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09 de Febrero de 2012

24/02/2009 - 18:14
El bloqueo del mayor fondo inmobiliario español es la mejor prueba de que incluso las inversiones sólidas a largo plazo tienen sus ciclos y sus riesgos.

Siempre se ha afirmado que no hay inversión más sólida que el ladrillo. Pero no olvidemos que ser sólido es equivalente a no ser líquido. Y esto no es un simple juego de palabras. Los inmuebles están ahí. Es cierto. Pero no es casualidad que cuando más difícil es vender una vivienda en España, sea imposible convertir en liquidez lo invertido en el mayor fondo inmobiliario español. La iliquidez ha sido siempre el principal riesgo de la inversión inmobiliaria, precisamente por la dificultad de vender los activos, sobre todo cuando sus precios bajan y rompen otra frase hecha sobre el sector, esa de que «el ladrillo siempre sube a largo plazo». Como hemos repetido desde estas mismas páginas, no es cierto que los precios de los pisos siempre suban, ni siquiera en el peculiar mercado español. Ya a finales de 2005, cuando un gran fondo inmobiliario alemán bloqueó su liquidez por la avalancha de reembolsos (como ahora ha hecho el decano del sector en España), en esta revista alertamos de que el giro que comenzaba a percibirse en el mercado inmobiliario podría afectar a estos fondos especializados.

Los fondos inmobiliarios españoles, sobre todo los más antiguos, como el ahora congelado (el del Santander fue creado en 1995), han disfrutado de unos buenos ejercicios, remolcados por la locomotora de los precios inmobiliarios, que se anotaban, año tras año, rentabilidades de dos dígitos. Pero ese tren se frenó hace tiempo y ahora circula marcha atrás. Y no es la primera vez que los precios de los pisos retroceden en España. Ya lo hicieron a principios de los noventa, golpeados por la crisis económica: recuerden que la anterior recesión sufrida por el PIB español fue en 1993, cuando retrocedió un 1,1 por ciento. Ahora se repite la historia, con mayor brusquedad, lógica, a la vista de la vertical e insostenible subida de los precios inmobiliarios durante los últimos años.

Un inversor que entrara en los fondos inmobiliarios a mediados de los noventa y saliera cuando el mercado comenzó a dar sus primeros síntomas de debilidad, hace más de tres años, habrá hecho un buen negocio, con rentabilidades anuales medias superiores al 5 por ciento. Aguantar más tiempo en estos fondos implicaba, como advertimos en esta revista, un serio riesgo. Como en Alemania, los fondos españoles antes o después tendrían que reflejar el enfriamiento del mercado. Es lamentable que más de 50.000 partícipes en el mayor fondo inmobiliario español queden ahora atrapados y sin liquidez. Pero el gestor, incapaz –como tantos otros en otros mercados– de prever la virulencia de la crisis inmobiliaria, no ha tenido más remedio que bloquear los reembolsos. A los partícipes les toca ahora esperar, al menos, dos años para recuperar lo que se pueda... una vez que se hayan hecho líquidos los ladrillos.










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