21 de Mayo, 03:29 am

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tratará de desinvertir

Las cosas se van aclarando poco a poco en General Electric

Brooke Sutherland / Bloomberg Gadfly

El pasado 16 de enero, General Electric Co. anunció un gasto de 6.200 millones de dólares por la falta de liquidez en una actividad heredada de seguros de cuidados a largo plazo. Como consecuencia de ello, el director ejecutivo John Flannery ha tenido que volver a responder preguntas sobre la estructura final del conglomerado industrial, llegando a apuntar con sus propias palabras que GE se plantearía dividir el conglomerado para que sus principales áreas (salud, aviación y energía) se convirtieran en entidades independientes. 

Ya era hora. Hoy en día está muy claro que el equipo directivo anterior liderado por Jeff Immelt no supo lidiar con las particularidades de las diferentes piezas que componen esta amplia amalgama de empresas. Este gasto en seguros solo es el último de una lista de sorpresas negativas y un duro golpe para los inversores. Se esperaba que los peores momentos de GE fueran cosa del pasado, tras la drástica rebaja de sus perspectivas de beneficios de 2017 y la reducción de su dividendo en noviembre. Es normal preguntarse cuántas malas noticias tendrá reservadas aún GE para sus accionistas; desde otro tipo de deudas en GE Capital hasta nuevos saneamientos de sus activos industriales. 

Por lo que respecta a los problemas que sí conocemos por ahora, GE Capital va a pagar cerca de 15.000 millones en los próximos siete años para reforzar las reservas en sus actividades de seguros heredadas como vestigios de las operaciones que cedió desde 2004 hasta 2006. El gasto de 6.200 millones de dólares que está asumiendo en el cuarto trimestre aumentará hasta los 7.200 millones tras la aprobación de la nueva ley fiscal en Estados Unidos. GE es una de las pocas compañías del sector industrial para las que la legislación del presidente Trump podría suponer más una penalización que un beneficio, ya que históricamente ha sido capaz de mantener un tipo impositivo bajo gracias a su sector financiero y la naturaleza global de su actividad. 

GE ni quiere ni puede pedir dinero prestado de su actividad industrial para afrontar la falta de liquidez en operaciones de seguros heredadas, porque podría costarles generar la liquidez suficiente para mantener su dividendo. 

Así que, para compensar los costes y reducir el apalancamiento en GE Capital, la compañía tratará de desinvertir. GE prevé reducir su actividad de servicios financieros del sector energético a la mitad en 2019, hasta menos de 5.000 millones de activos, y reducir así sus operaciones financieras industriales en más de un 40 por ciento, hasta los cerca de 15.000 millones de dólares en el mismo periodo. 

Es probable que esto reduzca la valoración independiente de GE Capital. Ya resulta difícil sostener que las piezas de GE obtendrían un precio más alto como unidades independientes que el de la corporación en su totalidad a día de hoy. Pero no todo se limita a un simple análisis de la suma de las partes. Una escisión pondría las actividades individuales en manos de equipos de dirección más centrados. Los directivos responsables de una sola actividad son capaces de gestionar con más agilidad los problemas y los giros en el mercado. Es probable que GE lleve una década asumiendo una lenta escisión. Puede que haya llegado el momento de dar el último paso.

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