24 de Mayo, 13:32 pm
La crisis, un año después

Feliz aniversario: las bolsas descubrieron hace un año que no era el fin del mundo

JOSÉ JIMÉNEZ

Hoy hace justo un año que las bolsas comenzaron su gran rebote desde mínimos. ¿Y ahora qué?

Hoy se cumple un año desde que las bolsas mundiales descubrieran que no era el fin del mundo. Después de 18 meses de turbulencias y con el mercado de crédito prácticamente colapsado, los mercados iniciaron el 9 de marzo de 2009 una huida hacia delante que se salda con avances del 71% para el DJ Euro Stoxx 600 y del 69% en el caso del S&P 500, dividendos incluidos, según cálculos de Deutsche Bank.

El otoño de 2008 ya vino muy caliente con la quiebra de Lehman Brothers o los rescates de Fannie Mae y Freddie Mac. De hecho, el miedo al colapso era tan generalizado en octubre, que el Tesoro se vio obligado a inyectar 250.000 millones de dólares a las instituciones financieras y la FED tuvo que llevar los tipos en diciembre a su mínimo histórico del 0%-0,25%, donde actualmente permanecen. Estas medidas inmediatas de choque formaron el caldo en el que se incubó el gran rebote: a principios de marzo, las salidas de dinero de los fondos monetarios se habían transformado en entradas modestas, bajaron los diferenciales de la renta fija y se empezaron a emitir bonos corporativos.

Epicentro del seísmo, tuvo que ser el sector financiero quien pilotara el resurgir de los mercados. Los inversores pasaron de descontar la segunda parte de la Gran Depresión a darse cuenta de que las medidas adoptadas por los gobiernos iban a dar sus frutos, apunta Natalia Aguirre, directora del departamento de Análisis de Renta 4. Es entonces cuando se empezó a hablar de "brotes verdes" en los indicadores más avanzados del ciclo (ISMs, IFOs,) y los analistas vieron que se podía generar un cierto suelo, apunta la experta.

En realidad, era la mejor solución posible -o lo que todo el mundo quiso ver- porque la inestabilidad financiera se había extendido como una mancha de aceite sobre la economía real. De hecho, el PIB del cuarto trimestre en Estados Unidos se desplomó un 6,2%, con incrementos en la tasa de paro y debilidad del consumo personal.  De tal calibre era el atasco, que una semana antes de que comenzara el rebote, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, cursó una petición de fondos en toda regla al Comité Presupuestario para poder recuperar la economía real.

La espita se abrió con un par de globos sonda tirados por la gran banca sobre la bondad de sus resultados, y con un artificio contable que esa semana estuvo en boca de todos. El debate sobre suprimir o no la norma 'mark to market' que obligaba valorar los activos a precios de mercado. Visto desde la distancia, apunta Antonio Ros (Lone), analista de Finanzas.com, "el mundo al final no se hundió" y el rally en marzo fue más bien una corrección a los excesos de una época en la que las acciones pasaban de 3 a 700 euros en un año. "Al fin y al cabo, tras una década de idas y venidas, burbujas y hundimientos, estamos donde empezamos, en los mismos niveles de enero de 2000", sostiene Ros.

La deflación: el fantasma del que todos hablaban

Pero. ¿Qué decían los analistas antes de que llegara el rebote? Muchos tenían sus dudas sobre la utilidad de las medidas fiscales, otros hablaban de una recuperación previa de los canales de crédito y casi todos se ponían en lo peor. "Había un sentimiento tan negativo, que lo siguiente era esperar a ver qué es lo peor que podía pasar", indica Susana Felpeto, analista de Atlas Capital. "Incluso hubo quien habló de ver los mínimos de 2002", recuerda Aguirre. Lo cierto es que, unos y otros, pero especialmente los grandes bancos internacionales, tenían en mente un enemigo común: la deflación.

"La amenaza de la deflación, que ahora es un susurro, podría llegar a resonar como un coro a finales de 2010", explican en Bank of America Merrill Lynch el 27 de febrero de 2009. De hecho, apuntaban los expertos, "esperamos que la economía esté operando un 8% por debajo del crecimiento potencial del PIB", lo que virtualmente nos asegura que afrontaremos un escenario muy deflacionista". Y en la misma línea se expresaba Bob Doll, gestor de BlackRock, cuando indicaba en un informe fechado el mismo nueve de marzo que "esperamos que la renta variable siga soportando fuertes vientos en contra hasta que los inversores se convenzan de que los políticos están comenzando a ganar la lucha contra la deflación".

La preocupación no resultaba gratuita, apunta Felpeto -todo el mundo tenía a Japón en el punto de mira- porque la recuperación se habría complicado bastante con un escenario deflacionista. De hecho, lo que se esperaba para que las bolsas comenzasen a carburar era una recuperación de la economía, el consumo y el empleo, cuando los expertos estaban descontando, por el contrario, una alta probabilidad de deflación. Sólo la potencia del sector financiero, a la que se sumaron los brotes verdes que unos quisieron ver y otros no -era la época de los debates del abecedario, recuperación en forma de "V", "U" o "W"- pudo sacar a las bolsas de la apatía.

¿Y ahora...qué?

De esta crisis se puede aprender, puntualiza, Felpeto, que los bancos centrales actuaron con rapidez inyectando la liquidez necesaria, aunque sus efectos tardaran en notarse. "Igual de extraordinaria que fue la crisis, igual de extraordinarias fueron las medidas", recuerda Aguirre al respecto. Y cuando los grandes bancos americanos comenzaron a presentar unos resultados que todo el mundo esperaba peores -con el beneplácito del mark to market- el mercado se vino arriba.

La cuestión es qué puede pasar tras una subida tan vertical. Jim Reid, analista de Deutsche Bank, ha calculado lo que ha pasado en los mercados desde 1928, tomando como referencia en el tiempo un año después de movimientos tan extremos como este, es decir, lo que la estadística dice que va a suceder justo a partir de mañana. Y sus resultados no son muy prometedores para 2010, ya que el promedio de caída a los tres meses es del 3,9%, del 4,3% a los seis meses y doce meses, y el 1,2% a los dos años.

La conclusión de Reid, con todas las cautelas del mundo, es que la historia no sugiere una tendencia alcista para la renta variable tras doce meses tan intensos como los que ha vivido el mercado.

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