22 de Julio, 16:27 pm

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su opv apunta a la ser la mayor de la historia

Aramco, la pregunta del billón

Javier Blas

Si no fue una estrategia de venta, desde luego, lo pareció. «Aramco es el fabricante más barato con diferencia», afirmó Khalid al-Falih, ministro de Petróleo saudí, en la Future Investment Initiative, celebrada en Riyadh. Esta reunión, celebrada en octubre y bautizada como la «Davos del desierto», juntó a todos los peces gordos del sector financiero y empresarial, como los dueños de Blackstone Group LP y Credit Suisse Group AG. Al-Falih ensalzó las bondades del grupo saudí Oil Co., también conocido como Aramco, la compañía estatal cuyas acciones pretende poner a la venta el reino.

Aramco es la compañía más grande del mundo en el sector energético. Mantiene el monopolio en la explotación de más de una cuarta parte de las reservas de petróleo del mundo; extrae más crudo que Exxon Mobil, Chevron y Royal Dutch Shell juntas. Pese al auge del vehículo eléctrico y la lucha contra el cambio climático, «la compañía saudí Aramco será el último recurso del sector», afirma Al-Falih. «Estoy convencido de que el último barril que se produzca en todo el mundo, procederá de aquí, de Arabia Saudí».

Es una compañía de un valor enorme. La pregunta es a cuánto asciende exactamente ese valor. Los saudíes afirman que la compañía vale al menos 2 billones de dólares. Los analistas ponen en duda esa cifra y los directivos del sector, en privado, afirman que la cifra rondaría más bien el billón de dólares. Por ponerlo en contexto, la diferencia de valoración supera el valor total de Apple Inc., la compañía cotizada más valiosa del mundo, que se sitúa en cerca de 870.000 millones de dólares.

Independientemente de su valoración final, es probable que la oferta pública inicial de Aramco sea la mayor de la historia, aunque solamente se saque una pequeña parte de la misma a la venta. Si saca un 5 por ciento del capital, podría captar al menos 50.000 millones de dólares, el doble del récord que marcó Alibaba Group Holding Ltd. en 2014. Las autoridades saudíes afirman que la venta se espera para 2018, pero el calendario parece un poco ajustado.

El problema no es Aramco, sino el gobierno saudí, o más concretamente, el joven príncipe, Mohammed bin Salman, que controla la mayoría de los factores políticos, de seguridad y del sector energético del reino. Lleva meses retrasando la decisión sobre dónde sacar a la venta las acciones de Aramco, más allá de la bolsa local de Riyadh, denominada Tadawul.

Existen tres posibles candidatos: Nueva York, Londres y Hong Kong. Todos presentan ventajas e inconvenientes. Nueva York ofrece el mayor pool de capital y posiblemente la mayor valoración, pero su salida a bolsa en dicho parqué también expondría a la compañía a una mayor litigiosidad en EE.UU. Londres es un destino más acogedor desde un punto de vista legal, pero no está claro que los órganos reguladores británicos permitieran que se lleve a cabo la OPV en su forma actual. Hong Kong presenta pocas pegas a nivel normativo, pero su escaso 'pool' de capital supone también una valoración inferior. 

La indecisión sobre dónde realizar la parte de la OPV internacional tendrá un efecto cascada. Si Aramco se acaba decidiendo por Nueva York, tendrá que presentar su balance en el sistema contable estadounidense, que es diferente del empleado en el mercado saudí y europeo. Los departamentos de contabilidad y los auditores pueden maquillar las cifras para cumplir con la normativa estadounidense, pero llevará tiempo.

El debut internacional se retrasa hasta 2019

Últimamente, ciertas personas familiarizadas con la situación han afirmado que la parte internacional de la OPV podría retrasarse al menos hasta 2019. Las autoridades saudíes han contestado con evasivas a las preguntas sobre los plazos, distinguiendo entre las labores de preparación, que afirman que podrían cumplirse a tiempo, y la decisión de sacar a la venta las acciones. Ante la pregunta de si ambas OPV parciales, a nivel local e internacional, se produciría en 2018, el director ejecutivo de Aramco Amin Nasser se mostró cauto: «El accionista tomará la decisión en función del escenario». Lógicamente, el accionista es el Gobierno.

La OPV de Aramco es la piedra angular de un programa saudí mucho más amplio para reorganizar la economía y permitir que dependa menos del petróleo. El profesor Paul Stevens, un reputado especialista de Chatham House, un grupo de expertos londinense, afirma que la reputación del propio príncipe está en evidencia. «Está claro que existen problemas importantes con la privatización de Aramco», afirma. La forma en que los resuelva el reino podría suponer una diferencia de decenas de miles de millones de dólares cuando los inversores de todo el mundo puedan poner por fin un precio a las acciones de la compañía.

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