22 de Marzo, 05:33 am

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Gestoras de Fondos

El secreto del éxito de BlackRock

Annie Massa

Diez años después de la crisis y gracias a sus astutos movimientos, la gestora de fondos se ha convertido en todo un imperio

Durante la crisis financiera de EE.UU. en 2008 fueron muchos los que se quedaron por el camino: Bear Stearns, Lehman Brothers, compradores de vivienda, aseguradoras con apuestas temerarias y contribuyentes estadounidenses sobre los que recayó el rescate bancario de miles de millones de dólares. Pero, ¿qué fue de los grandes ganadores? Uno de ellos destaca por encima de los demás: BlackRock Inc., la mayor gestora de fondos del mundo, que posiblemente no hubiera experimentado un crecimiento tan rápido sin los cambios sin precedentes provocados por la recesión. Actualmente, la compañía domina sobre sus competidores; gestiona activos por valor de 6,3 billones de dólares, lo que representa un volumen superior al de la economía alemana.

La historia de la consolidación de la posición actual de BlackRock es un fiel reflejo de la historia del sector financiero durante los últimos 10 años. 

BlackRock se benefició de determinadas coyunturas, como el auge de los fondos cotizados (los denominados ETF), los fondos de índices y la inversión con comisiones low cost; la menor tolerancia al riesgo por parte de los consumidores, el mayor nerviosismo de las instituciones y los planes del Gobierno para comprender este colapso y evitar otras crisis en el futuro.

BlackRock rechazó la solicitud para entrevistar a Larry Fink, el consejero delegado, o cualquier otro directivo de la compañía acerca de su historia. Respecto a la influencia de la crisis en sus 10 años de crecimiento, Brian Beades, portavoz de la firma, señala: «Siempre hemos intentado conocer de antemano las necesidades de cambio de nuestros clientes y nuestra compañía ha evolucionado para satisfacerlas».
La historia de esa evolución tras la crisis comienza con Barclays Plc, que buscaba reforzar sus reservas de capital tras haber rechazado el rescate del Gobierno británico. El banco puso a la venta una de sus joyas: la unidad iShares ETF, parte de la emergente filial de gestión de fondos Barclays Global Investors (BGI), con sede en San Francisco. 

BlackRock sabía muy bien lo que implica transformarse a sí mismo mediante acuerdos, incluyendo las adquisiciones previas de Merrill Lynch Investment Managers y State Street Research & Management Co. Cuando iShares salió a la venta, BlackRock aprovechó la oportunidad a lo grande: realizó una sorprendente oferta de 13.500 millones de dólares en efectivo y en acciones, no solo por la unidad iShares ETF, sino por BGI en su totalidad. «Se encontraban en una posición que les permitía atacar, mientras los demás estaban desesperados», dice Kyle Sanders, analista en Edward Jones & Co.
Esta operación del año 2009 duplicó con creces los activos de BlackRock y ha demostrado ser altamente rentable desde entonces; a finales del mes de junio, iShares contaba con 1,8 billones de dólares en activos, por lo que se erigía como la mayor gestora de ETF del mundo. 

Esto concedía a BlackRock una ventaja indiscutible respecto de sus competidores más cercanos, Vanguard Group y State Street Corp., que contaban con cerca de 936.000 millones de dólares y 639.000 millones de dólares en activos ETF, respectivamente. A finales de 2017, iShares representaba el 28 por ciento de los activos gestionados por BlackRock, según el informe anual de la sociedad. Aún posee un amplio potencial de crecimiento: fuera del mercado de Estados Unidos, estos instrumentos se encuentran aún en fase inicial y BlackRock prevé que el mercado global se duplicará con creces para finales de 2023, experimentando un crecimiento que se situará en los 12 billones de dólares; todo ello motivado por la continua presión bajista sobre los honorarios destinados a asesoramiento financiero y por la creciente predisposición de los inversores para utilizar ETFs de bonos para facilitar la exposición a los mercados de renta fija. 

