17 de Agosto, 21:18 pm

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El bitcoin: una burbuja y un crac

Matthew Leising / Rob Urban

Si compraste bitcoin a principios de 2017, cuando uno costaba 900 dólares, a estas alturas tendrás un beneficio de cerca de un 1.100 por cien. Pero lo más probable es que no sea el caso. Puede que te atrevieras a comprar tímidamente en noviembre o diciembre, cuando el precio marcó máximos récord; 10.000 dólares, luego 15.000 y más aún. Si tuviste mala suerte y compraste en el pico de casi 20.000 dólares del 17 de diciembre, habrás perdido cerca del 45 por ciento de tu dinero, a fecha de 17 de enero, cuando el precio cayó hasta los 10.800 dólares. De dicha caída, más de 2.000 dólares se perdieron en cerca de 24 horas, tras el anuncio del ministro de Economía surcoreano Kim Dong-yeon de que el país podía acabar con las operaciones con la criptodivisa para desincentivar la especulación. Pocos activos pueden dar la sensación de estar viviendo una burbuja y un desplome de forma simultánea. 

Pero si no nos fijamos en ninguna otra medición más que lo que costaba hace año, el precio del bitcoin sigue en niveles vertiginosamente altos. Para los numerosos escépticos a los que les cuesta creer que la situación haya llegado tan lejos, y para los que compraron bitcoin y ven todo lo que podrían perder, la gran pregunta es qué supondría que el precio se desplomara aún más.

En anteriores episodios, «el bitcoin y las divisas digitales se han mostrado increíblemente resilientes a las malas noticias», afirma Meltem Demirors, director de desarrollo en Digital Currency Group, que invierte en bitcoin y tecnologías similares. Los mercados de criptodivisa como Mt. Gox, Bitfinex y BTC-e han sufrido ataques informáticos a lo largo de los años, con cientos de millones de dólares en robos de bitcoin. El pasado mes de septiembre, China también optó por acabar con la negociación con criptodivisas. Nada de esto ha impedido de forma permanente que el precio del bitcoin siguiera subiendo, particularmente tras captar la atención de los traders en fondos de cobertura y mercados de futuros.

Uno de los peores escenarios posibles sería que se hackeara con éxito la cadena de bloques. Esta es la tecnología de base que registra y supervisa cada operación, utilizando copias exactas de una base de datos difuminada por ordenadores de todo el mundo. Estos ordenadores en los que se alojan, llamados miners, reciben bitcoins nuevos a cambio de comprobar las operaciones. Un hacker podría modificar el historial de cadenas de bloques si lograra alinear más de la mitad de la potencia informática de la red. Pero eso sería dificilísimo. Sin embargo, alguien que tuviera la tecnología suficiente podría optar por «unirse al juego» y cobrar por minar bitcoin, afirma Tyler Winklevoss, cofundador del mercado de activos digitales Gemini, y uno de los principales titulares de bitcoin. 

En el mundo real

Los riesgos más probables son mucho menos sofisticados. El primero sería que mientras que los inversores y especuladores se lanzan al bitcoin, la criptodivisa no acaba de ser útil en el mundo real. La red es lenta y cara para las operaciones pequeñas. ¿Y quién quiere pagar 4 dólares en bitcoin por un café si la semana que viene podría valer 8? «Mi principal preocupación como empresa es que la divisa digital no acabe encontrar su lugar en el «día a día», y que la gente acabe diciendo: «¡Eh, ya tenemos docenas de millones de usuarios diarios que lo usan para pagar!», afirma Adam White, director de GDAX, un mercado para inversores institucionales dirigido por Coinbase. «Esa es una de las principales amenazas para la existencia de la compañía».

Se ha librado una guerra civil bastante explícita entre los desarrolladores de bitcoin: un grupo es partidario de realizar cambios en la red y el otro, no. «La comunidad de desarrolladores tendrá que ponerse de acuerdo y decidir cómo hacer que sea escalable de forma adecuada y continua», afirma Sheri Kaiserman, director ejecutivo de Wedbush Securities y uno de los primeros valedores en Wall Street del potencial del bitcoin. Entre tanto, el bitcoin afronta la competencia con otras divisas digitales, desde bitcoin cash, hasta litecoin o ether, que también han vivido fuertes subidas y giros bruscos. 

Podríamos pasar semanas comprendiendo los matices de las diferentes criptodivisas. Pero el principal riesgo para el bitcoin en realidad es el más fácil de comprender. «El principal factor que está provocando el aumento del precio podría ser el que acabe provocando su caída: un giro de los espíritus animales», afirma Adam Ludwin, director ejecutivo de la startup de cadenas de bloques Chain. «Existe básicamente la creencia de que seguirá subiendo. Si la gente cree que cree que va a seguir cayendo, se retroalimenta». 

Para explicar el factor psicológico, Ludwin recurre a John Maynard Keynes, economista que comparaba la inversión con un concurso de un periódico en el que se pidiera a los lectores que eligieran la imagen de la persona que consideran que la mayoría encontraría más atractiva. Para ganar, los lectores tendrían que descartar su propio juicio y apostar basándose simplemente en la conjetura de lo que el lector medio encontraría atractivo. O, lo que resulta aún más retorcido, incluso en lo que el resto de jugadores pensaría que le gustaría al jugador medio. Las criptodivisas en general son «una de las muestras más bonitas del certamen de belleza keynesiano que se hayan visto», afirma Ludwin. Todas las inversiones tienen parte de este elemento especulativo, pero al contrario por ejemplo que las acciones, el bitcoin no consiste en una apuesta sobre los beneficios futuros en base a los que los inversores establecen una valoración. Para lanzarse al bitcoin, simplemente hay que pensar que otras personas también lo querrán.

Otra lectura desde el punto de vista psicológico del bitcoin es que forma parte de un mercado global alcista en todo tipo de activos. Pese a la incertidumbre a nivel político, Corea del Norte y el aumento de la valoración de la renta variable, los inversores parecen dispuestos a asumir riesgos y parecen tener miedo a dejar pasar grandes oportunidades. O puede que el bitcoin sea el lado oscuro de ese optimismo: muchos se ven atraídos por la criptodivisa porque la ven como un paliativo para el sistema que se derrumbó en 2008, y su confianza se ha mantenido firme. La psicología del mercado no es fácil de definir. Lo único seguro del bitcoin es su volatilidad.

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