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Mercados emergentes: China

Ye Xie / Ben Bartenstein

Según algunos pesos pesados del mundo de la inversión todo apunta que 2019 será un gran año para los mercados emergentes. Mark Mobius, cofundador de Mobius Capital Partners y pionero en la inversión en mercados emergentes, afirma que está comprando acciones en lugares como Brasil, India y Turquía ante la previsión de una «recuperación espectacular» en sus economías. Howard Marks, el multimillonario fundador de Oaktree Capital Group LLC, está prestando «mucha atención» a los activos de los países en desarrollo, particularmente en Asia. RobArnott, fundador de Research Affiliates y codirector de Pimco All Asset Fund, un fondo valorado en 17.000 millones de dólares, es tan optimista que ha incrementado la participación del fondo en valores de mercados emergentes hasta un 23 por ciento, cerca del nivel más alto desde sus inicios en 2002. Si están en lo cierto, supondría un cambio de paradigma. En 2018, el índice MSCI de las compañías de mercados emergentes cayó cerca de un 17 por ciento. Las acciones se vieron lastradas a la baja por la ralentización del crecimiento, las subidas de tipos de interés de la Reserva Federal y la guerra comercial entre EE.UU. y China. Dos países clave, Turquía y Argentina, han visto dispararse el déficit comercial y la inflación y viven inmersos en un caos político. El peso argentino ha perdido la mitad de su valor y el país ha recibido un rescate récord por valor de 56.000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional.

Pero este año, el índice de referencia MSCI ha subido un 6,6 por ciento hasta el 29 de enero. Los inversores parecen estar reaccionando en parte a un cambio en Washington. Se espera que la Fed aguante un poco antes de subir los tipos, lastrando las perspectivas del dólar. Un dólar más débil hace que resulten más atractivos los activos en otras divisas. También podrían estar notando que con el ratio precio-beneficio en 12, las acciones de mercados emergentes se presentan un 25 por ciento más baratas que en los países ricos. «Es el momento de comprar en mercados emergentes», afirmó Mobius en Bloomberg Televisión el 25 de enero. «Las valoraciones son muy atractivas».

Doble complicación

Ahora bien, el hecho de que los activos estén baratos no basta para mantener una subida. El mundo desarrollado sigue teniendo un problema con China, según los estrategas de Citigroup Inc. y UBS AG. Las complicaciones son dobles. En primer lugar, las fricciones comerciales de China con Estados Unidos y la creciente deuda corporativa de Beijing han lastrado el crecimiento de la segunda economía del mundo, que compra de todo, desde el hierro de Sudáfrica hasta los chips informáticos de Corea del Sur. En segundo lugar, el Gobierno chino ha evitado inundar la economía con grandes estímulos. Más bien está optando por una política de goteo, centrándose en el gasto en infraestructuras, recortes fiscales y facilitar el crédito a las pequeñas empresas. 

Este gasto tan focalizado, probablemente, se dejará notar poco en el resto del mundo, en comparación con el gasto en el mercado inmobiliario a lo loco de hace años que ayudó a fomentar la recuperación global, según Bhanu Baweja, subdirector de la compañía de estrategia macro de UBS. «La voluntad de China de ofrecer el mismo nivel de estímulo es mucho menor», afirma. 

Incluso con una ralentización significativa en China, el cambio estructural de la economía podría amenazar a los mercados en desarrollo durante años, según David Lubin, responsable de economía de mercados emergentes en Citigroup, Londres. Antes China dependía de la inversión en el sector manufacturero e inmobiliario para crecer. Pero el consumo supuso tres cuartas partes de su crecimiento el año pasado, el doble que en 2010. Los países en desarrollo como Brasil y Sudáfrica han dependido demasiado del apetito voraz por su hierro y su cobre. No producen ni los coches ni los cosméticos ni otros productos que demanda el consumidor chino. «La década de prosperidad para los mercados emergentes ha sido el boom más largo en las materias primas desde finales del siglo XVIII, y fue gracias a China», afirma Carmen Reinhart, economista en Harvard. Pero la cuota de las importaciones totales del gigante asiático que llega desde los países en desarrollo cayó un 33 por ciento en 2017, tras una subida histórica hasta el 36 por ciento en 2012, según muestran los datos recopilados por Bloomberg. Las importaciones de hierro y soja por parte de China cayeron el año pasado por primera vez en casi una década, mientras que la entrada de carbón cayó hasta la tasa más baja de los últimos siete años.

Pocas voces críticas

Las voces pesimistas sobre los mercados emergentes ahora son minoría, al menos entre los traders. Una encuesta de Bloomberg realizada en diciembre muestra que más del 80 por ciento de los inversores y estrategas esperan que los activos de los países en desarrollo arrojen resultados positivos este año. Brasil es el favorito para los tres tipos de activos, mientras que Indonesia ha sido otro de los mercados destacados. El mercado brasileño vivió algunas turbulencias a finales de enero tras el accidente de la presa del gigante Vale SA, que se cobró docenas de vidas y dejó cientos de desaparecidos. 

Los buenos resultados por parte de Lukewarm han sido más la norma que la excepción en los mercados emergentes en la última década. Desde comienzos de 2008, las acciones de los países presentan cerca de un 14 por ciento de subida, incluyendo la reinversión de dividendos. Una pequeña parte de las ganancias del 139 por ciento del S&P500. En comparación, la renta variable de los mercados emergentes arrojó un 349 por ciento de subidas en los siete años siguientes al comienzo de 2001, cuando China entró a formar parte de la Organización Mundial del Comercio, lo que supone 13 veces las subidas de las acciones de Estados unidos. «En la primera fase del desarrollo del gigante asiático moderno, fueron los mercados emergentes quienes se beneficiaron», más que los países ricos, afirma Stephen Jen, CEO de Eurizon SLJ Capital y antiguo economista en IMF. «En adelante, las cosas van a ser muy distintas. Esto significa una buena señal de alarma».

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