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Hola, estoy aquí para hablar del mercado

Suzanne Woolley y Annie Massa

Si las turbulencias que sufrieron las bolsas tienen algún lado positivo para el inversor de a pie, es este: ahora tiene una idea mucho más realista del riesgo que está dispuesto a asumir, y valora mucho más la diversificación de la cartera. 

El batacazo del S&P 500 el año pasado, el 19,8 por ciento desde el máximo de septiembre hasta el mínimo de diciembre, no ha sido suficiente para cumplir con la definición tradicional de mercado bajista (salvo que redondeáramos al alza). Desde entonces, las acciones han subido más de un 9 por ciento. Con todo, tras un mercado alcista tan prolongado, el miedo a quedarse fuera se ha convertido de pronto en preocupación ante el riesgo de que hayan llegado a su fin los años de vacas gordas. Hay inversores que se están tomando en serio los riesgos de sus carteras por primera vez desde hace tiempo. Los planificadores financieros lo ven en sus oficinas. «Cuando más clientes captamos es cuando los mercados se están aniquilando», afirma Lou Stanasolovich, presidente de Legend Financial Advisors. «Vivimos para ello». 

Es verdad que hay mucha gente que no analiza en profundidad su cartera hasta que un golpe fuerte les hace prestarle atención. Si bien es cierto que ahora mismo hay muchos que están nerviosos, aún son pocos los que están en modo de crisis, lo que hace que sea un buen momento para que nos planteemos si nuestras carteras siguen en sintonía con nuestra tolerancia al riesgo y nuestros objetivos financieros. «Tendríamos que dedicar más tiempo a planificar la volatilidad y las pérdidas potenciales que a tratar de predecir cuándo llegará el próximo batacazo», afirma Peter Lazaroff, responsable de inversión en la compañía de asesoramiento de inversión Plancorp.

Evidentemente, los asesores advierten del riesgo de vender por razones emocionales tras una caída. Muchos inversores incluso querrán comprar acciones, aunque solo sea para hacerse con la cuota de sus carteras destinada a cubrir los riesgos de su asignación inicial. «Cuando se producen movimientos bruscos en el mercado, es un momento estupendo para ajustar la cartera», afirma Greg Davis, responsable de inversiones en Vanguard Group. «Las valoraciones han vuelto a niveles razonables, en las acciones estadounidenses». Sam Boyd, planificador y vicepresidente senior de 31 años en Capital Asset Management Group, afirma que cuando la volatilidad es elevada, espera que coincida con el final de su periodo de cobro, de modo que pueda destinar su contribución del plan de pensiones 401(k) al mercado, cuando lleguen las caídas.

Revisión de carteras

La idea de revisar la cartera no consiste en intentar adivinar los tiempos del mercado, sino en aceptar que la volatilidad es normal y asegurarnos de no estar asumiendo más de lo que podamos abarcar. Los inversores pueden empezar por comparar todas sus cuentas para ver si se producen solapamientos y si necesitan hacer ajustes. Es probable que muchos descubran que sus carteras supuestamente diversificadas están sorprendentemente concentradas en acciones de compañías de alta capitalización del sector tecnológico. «Oigo todo el tiempo decir a gente que cuentan con un fondo del índice S&P 500, así que están diversificados en 500 empresas», afirma David Alison, de Alison Wealth Management. Pero lo que no tienen en cuenta, afirma, es el crecimiento en valor que han experimentado unas pocas compañías enormes del sector tecnológico y que ahora suponen una cuota enorme, no solo de índices como el S&P 500, sino también de fondos mutuos de gestión activa. 

Hace cerca de una década, cuando las bolsas marcaban mínimos el 9 de marzo de 2009, la compañía con mayor peso del S&P 500 era Exxon Mobil Corp, que suponía un 5,6 por ciento del índice. Tras el gigante del sector del petróleo, las siguientes compañías con cerca de un 2 por ciento del peso del mercado eran compañías tan diversas como AT&T, Chevron, Johnson & Johnson y Procter & Gamble. El 8 de enero, la compañía con mayor peso era Microsoft Corp., con una cuota de en torno al 3,7 por ciento del índice. Le siguen Amazon.com, Apple, Berkshire Hathaway (cuyo principal accionista ordinario es Apple), y Johnson & Johnson. El top 10 del S&P incluye también Alphabet Inc. y Facebook Inc. 

Las acciones disparadas del sector tecnológico predominan en muchos fondos con una presencia significativa en los planes de pensiones 401(k). En el fondo Fidelity Contrafund de 108.000 millones de dólares, por ejemplo, tres de los principales cinco valores en cartera eran de tecnológicas el pasado 30 de noviembre. Amazon suponía casi el 7 por ciento de los valores, Facebook el 5,4 por ciento y Microsoft el 4,2 por ciento. En total, los valores de compañías tecnológicas suponían más del 34 por ciento de la cartera del fondo, según datos de Morningstar Inc.

