20 de Mayo, 14:13 pm

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renta fija

Los bonos catástrofe sobreviven a un año tormentoso

Sonali Basak / Brandon kochkodin / Brian K.Sullivan / Jim Efstathiou Jr

El año 2017 ha resultado ser una gran prueba de fuego para uno de los activos financieros más curiosos del mercado: los bonos catástrofe. Básicamente son una forma de protegerse a sí mismas las compañías de seguros frente a costes elevados derivados de desastres naturales, y para los inversores, una forma de apostar por unos beneficios constantes, siempre que no se produzcan dichos desastres.

Se estima que los huracanes que han azotado recientemente todo el Atlántico han provocado daños por valor de 200.000 millones de dólares. A principios de octubre de 2017, Estados Unidos sufrió 15 fenómenos meteorológicos que provocaron daños por valor de 1.000 millones de dólares cada uno, según los Centros Nacionales de Información Medioambiental. Solo uno menos que el registro de 2011, y eso sin incluir los incendios que han asolado recientemente California. En términos generales, el mercado de bonos catástrofe de 90.000 millones de dólares ha sobrevivido intacto. 

Los inversores que tenían este tipo de bonos han sufrido pérdidas, está claro. El fondo Stone Ridge Reinsurance Risk Premium Interval, que cuenta con bonos catástrofe en su cartera, cayó más de un 11 por ciento en 2017. El índice suizo Re Cat Bond Total Return, que se usa para medir el comportamiento del mercado, perdió más del 15 por ciento en una mala semana y acabó recuperándose hasta cerrar el año prácticamente sin cambios. Fue un batacazo síntoma de salud. Si los inversores no se llevan un varapalo en los años malos, es probable que los bonos no estén funcionando como protección para las compañías aseguradoras. 

Este sería un modelo simplificado del funcionamiento de un bono catástrofe: si una aseguradora quiere protegerse contra unas pérdidas insalvables, en general contra riesgos que se espera que se produzcan una vez cada 50 o 100 años, puede emitir un bono catástrofe. Los ingresos se reservan para ayudar al pago de futuros siniestros por este tipo de desastres. Si no se producen, los titulares de los bonos reciben el principal junto con intereses al vencimiento del bono. Pero cuando se producen. el usuario del bono tiene que recurrir a parte o la totalidad del dinero para pagar los daños y los inversores asumen el coste con un reembolso inferior. 

Rebajas

Al comienzo de la temporada de huracanes, cerca de 13 bonos catástrofe se consideraban en riesgo de rebaja de la calificación por parte de S&P Global Ratings. Hasta el momento, solo se ha rebajado uno. Algunos lo achacan a los movimientos inteligentes por parte de las aseguradoras. «El sector tiene un control mucho mejor de la gestión del riesgo», dice David Havens, analista de Imperial Capital LLC, que analiza las compañías de seguros. En los casi 20 años de vida del mercado, ha habido muy pocos casos en los que se haya perdido completamente un bono catástrofe. 

«El mercado ha superado mis expectativas este año en lo que a resiliencia se refiere», afirma Michael Millette, anterior responsable de finanzas estructuradas en Goldman Sachs Group Inc., que ayudó al banco a desarrollar un mercado para bonos catástrofe en los 90. Ahora dirige su propio fondo, que apuesta sobre ciertos acontecimientos relacionados con catástrofes. «Las pérdidas han estado en línea con las que tendrían que haber sufrido los inversores por siniestros como estos». 

Los fondos de cobertura, de pensiones y los particulares con grandes patrimonios se ven atraídos por los bonos catástrofe por su rentabilidad, superior a la de los bonos convencionales del Estado o corporativos. Otra característica atractiva es la diversificación: el valor de los bonos catástrofe no suele subir y bajar de la mano de otros activos; el riesgo de huracán no tiene mucho que ver, por ejemplo, con el ritmo de los beneficios corporativos. KKR & Co. se ha lanzado al mercado con una participación en el fondo de cobertura Nephila Capital Ltd., que supervisa más de 10.000 millones de dólares de inversión mensual en bonos catástrofe. La evolución del mercado ha llevado a los bancos y brokers a prever ofertas más complicadas. Las aseguradoras se están planteando bonos para pandemias, terrorismo y ciberriesgos. 

La advertencia que podemos concluir es que el mercado podría haber asumido pérdidas mayores si el viento hubiera soplado en otro sentido. Había un amplio abanico de bonos que ayudaban a asegurar los riesgos meteorológicos en Florida, donde el Huracán Irma azotó con más fuerza; pero el huracán cambió de rumbo. Antes de que Irma tocara tierra en Florida, algunos analistas afirmaron que podía haber provocado pérdidas por valor de hasta 200.000 millones de dólares. Cuando el huracán cambió de rumbo, las previsiones cayeron a una cuarta parte de dicha cifra. 

Por último, está la cuestión de si los inversores en factores meteorológicos han tomado en cuenta los posibles riesgos a largo plazo del cambio climático. Según Millette, hay un factor que podría acabar en última instancia con la «fe en el mercado» del inversor: «Si año tras año ocurre lo mismo, los inversores acabarían diciendo: 'Pues no ha sido un mal año. Ha sido normal'».

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