20 de Marzo, 06:46 am

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La caída de las acciones persigue a Silicon Valley

Sarah Pronczek / Jeran Wittstein

Steve Hoffman coge el micrófono y transmite el optimismo de Silicon Valley. Vestido con su mítica camisa de cuadros de color morado y azul, su voz aguda resuena en las paredes de hormigón mientras ensalza la trayectoria de Founders Space, su incubadora de startups, y enuncia rápidamente los nombres de las empresas que ha ayudado a impulsar: Instagram, Etsy, Change.org o Foursquare.

Los «oohs» y «aahs» se propagan entre la multitud de veinteañeros, que alzan sus smartphone para capturar cada una de sus palabras en formato vídeo. Apenas caben en la sala de conferencias subterránea de Founders Space en San Francisco a la que han acudido para tener la posibilidad de conocer a inversores de capital riesgo dispuestos a apostar por sus sueños. El lugar estalla de alegría cuando Hoffman tira de humor: «Tú puedes ser el próximo unicornio».

Sin embargo, unos momentos antes, Hoffman, o el Capitán Hoff como le gusta que lo llamen, utilizaba un tono sin duda más pesimista al hablar con un reportero mientras esperaba la llegada de sus invitados. Cuando se trata de su propio dinero, se muestra más abatido. Tras una década en la que las tecnológicas han disfrutado de fuertes subidas, cabía esperar la bajada del 15 por ciento que en esta última época ha experimentado el Nasdaq. Teme que la venta en los mercados de valores públicos solo empeore, y en gran medida, y, a su vez, haga caer las tasaciones obstinadamente altas de las startup de titularidad privada.

«En realidad, estoy bastante preocupado», afirma Hoffman, que creó Founders Space en 2011. Comenta que ha sacado el 80 por ciento del dinero que tenía en los mercados públicos y el 60 por ciento del que tenía en los mercados privados. Ahora todo es efectivo. «No hay nada más seguro que el dinero», añade. El temor de Hoffman es excesivo para los estándares de Silicon Valley. Son muchos los que no comparten este sentimiento en absoluto. No obstante, cabe recalcar una nueva e inequívoca realidad: la angustia que impera sobre el camino que van a seguir las acciones tecnológicas no es solo cosa de traders nerviosos de Wall Street. Incluso en la Costa Oeste, en el corazón de una industria en la que la esperanza y el optimismo desmedidos van en el ADN, las dudas han comenzado a tener cabida.

Miedos sutiles

No es que la mayoría de la gente se esté preparando para otro fracaso como la burbuja puntocom o tipo lo vivido en 2008. Normalmente, la realidad suele ser mucho más sutil. Puede que una compañía de capital riesgo dedique unos días más a analizar las condiciones de un contrato. O puede que un joven programador decida esperar antes de comprar una casa de un millón de dólares. Austin Degenhardt, el fundador de 29 años de Paul Hardt, una empresa que está arrancando y que fabrica zapatos de lujo que vende por internet, describe la creciente sensación de angustia de la siguiente manera: «Es más bien algo que está muy dentro de mi cabeza. Siento la adrenalina».

Para aquellos emprendedores que están en una fase más avanzada, a menudo la urgencia consiste en obtener liquidez a través de una oferta pública. Este año hemos visto 46 OPI del sector tecnológico en las que se han captado 16.000 millones de dólares. Esta cifra ya supera el total de 13.000 millones de 2017. Para Degenhardt, lo más urgente es cerrar financiación por parte de inversores de capital riesgo mientras las valoraciones se mantengan en máximos históricos. Está tratando de captar 600.000 dólares. Y algunos nombres destacados (Uber, Slack y Airbnb, entre otros) también están tomando posiciones para lanzarse en breve al mercado. 

«No se percibe ningún tipo de ralentización en la preparación de salidas a bolsa, preparaciones y planificaciones para 2019», afirma Alex Wellins, cofundador de Blueshirt Group, una compañía de inversión en el sector tecnológico y asesoría para OPI que está ayudando a compañías como SVMK Inc., matriz de SurveyMonkey, a salir a bolsa. Prevé otro año fuerte en 2019, aunque reconoce que si se agudizan las ventas masivas en el mercado, estas previsiones podrían desvanecerse. «Está claro que se ha producido una corrección; hay mucha volatilidad», afirma. «Pero los mercados siguen relativamente fuertes, y conviene estar preparados». 

Las caídas no cesan

La mayoría de las acciones del sector tecnológico llevan varios meses en caída. Netflix ha caído un 36 por ciento desde su máximo histórico de julio. Amazon.com ha caído un 27 por ciento desde principios de septiembre. Tencent, el gigante tecnológico chino, ha caído un 42 por ciento desde su nivel récord de enero. Los semiconductores también han sufrido un duro golpe, con caídas del 22 por ciento desde principios de junio, y las tecnológicas de hardware han hecho lo propio: han caído un 20 por ciento desde el máximo de octubre. En términos generales, las compañías del sector tecnológico han perdido cerca de 1,5 billones de dólares de su valor en los dos últimos meses y medio.

Las causas son múltiples, desde los constantes problemas de privacidad de Facebook Inc. y Google, hasta la caída de la demanda de semiconductores y smartphones por la guerra comercial entre EE.UU. y China. Y todas estas causas apuntan a una verdad incontestable: los días de los beneficios constantes llegan a su fin. Así que, tras una increíble fase de una década de duración, durante la que el Nasdaq subió un 500 por ciento, muchos inversores de Wall Street han decidido que el sector está demasiado caro. «El optimismo del inversor se va refrenando», afirma Alex Chompff, inversor de startups y consultor que llevó a varios compañeros al evento de inversión de Founders Space. «Tiene un techo que podría no haber tenido hace un año». 

Curiosamente, este nuevo límite a la exuberancia está afectando al mercado inmobiliario de la Bahía de San Francisco más rápido que a las valoraciones de las compañías tecnológicas privadas. Se acabaron los tiempos de tirar la casa por la ventana, cuando cualquier compañía que salía a bolsa vendía todas las acciones al instante. Tracy McLaughlin, agente inmobiliario en el Condado de Marin, afirma que está viendo caídas de precios de hasta el 10 por ciento y que se está preparando para una caída del 20 por ciento de su negocio el año que viene. Lo mismo afirma Natalie Kitchen in San Francisco, quien, al igual que McLaughlin, solo vende viviendas por valor de más de un millón de dólares.

"No hay nada más seguro que el dinero", Hoffman 'dixit'

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