Además, la concentración de las carteras tiende a aumentar cuando los clientes invierten por su propia cuenta, afirma Alison, porque la gente suele invertir en compañías que conocen. «Mis empleados de Apple están comprando Facebook, Netflix, Qualcomm, Amazon», afirma. Mis clientes de Facebook no están comprando directamente Facebook, pero cuando los paquetes de acciones como empleados llegan a su vencimiento, suelen mantenerlas antes que diversificar.
Replantearse la exposición a las tecnológicas no significa huir de todas estas compañías. El 30 de noviembre, Vanguard, fondo que cotiza en el S&P 500, contaba con una exposición al sector tecnológico en su cartera de cerca del 22 por ciento. Esta cifra podría considerarse a bote pronto como nivel de referencia. Si nuestra cartera de acciones tiene un nivel muy inferior, estaremos apostando a que las acciones tecnológicas están sobreponderadas. (Esto podría tener cierto sentido intuitivamente, tras una subida tan prolongada, pero no debemos olvidar que este tipo de decisiones son extremadamente difíciles de tomar y acertar incluso por parte de los profesionales). Si contamos con un peso mucho mayor, puede que hayamos aprovechado sin querer todo el impulso del sector más caliente del mercado, y podría tener sentido ir reduciendo la exposición en línea con el índice.

Mercado de bonos

Los inversores deberían plantearse también si tienen dinero suficiente en bonos. Este consejo puede sonar algo extraño en estos momentos: una razón es que las bolsas están sufriendo porque la Reserva Federal de EE.UU. está subiendo los tipos y los precios de los bonos suelen caer cuando los tipos suben. Además, una cartera diversificada de bonos de alta calidad debería tener menos volatilidad que una de acciones y puede jugar un papel fundamental a la hora de preservar capital. 

Un factor que hay que tener en cuenta antes de nada a la hora de plantearnos el peso de los bonos en nuestra cartera es nuestra edad, afirma William Bernstein, directivo en Efficient Frontier Advisors. Una regla general conservadora es «tu edad en bonos»; es decir, si tienes 45 años, deberías tener el 45 por ciento de tu cartera en renta fija. Pero esto se puede ajustar al alza o a la baja en función de nuestra tolerancia del riesgo. Muchos fondos mutuos de pensiones con fecha límite, que asignan activos en función de la edad del inversor, son mucho más agresivos. Eso puede funcionar si nos planteamos las caídas en bolsa como oportunidades de compra. 

Esto nos hace plantearnos cuestiones psicológicas. Bernstein plantea el reto de mantener la sangre fría ante el ruido constante del mercado con una frase contundente: «Todo es un juego de intrigas, y tendremos éxito si somos capaces de sobrevivir al él». En teoría, los inversores más jóvenes podrían exponerse al 100 por ciento a acciones, porque tienen 40 o 50 años por delante con poder adquisitivo y capacidad para ir compensando los vaivenes del mercado. ¿Pero cuál es el problema? «No existen muchos seres con sensibilidad en este rincón del universo capaces de tolerar una cartera solo de acciones», afirma Bernstein. 

Hasta los más jóvenes querrían comprar algunos bonos como contrapeso, para ayudar a reducir las urgencias por vender cuando el mercado se hunde. Puede que sea aún más importante mantener el dinero en bonos seguros a corto plazo o fondos del mercado monetario, fuera de los planes de pensiones, para recurrir a ello en caso de emergencia, como perder el trabajo. Las recesiones, y las temporadas en paro, a veces llegan tras un mercado bajista, y no nos gustaría tener que vernos obligados a vender las acciones para llegar a fin de mes tras una caída de los precios. Los inversores con más experiencia y edad se enfrentan a un dilema peor. Han vivido los vaivenes del mercado y saben lo importante que es mantener el rumbo, pero a la vez ven más cerca la jubilación, un momento en el que tendrán que vivir de los ahorros y las inversiones, y dejarán de acumular. Además, tienen que afrontar estos vaivenes con más dinero en juego que cuando eran jóvenes, lo que puede incrementar el dolor que supone una pérdida porcentual que pueda sufrirse. 

Existen trucos para replantearnos nuestra forma de pensar sobre el dinero que pueden ayudarnos a gestionar mejor estos problemas. Hay planificadores que sugieren distribuir los ahorros en tres paquetes para objetivos con diferentes horizontes temporales. Un paquete para «ahora», para los gastos diarios y las posibles emergencias que podría ser de tres años de ingresos, en una cuenta bancaria o a la vista. Para una persona de 60 años, un paquete de «dentro de poco» podría cubrir los gastos algo más allá en el tiempo, como los 5 o 10 primeros años de gastos tras la jubilación. Este paquete se invertiría en activos conservadores, como bonos. «En general, en una cartera diversificada, si tienes 10 años, no vas a sufrir mucho», afirma Alison. Un paquete para «más adelante» centrado en objetivos a más de 10 años para el resto de nuestro patrimonio y que podría invertirse en acciones. Una vez abordadas estas cuestiones fundamentales, podemos volver a la carga y sacarle todo el partido a las subidas y bajadas del mercado.

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