo plazo, el dinero que recibirá Grecia solucionan los compromisos de pago hasta el año que viene, pero no se sabe lo que puede pasar a partir de ahí.
A juicio de Juan Ramón Rallo, director del Observatorio de Coyuntura del Instituto Juan de Mariana, la ayuda concedida a Grecia, previsiblemente, no será suficiente para cubrir todas las necesidades del país, y habrá que ampliarla, algo que prácticamente descuentan todos los inversores. También opina que el problema heleno es claramente de solvencia, en un contexto donde reducir el endeudamiento es muy complicado, dado que la economía se está contrayendo.
El problema para Grecia ahora está en cumplir con las condiciones que asume para recibir los préstamos del FMI y de la Unión Europea. Para los economistas de Deustche provocaría un serio dilema y una fuerte crisis en el seno de la Unión Europea, dado que el apoyo financiero se presta bajo estas condiciones, y por lo tanto, tendría que desaparecer.
La Unión Europea ha dado el paso más complicado al articular el mecanismo de ayuda en colaboración con el FMI. Hasta la fecha sólo había prestado auxilio a países miembros pero que están fuera del euro, como ha sucedido con Letonia, Rumania y Hungría. La Comisión Europea tiene atribuido esta función, pero no está tan claro en el caso de que se trate de un país de la euro zona. El Tratado de Lisboa deja el resquicio legal para implementar las ayudas en caso de que sean necesarias tomar medidas apropiadas para la situación económica.
Los socios europeos han mostrado su apoyo incondicional a Grecia, salvo Alemania que no quería condicionar las elecciones generales con una intervención que diera ventaja a las fuerzas políticas más euroescépticas. Pero una vez activado el rescate es complicado que algún país quiera abandonar el club. Casi todos los estados recogen en los tratados de adhesión alguna cláusula que permite salir del euro; pero teniendo en cuenta que la ayuda bilateral a Grecia es proporcional al grado de participación en el Banco Central Europeo a ninguno le sale rentable romper el acuerdo de financiación.
Gran parte de los analistas consideran que el próximo paso a seguir si la situación de Grecia empeora es la reestructuración de la deuda. El analista de Deutsche Bank, Jim Reid, “si se deja a Grecia que incurra en el impago, se desataría una importante crisis en Europa, dado que los acreedores tendrían que provisionar gran parte de los créditos. Y la situación se agravaría si las sospechas de impago recayeran en otros países con problemas presupuestarios. Reconoce que una reestructuración podría ser la mejor solución considerada de forma aislada, pero no comparte la idea de que finalmente pueda llegar, al no estar preparados los gobiernos europeos.
Juan Ramón Rallo coincide ante esta perspectiva. Considera que primero es posible pensar en la opción de reestructurar la deuda de alguna manera y no descarta la opción de Grecia acabe finalmente por salir del euro. El objetivo de esta medida sería llevar a cabo una devalución inmediata de su moneda, lo que para Rayo no sería más que una forma de impago encubierta. Además, la reestructuración de la deuda tendría que venir acompañada de medidas fiscales más intensas, porque alargar los pagos de por sí no es una solución viable a largo plazo.
La salida de Grecia de la divisa europea no es la única medida drástica que valoran los expertos. Algunos plantean garantizar la emisión de deuda. El texto legal de constitución de la Unión Europea permite que los países miembros ofrezcan garantías financieras en situaciones excepcionales para garantizar el proyecto común. Los países más boyantes podrían comprar las emisiones de bonos helenos. O llegado el caso hasta el Banco Europeo de Inversiones podría adquirirlos bajo mandato del Consejo de la Unión Europea.
La otra opción que vuelve a tomar cuerpo es dividir el euro en una divisa fuerte para los países con menos problemas y otra débil para los países con problemas financieros intentando evitar el efecto contagio a las economías más fuertes.

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