20 de Marzo, 06:45 am

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superan incluso al gasto de la FED en bonos

Recompra de acciones: ¿perjudicial para EE.UU?

John Auters

El año pasado, las empresas de EE.UU. anunciaron que invertirían más de un billón de dólares en la compra de sus propias acciones. Los beneficios internacionales repatriados con la reforma fiscal han fomentado este ejercicio histórico en ingeniería financiera. Con ello, el total que invirtieron las firmas estadounidenses en la compra de acciones propias en la década que sigue a la crisis financiera, se sitúa por encima de los cuatro billones de dólares.

Estas recompras han provocado una respuesta política. Los senadores Charles Schumer (senador por Nueva York del Partido Demócrata) y Bernie Sanders (senador por Vermont del Partido Independiente) están impulsando medidas para frenar la recompra de acciones, si no cumplen una serie de condiciones que reflejen un trato justo para sus empleados. Desde un artículo de opinión del New York Times se ha llegado a apuntar que esta «autocomplacencia corporativa» perjudica tanto a los trabajadores como al crecimiento económico a largo plazo.

Los senadores han dado con una clave que define perfectamente la pérdida de confianza de los estadounidenses en el capitalismo y que ha provocado un aumento de la
desigualdad. A pesar de que las recompras juegan un papel clave en este malestar, puede que Schumer y Sanders no estén abordando la causa última del problema (tildado en ocasiones de «estancamiento secular»), sino, simplemente, uno de sus síntomas más evidentes. Durante gran parte de la última década, las compras de acciones de las propias compañías han contabilizado como compras totales netas. El valor total de las recompras desde la crisis de 2008 supera incluso el gasto de la Reserva Federal para la adquisición de bonos durante ese mismo periodo, en el marco de las políticas de relajación cuantitativa. Ambas acciones impulsaron los precios de los valores.

Según los críticos, la recompra de acciones es una maniobra financiera a sangre fría que favorece a determinados accionistas en detrimento del resto de partes interesadas, empleados incluidos. Las compañías diluyen el volumen de acciones en circulación, aumentan los beneficios por acción y, así, incrementan el precio de las acciones; se trata de una apuesta excelente para aquellos directivos a los que se incita a elevar la cotización bursátil. Todo ello, sin invertir en la compañía. En esta crítica se ignora una cuestión: para la recompra de acciones, las empresas tienen que abonar efectivo a terceros que son, por lo general, inversores institucionales que pueden emplear estas sumas para invertir en otras empresas.

En un entorno en el que las compañías ya han ampliado sus márgenes de beneficios y han aumentado la eficiencia en la medida en que deben hacer frente a una economía poco entusiasta que dificulta el aumento de los ingresos, con frecuencia los directivos se ven incapaces de encontrar inversiones rentables en su propia compañía. En tales circunstancias, se devuelve el dinero a los inversores, que pueden encontrar mejores posibilidades de inversión. Desde este punto de vista, la recompra de acciones no obedece a una «autocomplacencia corporativa», sino al punto álgido de la responsabilidad corporativa. Los directivos conocen la realidad de sus empresas mejor que nadie; si consideran que no existen oportunidades de crecimiento, la decisión más responsable que pueden tomar con respecto de sus propios accionistas y de la empresa en su conjunto, es la recompra de acciones.

Incapaces de encontrar oportunidades

La recompra de acciones no es, per se, perjudicial, sino que esta doble problemática que ha dejado al descubierto el boom de la recompra de acciones consiste en que muchos directivos se ven incapaces de encontrar oportunidades de inversión productivas dentro de sus propias empresas, y que parece probable que los inversores que reciben los fondos de las recompras no encuentren oportunidades suficientes en ningún otro lugar. La pérdida de capacidad de producir crecimiento constante y sólido del sistema capitalista ha dominado el debate económico y ha desconcertado a los economistas desde el estallido de la crisis. Será necesario adoptar soluciones más amplias y decisiones más complejas para lidiar con esta situación.

Puede que el ataque de Sanders y Schumer a las recompras llegue demasiado tarde: el mercado ya ha mostrado su rechazo hacia esta estrategia. El despilfarro por valor de tres billones de dólares del año pasado no evitó que el mercado se desplomase. Standard & Poor's ha diseñado el índice S&P 500 Buyback Index para medir el rendimiento de las principales 100 acciones con los ratios más altos de recompra de acciones en el S&P 500. Durante los primeros años que siguieron a la crisis de 2008, el índice superaba con creces al mercado, pero no ha logrado hacerlo durante los últimos dos años. Dado el elevado precio de las acciones, resulta poco recomendable utilizar el dinero de los accionistas para comprar a precios inflados. El fenómeno de recompra podría ser víctima de una muerte natural.

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