21 de Septiembre, 05:08 am

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Un golpe doble para HSBC

Harry Wilson

John Flint llegó a lo más alto en HSBC Holdings Plc, su empresa de toda la vida en 2018, cuando asumió las riendas de una entidad que ya había sufrido turbulencias. En los siete años anteriores, se han eliminado 60.000 puestos de trabajo y se han vendido, cerrado o reducido operaciones en 21 países. Con todo, la raíz del problema persiste en los 67 países en los HSBC sigue operando: los costes son demasiado elevados y los ingresos no están creciendo lo suficientemente rápido. 

Los beneficios en el cuarto trimestre de 2018 se situaron un 23 por ciento por debajo de las previsiones de los analistas, lo que alimentó la preocupación de que el mayor banco de Europa por valor de mercado siga sin tener la receta para crecer. El banco londinense está expuesto a algunos de los mercados con mayor expansión del mundo: nació como Hong Kong and Shanghai Banking Corp. en 1865 y obtiene el 90 por ciento de sus beneficios de Asia. Sin embargo, su rendimiento sobre el capital está atascado en cifras de un solo dígito, mientras que su rival en Reino Unido Lloyds Banking Group ha ganado casi el 12 por ciento pese a estar muy enfocado en la menguante economía nacional británica.

«HSBC es un monstruo, es un reto enorme dar un golpe de timón a un barco así», afirma Edward Firth, analista en Keefe Bruyette& Woods. «Tiene secciones estupendas, como el negocio minorista en Hong Kong, pero al final, al pasar por el filtro del resto del banco, el retorno final sobre el capital es del 9 por ciento». No se avecinan grandes cambios. Incluso el alcance global del banco podría suponer una desventaja, ya que afronta una amenaza doble por el Brexit y la ralentización en China. 

La apertura de China al sistema comercial y financiero global supuso un impulso para los beneficios de HSBC durante décadas, pero últimamente el banco se ha visto afectado por las tensiones comerciales entre Washington y Beijing. El Brexit plantea una amenaza más inmediata. Con la posibilidad de una salida sin acuerdo de la Unión Europea en el horizonte, HSBC se encuentra en el filo de la navaja de un cisma que podría tener consecuencias desastrosas para su mercado interno.  Las cifras tan pobres del cuatro trimestre se debieron a una caída de los ingresos provocada por el caos en los mercados financieros. Pero incluso con la estabilización de estos, puede que el camino hacia el aumento de los ingresos no esté muy despejado. Por su parte, los tipos de interés, que están detrás de los beneficios de los créditos cuando suben, parecen haberse estancado.

Ingresos versus costes

Los analistas de UBS afirman que el banco podría tener que renunciar a uno de sus principales objetivos: aumentar los ingresos más rápido que los costes, y conformarse con que ambos crezcan aproximadamente al mismo ritmo. UBS estima que los costes del banco aumentarán un 2 o 3 por ciento al año. En unas declaraciones realizadas horas después de la publicación de las cuentas anuales el pasado 19 de febrero, Flint corroboró los desafíos que afronta la entidad. Aunque su misión consistía en lograr que el banco «volviera a crecer», afirmó que pospondrían inversiones para contener los gastos.

La gestión de los costes en una organización con 235.000 empleados no es una tarea fácil, particularmente teniendo en cuenta que el 55 por ciento del personal se encuentra en Asia, donde la inflación salarial es un problema para las empresas. Al igual que otras organizaciones consolidadas, HSBC también está lidiando con la revolución del sector. La tecnología está socavando actividades que antes eran incuestionables, como la operativa minorista de divisas o incluso la captación de depósitos, lo que significa que cualquier medida para posponer inversiones en sistemas informáticos conlleva riesgos. Las fusiones también podrían cambiar el panorama competitivo, particularmente si el rival británico más pequeño del banco, Standard Chartered, fuera absorbido por un competidor estadounidense o un grupo bancario asiático. Al igual que HSBC, Standard Chartered realiza gran parte de sus actividades en Asia. Un competidor que se reforzara podría representar una amenaza directa para la joya de la corona de HSBC: sus operaciones en Hong Kong.

A finales de 2017, cuando el veterano directivo del sector de los seguros Mark Tucker asumió la presidencia de HSBC, se albergaban grandes esperanzas de que mejorara el crecimiento. Ese había sido normalmente un papel asumido por gente de la casa, de modo que el fichaje del antiguo directivo de la aseguradora AIA Group Ltd. tuvo una buena acogida, como ruptura con el pasado. Pero la designación de Flint por parte de Tucker como CEO demostró que no había cambiado tanto la cultura corporativa. Flint ha aprendido todo lo que sabe en su carrera de tres décadas en HSBC hasta alcanzar la cima. Algunos inversores se están impacientando al comienzo de su segundo año como CEO. «Es demasiado pronto para juzgar la credibilidad de Flint, pero probablemente no le queden más de unos meses o un año», afirma Joseph Dickerson, analista en Jefferies. 

No parece que nos esperen grandes cambios, tras los recortes realizados por Stuart Gulliver, el predecesor de Flint como CEO. «El truco con HSBC es la paciencia. Trabajan en décadas; no en años», afirma Mike Fox, director de inversiones sostenibles de Royal London Asset Management, uno de los 15 mayores accionistas del banco. «La rentabilidad de los fondos propios tiene que aumentar, y esa es la misión del CEO y del presidente. Pero la forma de hacerlo consiste en grandes reestructuraciones, sino en realizar mejoras incrementales».

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