Aladdin

Al mismo tiempo, en un entorno en el que el sistema financiero trataba de recuperar la normalidad, BlackRock encontró nuevas oportunidades para la venta de su software de riesgo financiero, conocido como Aladdin. Rob Goldstein, director de operaciones de BlackRock, lo bautizó como «máquina de rayos X» de carteras financieras, puesto que Aladdin puede predecir las consecuencias que los peores escenarios podrían ocasionar en una cartera determinada, incluyendo un estudio de cómo afectaría una recesión como la de 2008 a los activos de los clientes en la actualidad. Entre sus usuarios se incluyen fondos de pensiones, aseguradoras y gestoras de activos que pagan la licencia de Aladdin atendiendo a las funciones que utilizan.

En 2010, el software ya constituía un sector de crecimiento crucial para BlackRock. «Estamos aumentando las conversaciones con las instituciones a medida que reconsideran sus necesidades en este nuevo entorno regulador», declaró Fink durante la conferencia sobre ganancias de dicho año. Tras la recesión, Aladdin se utilizaba en operaciones financieras por valor de 7 billones de dólares; actualmente, se aplica en operaciones por valor superior a 18 billones. El 30 por ciento de los ingresos de Aladdin proviene de fuera de EE. UU. La unidad de tecnología de BlackRock, cuyo eje principal es Aladdin, ha experimentado un crecimiento anual cercano al 12 por ciento en los últimos cinco años, motivado en gran medida por los efectos de la red. Son pocos los competidores que pueden alcanzar estas cifras. A pesar de que representa únicamente el 5 por ciento de los ingresos de la compañía, el año pasado Fink declaró a Bloomberg Markets que desearía que represente el 30 por ciento para el año 2022.

No obstante, es probable que el desarrollo más significativo de la actividad de BlackRock sea el que menos destaque en su balance: la crisis le confirió una nueva reputación y una autoridad. Fink conocía mejor que la mayoría los complicados productos financieros que desencadenaron la crisis, puesto que anteriormente había dedicado su carrera profesional a la estructuración y comercialización de títulos hipotecarios, que son, en definitiva, el mismo tipo de producto que los que condujeron al colapso. La Reserva Federal eligió a BlackRock para la gestión de la cartera de activos tóxicos de Bear Stearns, no solo por el prestigio de Fink, sino porque carecía del conflicto de intereses que podrían presentar las instituciones bancarias al aceptar el trabajo. Timothy Geithner, que presidió el Banco de la Reserva Federal de Nueva York antes de convertirse en secretario del Tesoro de Estados Unidos en 2009, mantuvo un vínculo estrecho con Fink. De hecho, según un análisis de su agenda pública realizado por el Financial Times, durante un periodo de 18 meses, entre 2011 y 2012 mantuvo un mayor contacto con Fink que con otros directivos.

Gracias a su influencia, Fink ayudó a convencer al Consejo de Estabilidad Financiera, un organismo regulador a nivel mundial entre cuyos miembros se incluye la Fed, de que las gestoras de activos como BlackRock no deberían considerarse entidades «demasiado grandes para hundirse». Esto implica mayores requisitos de capital y pruebas de resistencia periódicas. La argumentación se basaba en que, puesto que gestionan los activos de terceros, no realizan inversiones de alto riesgo, lo que constituye el principal motivo por el que los bancos necesitan rescates.

Una influencia evidente 

La influencia de BlackRock en Wall Street es evidente. A comienzos de año, Fink se convirtió en el protagonista de numerosos titulares en todo el mundo al escribir una carta dirigida a los directores generales en la que les advertía de que debían explicar de qué manera sus empresas contribuyen a la sociedad. Mantiene reuniones frecuentes con líderes mundiales; por ejemplo, en julio asistió a una cena con la primera ministra de Reino Unido, Theresa May, organizada por Donald Trump.

Es fácil pasar por alto el éxito de BlackRock en el periodo posterior a la crisis, especialmente porque compite con gigantes reconstruidos por el Gobierno, como JPMorgan Chase & Co. Además, a lo largo de la última década, las empresas de capital de inversión han aumentado considerablemente el alcance de sus inversiones, principalmente Blackstone Group LP, la compañía de la que procede BlackRock. Igualmente, compañías tecnológicas como Google y Amazon.com han iniciado un cierto coqueteo con la gestión de activos. Pero a pesar de la fuerte competencia, el crecimiento de BlackRock es uno de los ejemplos más claros de cómo una compañía financiera puede convertirse a sí misma en todo un imperio, a pesar de las turbulencias que atraviese el sistema.

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