25 de Mayo, 01:17 am

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casos de acoso

El silencio reina en Wall Street

Max Abelson

Tres mujeres, con una larga trayectoria profesional en banca, se sientan a comer juntas en Manhattan el primer miércoles del año. No transcurre mucho tiempo antes de que unas a otras se hagan la siguiente pregunta: ¿por qué el efecto Harvey Weinsteinno ha llegado al sector financiero? Tras las acusaciones de acoso y agresión sexual al magnate del cine el pasado octubre, hombres poderosos de los medios de comunicación, las artes, la política, el ámbito académico y el mundo de la restauración han sido despedidos de sus trabajos después de que mujeres decidieran alzar sus voces para denunciar un comportamiento aberrante. En Wall Street las cosas son diferentes. Mientras el movimiento #MeToo se extiende por todas partes, parece que estas compañías son prácticamente inmunes. 

Algunos banqueros y ejecutivos nos dirán que esto ocurre porque el sector erradicó comportamientos inadecuados hace más de una década tras toda una serie de causas judiciales en las que se puso de manifiesto lo que las mujeres tenían que soportar en compañías de máximo nivel. Pero esto no es así, a tenor de las entrevistas realizadas a 20 mujeres, que trabajan o han trabajado en Wall Street y que han pedido mantener su anonimato, en las que describen sus vivencias y observaciones personales.

Algunas afirman haber sido agarradas, besadas de forma repentina, humilladas o haber recibido proposiciones de compañeros y jefes, pero han guardado silencio por las fuerzas culturales y financieras que operan de forma particularmente intensa en el sector de la banca. Comentan que tienen mucho que perder si alzan la voz, que no tienen ninguna certeza sobre qué les puede beneficiar y que existen acuerdos legales que las amordazan. 

La mordaza de la mediación

Son pocos los sectores que han mostrado tanta audacia a la hora de mantenerse lejos de los tribunales, en los que los casos copan la atención de la prensa y del público, a través de la incorporación de nuevos empleados que renuncian a su derecho a demandar. Esto significa que cuando las mujeres que trabajan en trading y banca son víctimas de acoso, muchas tienen que someter su situación a un sistema privado. «Si te pones a pensar en por qué no se oye nada al respecto, llegas a la conclusión de que lo más probable es que sea por la mediación», comenta Ana Duarte-McCarthy, que ha hecho grandes esfuerzos en materia de diversidad en Citigroup hasta que dejó la compañía en 2016. Reconoce que Wall Street se centró en impartir prácticas que combatiesen el acoso antes que otros sectores, pero el sistema de mediación o arbitraje «da lugar a posibles situaciones de invisibilidad». Las compañías financieras fueron de las primeras en adoptar el sistema de mediación, cuenta Alex Colvin, profesor en Cornell University. «La mediación es casi en todos los casos un sistema privado en el que nadie tiene derecho a saber que está pasando», defiende. 

Jennifer Hatch, que dirige la gestora de patrimonios Christopher Street Financialy, comenzó su carrera en JPMorgan Chase & Co. y Bear Stearns, comenta que algunas mujeres se sienten presionadas a mantenerse en silencio por la cantidad de dinero que pueden perder. «La gente se pasa toda su vida académica y profesional tratando de acceder a la mina de oro y el hecho de que un hombre decida bajarse los pantalones no puede mandar todo al traste», comenta. Y gran parte de lo que se cobra en Wall Street es en forma de bonus que controlan los jefes. «Acceder a la mina de oro consiste, en última instancia, en mantener una total discreción respecto a los hombres que forman parte del club», afirma Hatch.

Este club puede resultar tan sumamente amedrentador que algunas de las mujeres entrevistadas afirman que les preocupa que las acusaciones puedan aislarlas de forma permanente de jefes, compañeros e incluso rivales. Miran a su alrededor y ven compañías en las que se prioriza la discreción, se exige sacrificio, hay obsesión por la reputación y en las que las relaciones son la base sobre la que se construye todo lo demás.

Con arreglo a los principales bancos estadounidenses, cuyos CEO son todos hombres, la situación está mejorando. «La mitad de nuestro equipo directivo senior y la mitad de nuestras empleadas son mujeres», afirma Brian Marchiony, portavoz de JP Morgan Chase. «Y nos esforzamos día tras días en promover la diversidad y un entorno de trabajo de respeto y confianza mutuos». En opinión de Andrew Williams, portavoz de Goldman Sachs, la compañía ha reforzado sus políticas «para que sea más sencillo para las mujeres, o para cualquier otro empleado, dar un paso adelante».

Los 'Weinstein' de Wall Street

Al igual que ocurre en otros sectores, cuando las mujeres denuncian en la industria financiera, a menudo llegan a acuerdos para evitar que los casos se hagan públicos. Una de las mujeres que acude a la comida en Manhattan comenta que no quiere que aparezca su nombre por un contrato de confidencialidad que firmó hace varias décadas.
Wall Street ha vivido varios cambios desde la caída de Weinstein. Morgan Stanley despidió a Harold Ford Jr., que en su día fue congresista, tras investigar el comportamiento que había tenido con una mujer fuera de la compañía. Niega una denuncia de acoso sexual.

Y mientras que las denuncias contra Weinstein avivan el movimiento #MeToo, dos veteranas de Wall Street publicaron un post online en octubre donde afirmaban haber sufrido acoso, aunque sus historias se remontan a varios años atrás. Sallie Krawcheck escribió sobre un hombre que, en una conferencia organizada por Sanford C. Bernstein & Co., compañía de la que era directora de investigación, la invitó a su hotel mientras «sacaba la lengua y la acercaba hacia mí». Tras incorporarse en 2002 a Citigroup, se enteró de que su acosador estaba a punto de ser contratado por el banco. Cuando comentó a su CEO lo que aquel hombre había hecho, su jefe le sugirió que probablemente se trataba de un malentendido. Amenazó con irse antes hasta que finalmente Citigroup optó por no contratarle, según escribe.

Jacki Zehner, la primera mujer trader que llegó a ser socia de Goldman Sachs, narra que, tras ir a tomar algo, un compañero que quería que fuera a su casa trató de sacarla a empujones de un taxi. «Me quedé agarrando la puerta del otro lado del asiento», escribe. «Al final, intervino el taxista». Zehner, que dejó el banco en 2002, comenta que el miedo sigue impidiéndole decir el nombre de aquel compañero. Krawcheck escribe que oculta el nombre de su acosador porque ya se vengó en su día al impedir que accediese a su nuevo puesto de trabajo. «Tengo la esperanza de que las voces de aquellas mujeres que trabajan en otros sectores sirvan de inspiración y den fuerza a las mujeres que desempeñan su actividad en la industria de los servicios financieros,» afirma Zehner. «Quiero ser una persona que no tenga miedo a decir la verdad. Hablamos de fuerzas mayores».

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