20 de Marzo, 22:53 pm

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Posibles desenlaces a la guerra comercial entre Estados Unidos y China

Peter Coy / Andrew Mayeda / Sofia Horta e Costa

La revista Bloomberg Businessweek analiza todos los escenarios posibles

Iniciar una guerra con un aliado comercial parece una mala idea, pero no es necesariamente irracional. Sondear los puntos débiles de un socio puede ser una forma eficaz de conseguir un acuerdo comercial mejor, con arreglo a la teoría del juego, la rama de las matemáticas que se ocupa de la estrategia. En ocasiones, tiene sentido que los países «pongan a prueba la determinación de los demás», afirma Ethan Harris, responsable de economía internacional de Bank of America Merrill Lynch. «El movimiento de establecer aranceles te facilita información sobre el otro lado», sobre todo acerca de su predisposición a contraatacar, explica Harris. Esta estrategia funcionó para Estados Unidos cuando amenazaron a Corea del Sur con aranceles sobre el acero y el aluminio; los coreanos se apresuraron a realizar concesiones con tal de librarse de los aranceles.

El problema con el toma y daca no es la irracionalidad, sino el error de cálculo. Si ambos países continúan su escalada con la falsa esperanza de que el otro acabe rindiéndose, el resultado serán unos aranceles altos y una reducción del comercio transfronterizo que perjudicará a ambas partes. Ese es el riesgo que corren en este momento tanto Estados Unidos como China.

Toma: el 15 de junio, el presidente Trump dijo que Estados Unidos comenzaría pronto a imponer aranceles sobre importaciones chinas por valor de 50.000 millones de dólares en respuesta a lo que él considera décadas de robo de propiedad intelectual estadounidense. Trump también ha anunciado que quiere reducir el déficit comercial de 376.000 millones de dólares en bienes que tiene Estados Unidos con China.

Daca: el Ministerio de Comercio de China respondió de forma inmediata con una declaración en la que afirmaban que harían frente a la medida de Trump con una «firmeza e intensidad equivalentes». Pekín tiene en el punto de mira la soja, el maíz, el trigo, el arroz, el sorgo, la ternera, el cerdo, las aves de corral, la pesca, los productos lácteos, los frutos secos, las hortalizas y los automóviles, entre otros productos.

Toma: contrariado con la reacción de China, Trump pidió el 18 de junio a su equipo que elaborase una lista de bienes chinos adicionales, por valor de 200.000 millones de dólares, que pudiesen someterse a aranceles punitivos.

Daca: China afirmó que «si Estados Unidos pierde la cabeza y publica esa lista, China tendrá que adoptar medidas cuantitativas y cualitativas exhaustivas».

Cuatro escenarios

Expertos a los que ha consultado la agencia de noticias Bloomberg News plantean cuatro escenarios posibles para el final del conflicto comercial entre Estados Unidos y China: ambas partes se echan atrás, algo que ahora parece improbable a corto plazo; China rebaja el tono; Estados Unidos rebaja el tono; o ambas partes continúan con la escalada.

El escenario en el que «China rebaja el tono» pasa por que el presidente Xi Jinping no quiera sufrir una desaceleración de la economía china, que ya mostró síntomas de debilidad en mayo. El escenario en el que «Estados Unidos rebaja el tono» pasa por que China destape el farol de Trump, sabiendo cuánto le gustan a Trump una economía fuerte, un mercado de valores al alza y el apoyo de los votantes de estados agrícolas a los que China podría atacar.

El cuarto escenario, en el que ninguna de las partes se retracta, sería el más perjudicial. «Todavía no hemos llegado a ese punto, pero asusta, porque parece que nos dirigimos hacia un conflicto de primer orden y resulta difícil vislumbrar la salida» explica Michael Smart, director general de Rock Creek Global Advisors LLC de Washington y exdirector de comercio internacional del Consejo Nacional de Seguridad.

La Organización Mundial del Comercio se creó precisamente para evitar este tipo de faroles y políticas de riesgo. «Los acuerdos comerciales constituyen una forma de evitar el dilema del prisionero, que plantea un atolladero en el que cada uno de los países, siguiendo la racionalidad, se empeña en algo que resulta perjudicial para ese país, pero del que no pueden salir sin un acuerdo colectivo» explica Robert Staiger, economista de Dartmouth College.

Trump está convencido de que puede obtener un resultado mejor. Hasta el momento, las acciones estadounidenses han aguantado bastante bien el tirón, reforzando así su postura. No obstante, esa situación podría no durar. «Me ha sorprendido la complacencia de los mercados a medida que Trump se dirige a una guerra comercial» escribía Paul Krugman, premio Nobel de economía, en Twitter el pasado 19 de junio. Las acciones de China se han ido hundiendo: el Shanghai Composite Index cayó casi cuatro puntos porcentuales, lo que marca su mínimo de los dos últimos años, el 19 de junio. Al día siguiente, volvió a subir ligeramente después de que el gobernador del Banco Popular de China realizase unas declaraciones tranquilizadoras. «Las cosas podrían empeorar mucho si la guerra comercial sigue adelante y China contraataca de una forma no convencional» afirma Hao Hong, jefe de estrategia de Bocom International Holdings Co. de Hong Kong.

De momento, nadie da su brazo a torcer. Harris, de Merrill Lynch, lo explica así: «China cree que aún tiene margen para mantenerse a la espera. Trump cree que aún puede golpear más fuerte. No se están castigando mutuamente por diversión. Ambos creen que tienen una ventaja y están tardando mucho en darse cuenta de que tal vez no la tengan»

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