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inversi髇

Venciendo a Goliat

Janet Lorin

Desde su despacho en su casa de Charlotte, Carolina del Norte, uno de los inversores m醩 exitosos del 醡bito universitario se gana la vida completamente a oscuras. Bill Abt no utiliza los servicios de ning鷑 t韕ico grupo de traders de bonos. No se prodiga en los fondos de capital riesgo y fondos de cobertura m醩 sofisticados de Silicon Valley, ni en los concursos de los 鷏timos inventos por ordenador de las ligas universitarias de F韘ica o Matem醫icas.

Sin embargo, Abt obtiene rendimientos en nombre de la Universidad de Carthage, en Kenosha, Wisconsin, que superan los fondos de 37.000 millones de d髄ares de Harvard y muchos otros. En los diez 鷏timos ejercicios, hasta el 30 de junio de 2017, este antiguo directivo de una compa耥a de cerveza obtuvo un rendimiento medio de un 6,2 por ciento anual, seg鷑 la universidad. Este resultado supera al 90 por ciento de sus hom髄ogos, seg鷑 los datos de la Asociaci髇 Nacional de Gestores de Universidades. La dotaci髇 de Harvard, la mayor del pa韘, obtuvo apenas un 4,4 por ciento anual en el mismo periodo, en parte por las fuertes p閞didas en inversiones en madera y terrenos de cultivo.

En Carthage, la forma de pensar de Abt era m醩 de andar por casa: principalmente fondos indexados que replican el mercado de Vanguard Group Inc., los mismos fondos al que recurren legiones de inversores particulares por cuenta propia. 縋or qu no es m醩 habitual que conf韊n en los 韓dices las personas responsables de gestionar las dotaciones de las universidades de todo el pa韘, valoradas en medio bill髇 de d髄ares? 玃uede que sea demasiado simple, afirma Abt.

Los fondos de Vanguard aplican comisiones a inversores institucionales de apenas el 0,035 por ciento anual de sus activos, en comparaci髇 con el 2 por ciento, m醩 una cuota de los beneficios, con apalancamiento por parte de algunos fondos de capital privado y de cobertura. Los servicios de Abt tampoco salen caros, al menos en comparaci髇 con la media de Wall Street. Su 鷑ico puesto actualmente es el de responsable de inversi髇, pero cuando sus obligaciones administrativas en Carthage inclu韆n tambi閚 desde la gesti髇 de personal hasta la tecnolog韆 o los deportes, sus emolumentos eran de 250.000 d髄ares al a駉. (Desde 2010 hasta 2014, Harvard pag a 11 gestores de inversi髇 de primera l韓ea un total de 242 millones de d髄ares). Subestimar a Carthage ser韆 un flaco favor para un mont髇 de gente de a pie: esta universidad se las arregla con una dotaci髇 de cerca de 120 millones de d髄ares, menos que lo que recibi Harvard en una 鷑ica donaci髇 en 2014 del ingente fondo de cobertura y antiguo alumno Kenneth Griffin.

Cabe mencionar que la estrategia de Abt se ha beneficiado de un mercado que ha sido alcista durante mucho tiempo. A trav閟 de los fondos de Vanguard, la dotaci髇 de Carthage a d韆 de hoy se encuentra en un 90 por ciento en acciones cotizadas. La dotaci髇 media, que cuenta con mitad del capital en inversiones alternativas como fondos de cobertura, capital privado y capital riesgo, est m醩 diversificada. Pero ese tipo de diversificaci髇 no siempre ha ayudado a sortear los golpes de los desplomes burs醫iles. Tanto Harvard como Yale perdieron cerca del 25 por ciento en el ejercicio 2009, mientras que Carthage perdi un 21 por ciento. Abt afirma que su dotaci髇, que fundamentalmente est invirtiendo a perpetuidad, puede esperar a que se corrijan los bandazos del mercado. Solamente supone entre el 3 y el 5 por ciento del presupuesto anual de Carthage, en comparaci髇 con m醩 de la tercera parte que supone la de Harvard, donde la dotaci髇 sirve para sufragar a profesores estrella, ingentes operaciones de investigaci髇 y algunas de las ayudas financieras m醩 generosas del pa韘.

En Harvard, los antiguos alumnos de la promoci髇 del 69, hartos de los malos resultados, escribieron una carta en febrero al presidente entrante sugiriendo que la universidad comprara fondos indexados. Su nuevo director de dotaciones no parece haber tomado mucha nota. 玁arvekar est volviendo a una estrategia t韕ica de Yale de buscar a los gestores estrella. Harvard ha declinado realizar declaraciones al respecto.

Charles Ellis, antiguo miembro del consejo de administraci髇 de Vanguard, y en su d韆 presidente del comit de inversi髇 de Yale, afirma que los gestores m醩 activos tuvieron ventajas en su d韆, pero ahora ya no. Hoy en d韆, todo el mundo sabe todo a la vez, afirma. Abt lleg a la misma conclusi髇 antes que la mayor韆. Tras acabar sus estudios en la escuela de negocios de la Universidad de Temple, trabaj durante 25 a駉s en una f醔rica de cerveza, ocupando diferentes puestos en Joseph Schlitz Brewing Co. y la compa耥a sucesora, Stroh Brewery Co. Se march en 1990, cuando se vendi la f醔rica que dirig韆.

Un compa馿ro del sector de la cerveza le dijo que podr韆 prestar sus servicios en una universidad local. Carthage se fund originalmente en Illinois por la comunidad luterana y cont entre sus administradores con Abraham Lincoln. Como muchas otras universidades peque馻s del medio oeste del pa韘, sufr韆 las consecuencias de la ca韉a de la poblaci髇 en edad universitaria en aquella regi髇. La universidad solamente contaba con 1.200 alumnos matriculados cuando contrat a Abt como director de negocios en 2000. Una de sus primeras tareas fue crear una estrategia para su dotaci髇, de 30 millones de d髄ares por aquel entonces. 獳quello era una oda a los fondos de cobertura, afirma Ed Smeds, presidente por aquel entonces del consejo de Carthage. Este antiguo directivo de Kraft Foods afirma que para el consejo aquellas inversiones resultaban algo desconcertantes. 玈e ve韆 la perplejidad en la mirada de los consejeros, afirma. Abt y Smeds sugirieron optar por 韓dices. Desde entonces, la dotaci髇 de Carthage ha multiplicado su volumen por cuatro. No solo gracias a los buenos resultados. La universidad ha aumentado su n鷐ero de estudiantes hasta los 3.000, lo que ha ayudado a mejorar su situaci髇 financiera.

Abt se jubilar en junio y puede que no tenga sustituto. El comit de inversi髇, formado por voluntarios, asumir韆 las funciones del actual responsable. Se producir韆 una situaci髇 que pondr韆 los pelos de punta en Wall Street: gente gestionando dinero sin 醤imo de lucro.

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