16 de Octubre, 03:05 am

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El juego sucio de la banca australiana

Emily Cadman

Tras superar la crisis de 2008 sin apenas un rasgu駉, para la mayor韆 de los observadores, los bancos australianos eran un dechado de virtudes. Nada m醩 lejos de la realidad; o, al menos, eso opina Jeff Morris, planificador financiero del Commonwealth Bank of Australia, la mayor entidad crediticia del pa韘. Desde dentro, fue testigo de una cultura t髕ica y obsesionada con las bonificaciones, en la que los empleados m醩 brillantes falseaban documentos e incitaban a los clientes a realizar, sin ser plenamente conscientes de ello, inversiones de alto riesgo que fracasaban con frecuencia. 玃resenci c髆o se cern韆n como carro馿ros sobre gente inocente, afirma.

Morris no se qued de brazos cruzados: formul sus acusaciones contra la Comisi髇 Australiana de Valores e Inversiones en 2008. Despu閟, convencido de que aquellos problemas sist閙icos estaban barri閚dose debajo de la alfombra, hizo p鷅licas sus inquietudes en el a駉 2013, provocando un enfurecimiento generalizado. Cinco a駉s despu閟, los anteriormente laureados financieros australianos deb韆n rendir cuentas. En marzo, el Gobierno inici una investigaci髇 de estas irregularidades financieras que desvel una cadena aparentemente interminable de esc醤dalos, entre los que se inclu韆n el cobro de servicios a personas ya fallecidas, enga駉s a los supervisores, aceptaciones de sobornos e incitaci髇 a clientes a realizar malas inversiones y que, incluso, llegaron a perder sus casas.
Durante la investigaci髇 se identificaron miles de infracciones, algunas de las cuales pueden conducir a la imposici髇 de sanciones penales. Los l韉eres de los bancos australianos, incluido Matt Comyn, presidente del Commonwealth Bank, se deshicieron en disculpas. No obstante, m醩 all de los esc醤dalos relativos a la manipulaci髇 de tipos, operaciones de 'front running' con divisas e incumplimientos de la legislaci髇 contra el blanqueo de capitales, los hallazgos de la investigaci髇 marcaron un punto de inflexi髇 para la tolerancia p鷅lica y pol韙ica.

Esta mala praxis de los banqueros constituy un elemento fundamental en las elecciones nacionales del a駉 siguiente; la situaci髇 solo pod韆 empeorar. Seg鷑 un estudio reciente del Instituto de Gobernanza de Australia, los australianos clasifican el sector financiero como el menos 閠ico de la econom韆. 獿as instituciones deben pensar en los efectos de un comportamiento satisfactorio desde el punto de vista financiero, apunta Fahmi Hosain, exdirector de cultura y gobierno de la Autoridad Australiana de Regulaci髇 Prudencial, supervisora del sector financiero.

Problemas actuales

Es probable que el excelente rendimiento australiano durante la crisis mundial sentase las bases para sus problemas actuales, sus bancos esquivaron los cr閐itos hipotecarios de alto riesgo y los rescates a los gobiernos, que deterioraron la solidez de la mayor韆 de sus hom髄ogos en el mundo desarrollado, evitando ser objeto de gran parte de la supervisi髇 interna y externa que podr韆 haber frenado estos comportamientos cuestionables. Como declar en mayo el extesorero australiano Peter Costello, actual presidente del fondo soberano nacional, en el grupo de investigaci髇 del Centro de Estudios Independientes: 獿os bancos comenzaron a creerse inquebrantables. Comenzaron a mirar m醩 por sus beneficios y sueldos y 玴erdieron de vista a los clientes.

No obstante, ninguno de los comportamientos investigados es exclusivo de Australia. Por ejemplo, el esc醤dalo de la manipulaci髇 de tipos salpica tambi閚 al modelo del Libor fijo de Reino Unido; la cultura de venta a toda costa descrita por Morris, por su parte, presenta paralelismos con el esc醤dalo de las cuentas falsas de Wells Fargo & Co. en 2016. Aunque dichos incidentes suscitaron breves brotes de ira popular, se han desvanecido casi por completo entre la opini髇 de los ciudadanos debido a las disputas relativas al 'Brexit' y a Trump.

Existen motivos para creer que los australianos ser醤 menos indulgentes, dada la ingente cantidad de malas praxis descritas por la denominada Comisi髇 Real de investigaci髇. Las cuatro entidades crediticias principales (Commonwealth Bank, Westpac Banking, National Australia Bank, y Australia & New Zealand Banking Group) han estado implicadas de uno u otro modo, al igual que AMP Ltd. uno de los mayores gestores de fondos. Esto significa que muchos australianos conocen a alguien que se haya visto afectado por los esc醤dalos.

Presi髇

La Comisi髇 Real, descrita por un antiguo regulador como 玴r醕ticamente un juicio sin defensa ha copado numerosos titulares en los 鷏timos seis meses. En las comparecencias han declarado una sucesi髇 de ejecutivos que luchaban por responder a cuestiones sobre los errores cometidos en sus compa耥as. Varios de ellos languidecieron con la presi髇. Los analistas de fondos esperan ya un marco normativo m醩 restrictivo: prev閚 una ca韉a del 7 por ciento del beneficio de los bancos australianos durante los pr髕imos 12 meses, frente a un 9 por ciento de beneficio de todas las compa耥as en el 韓dice burs醫il de referencia del pa韘, seg鷑 los datos de Bloomberg.

El sector financiero comienza a hacer limpieza. Commonwealth, National Australia, y ANZ, que acumulan un elevado n鷐ero de denuncias por malas praxis, est醤 desplegando sus unidades de gesti髇 de patrimonio: tanto el presidente como el director general de AMP han dimitido. El sector se ha comprometido a reducir la importancia de las ventas en la remuneraci髇 de los empleados y a implantar un sistema de revisiones m醩 estricto para eliminar problemas con el personal, seg鷑 la Australian Banking Association. 獵onsidero que la organizaci髇 es ahora mucho m醩 humilde, declar Comyn en el informe financiero anual presentado en agosto. 玆ecordaremos las consecuencias y lo que nos condujo a ellas y nos aseguraremos de que no se repitan esos mismos errores.
Morris, el denunciante, dej su trabajo en el Commonwealth Bank despu閟 de hacer p鷅licas sus declaraciones y actualmente se encuentra pr醕ticamente jubilado. Espera que el cambio ya est en marcha, pero considera que son necesarias reformas mucho m醩 profundas. 獷xisten evidencias de que la situaci髇 est empezando a volverse en contra de los bancos, afirma. 玁o obstante, el riesgo reside ahora en que tan solo hayamos soterrado este comportamiento durante un par de a駉s.

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