¿Cómo ha reaccionado la bolsa a otras crisis sanitarias?
La gripe aviar de finales de 2003 coincidió con el fin de la racha alcista del S&P 500
La relación entre las crisis sanitaria y la caída sostenida del mercado de valores no es una verdad científica. Más allá de los efectos a corto plazo, inmediatamente descontados en determinadas empresas o sectores, siempre queda la cuestión de los efectos sobre variables macro como el PIB, el empleo, o los flujos comerciales. ¿Los descuenta la bolsa?
El último ejemplo es la crisis de la gripe porcina desatada en México, que ha metido el miedo en el cuerpo a los inversores. Una crisis de este calado puede tener efectos económicos incontestables: menores flujos de comercio, daño al mercado laboral, incertidumbre sobre la recuperación. Son factores que la bolsa debería descontar por anticipado, aunque en opinión de José Ignacio Gutiérrez Laso, director de MG Valores, el efecto bursátil es más de corto plazo, por ejemplo, sobre hoteles o aerolíneas. A su juicio, si la bolsa cae a más plazo, será más por otros factores como el aumento de la morosidad o la mala situación de la banca.
Sea o no correcta esta relación causa-efecto, lo cierto es que el último ejemplo de crisis sanitaria desatada a finales de 2003, la gripe aviar, coincidió con la finalización de la racha alcista del S&P 500. Detectada en Corea del Sur el 15 de diciembre de 2003, sus efectos cortaron la subida que llevaba el selectivo estadounidense durante todo el año, y metieron al índice en un periodo de cotización lateral que sólo superó a finales de 2005. Pero la subida del 26% que lucía a finales de 2004, quedó reducida a tan sólo un avance del 9% cuando acabó el mismo ejercicio, el más crítico de la gripe aviar.
La mayor caída que experimentó el selectivo estadounidense en el periodo inicial de la 'gripe del pollo' fue entre el 26 de enero y el 12 de agosto de 2004, cuando retrocedió casi un 8%. Justo cuando comenzó la corrección, ya había diez brotes en Asia Oriental y países del sudeste asiático. En ese momento, el secretario general de la FAO, Jacques Diouf advirtió de que "sólo existe un pequeño margen de oportunidad para contener la enfermedad".
A finales de enero, con el selectivo ya en franca caída, la enfermedad se había extendido a Japón, Corea del Sur, Taiwán, Camboya, Indonesia, Vietnam, Tailandia y Pakistán, y había provocado siete víctimas mortales, que ya eran 23 a principios de abril. El S&P 500 no hizo suelo hasta agosto, cuando la epidemia ya estaba también en Malasia. Unos meses antes, China informó de que había erradicado la enfermedad. En Febrero de 2005, habían muerto -o sido sacrificadas- 140 millones de aves y se calculó que el coste para los avicultores ascendió a 10.000 millones de dólares.
Desde comienzos de 2005, el S&P 500 salió del periodo lateral y recuperó claramente la senda alcista. Por tanto, el selectivo estadounidense estuvo un año prácticamente en el dique seco y sólo avanzó un 8% en 2004. La recuperación en 2005 coincidió con la movilización de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) o el Banco Mundial (BM), que diseñaron una estrategia para atajar la enfermedad.
Respecto a sus costes económicos, el propio BM indicó que el impacto sobre el PIB de los países del sudeste asiático fue del 1,5% de su PIB. Es más, el mismo organismo, a finales de noviembre de 2005, cifró en un 2% o más el retroceso de la economía mundial en caso de que se desatara una pandemia de gripe aviar. En concreto, el BM calculó que la extensión mundial del brote costaría no menos de 800.000 millones de dólares, unos factores que la bolsa ya había puesto en precio unos cuantos meses antes.
En el caso de las vacas locas, crisis que provocó la primera muerte en España en julio de 2005, la relación es inexistente. El Ibex 35 terminó ese año con una subida del 18%.
