24 de Septiembre, 20:19 pm

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invertir vuelve a dar miedo

Bienvenidos a los mercados, novatos

Suzanne Wooley / jeremy Herron / Dani Burger

¿Han sido los ordenadores o los humanos? Estamos en plena vorágine de buscar culpables de la desbandada en las bolsas el pasado lunes 5 de febrero, tras el desplome del Dow Jones de 1.175 puntos, al que siguió una recuperación parcial en la siguiente sesión. Entre los posibles sospechosos están la negociación con algoritmos a altísima velocidad y un puñado de productos complejos de Wall Street que apuestan por la volatilidad, o el volumen récord de entrada de capital de particulares en fondos de acciones. Puede que su llegada a última hora (tras años de mercado alcista) también haya provocado subidas excesivas en los precios de las acciones.

Ya se vieron ventas el viernes anterior, cuando la publicación de un informe sobre el empleo muy sólido suscitó dudas de que la coyuntura económica pudiera llevar a la Reserva Federal a aumentar el ritmo de la subida de tipos. Cabía pensar que el aumento de los costes de crédito se dejara notar en los márgenes de beneficios de las empresas y redujera la capacidad adquisitiva de los consumidores. Pero el lunes ya se había descartado esa explicación comodín. Nada de grandes publicaciones de datos económicos, ni buenos ni malos. Ni informes abrumadores sobre beneficios ni preocupaciones geopolíticas. Aparentemente, nada más allá de un simple calentón de los de toda la vida en el mercado, alimentado por la ansiedad entre los inversores, acostumbrados a que las acciones se muevan en una sola dirección, y los traders que habían apostado a que continuaría el prolongado tramo de escasa volatilidad. Los traders cuantitativos con algoritmos secretos también son un chivo expiatorio fácil cuando se producen movimientos bruscos en el mercado. Probablemente resulten más peligrosos con aquellos productos que permiten a los traders operar en corto contra la volatilidad; es decir, apostar a que el mercado permanecerá en calma. Al agitarse las bolsas, dos de estos valores, con los tickers XIV y SVXY, cayeron cerca de un 95 por ciento. Los complejos mecanismos que explican las caídas abruptas de estos valores podrían haber disparado aún más la volatilidad, con un posible bucle de retroalimentación de las ventas.

Las bolsas suben...y bajan

Lo cierto es que tras un periodo excepcionalmente largo de escasa volatilidad y elevados retornos, los inversores grandes y pequeños se confiaron. Los particulares se habían acostumbrado a unos balances siempre en ascenso. «Probablemente haya sido todo un shock» para ellos, ha declarado Quincy Krosby, estratega jefe de mercado en Prudential Financial Inc. a Bloomberg News. «La lección ha sido que los mercados no solo suben; también bajan». 

¿De verdad se ha asustado el inversor de a pie? Puede que los ordenadores de Wall Street estén programados para vender en nanosegundos, pero la gente de verdad ha automatizado sus inversiones de forma que les cuesta más vender. De la mano de las subidas en las bolsas han florecido los robo-advisors o asesores digitales, la inversión digital y los servicios de planificación, que cuentan con 220.000 millones de dólares en activos en EE.UU. Peccata minuta, ya que incluso cuentan con más dinero de particulares los 401.000 planes y fondos de inversión, pero el éxito de la actividad podría suponer un cambio de comportamiento significativo entre los inversores. 

Automatización de la inversión

Los robo-advisors tienden a crear carteras que requieren más bien poca atención o mantenimiento por parte de los clientes. Los usuarios tienen que contestar preguntas sobre su tolerancia al riesgo y sus objetivos a largo plazo, y una fórmula informática configura su cartera, generalmente con ETF, en función de su perfil. Las carteras se equilibran de forma automática.

Los robo-advisors quedaron en evidencia el pasado 5 de febrero. Las web de Betterment LLC y Wealthfront Inc., dos de los principales robo-advisors, sufrieron fallos técnicos cuando los clientes intentaron acceder a sus cuentas. (Compañías mucho mayores como Charles Schwab, Vanguard Group y Fidelity Investments, que ofrecen una amplia gama de servicios también sufrieron problemas con sus sitios web). Pero incluso después de acceder a sus cuentas, a los clientes les costó encontrar la salida. Eso tiene que ver con el diseño.

Robo-asesorar en tiempos de pánico 

Wealthfront, por ejemplo, no está preparada para operaciones rápidas. Los ingresos y las retiradas de fondos y los cambios en los perfiles de riesgo tardan como mínimo un día laborable. Los usuarios alarmados por las caídas de los precios pueden pasarse a una cartera más conservadora, pero tienen que cambiar su perfil, lo que significa volver a contestar a las preguntas sobre riesgos, algo que solo pueden hacer una vez al mes. Se suceden las advertencias sobre los riesgos de los plazos en el mercado, y la página web muestra un cálculo de las ganancias compuestas que podrías haber acumulado a lo largo de los años de haber asumido menos riesgos. Si el batacazo del lunes se queda en un accidente, muchos clientes de robo-advisors podrían alegrarse de haberse topado con esas trabas para no precipitarse. «Nuestros clientes eligen Wealthfront porque comparten la filosofía de que las ligas se ganan partido a partido y que a la hora de invertir, conviene dejar de lado las emociones», afirma el CEO Andy Rachleff en un email. Asimismo, añade que las retiradas de fondos por parte de los clientes no guardan relación con el mercado, aun cuando las acciones caen de forma brusca.

Con todo, los robo-advisors han florecido en un mercado propicio. ¿Confiarían tanto los inversores en un ordenador en un mercado bajista? Mike Sha, CEO de SigFig Wealth Management LLC, un robo-advisor que también ofrece acceso a asesores humanos, afirma que su modelo de negocio no cambiará, pero los mensajes y las conversaciones con clientes podrían centrarse más en el riesgo. Incluso en este caso, los robo-advisors tendrán una ventaja: no tendrán que explicar a los clientes por qué pensaron que una apuesta exótica sobre la escasa volatilidad del mercado resultó ser una idea tan buena.

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