Vocento 15 años 22 de Noviembre, 15:36 pm

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inversión

General Electric desenchufa la era Immelt

Brooke Shutherland de Bloomberg Gadfly

Durante gran parte del siglo pasado, General Electric Co., cuya historia se remonta a la bombilla de Thomas Edison, fue un símbolo de gestión basada puramente en los números que marcó la pauta en Estados Unidos antes de la era digital. Pero el penoso informe sobre beneficios de GE del pasado 20 de octubre deja pocas dudas de que esta compañía, con 125 años de historia y con un valor en el mercado de 186.000 millones de dólares, está afrontando un momento financiero y cultural importante. 

Este icono de la industria estadounidense se ha visto forzado a recortar sus perspectivas de beneficios y flujos de tesorería de forma tan drástica que los inversores ya se están preparando para un recorte inaudito del dividendo. La serie de salidas de directivos de alto nivel en los últimos meses, que comenzó con el histórico director ejecutivo Jeff Immelt, es señal de una transición renqueante de la compañía. Incluso se especula sobre el hecho de que GE, el único miembro del Dow Jones original aún en bolsa, podría salir de la lista del selectivo.

«Durante mucho tiempo, GE se percibió como una empresa líder», afirma Scott Lawson, vicepresidente en Westwood Holdings Group Inc., que supervisa más de 20.000 millones de dólares activos. «A veces los recuerdos duran mucho más que la realidad». Las acciones de GE han caído un 32 por ciento en 2017, la peor caída en lo que va de año desde la crisis financiera. Pero en esta ocasión, no hay 'crac' del mercado al que poder culpar. Más bien al contrario, algunos analistas afirman que gran parte de las causas tienen que ver con decisiones equivocadas sobre inversión de fondos y carencias culturales en la compañía. Unos problemas que a la hora de la verdad, tienen peor solución. 

Recorte de expectativas

GE rebajó sus expectativas de beneficios para 2017 a 1,05-1,10 dólares/acción, muy por debajo de la previsión final de entre 1,60 y 1,70 dólares. Asimismo, su objetivo de flujo de tesorería por actividades operativas industriales se recortó casi a la mitad, hasta los 7.000 millones de dólares. La franqueza del nuevo CEO, John Flannery sobre los fallos de GE resulta un cambio refrescante para muchos inversores. Pero es señal de todo el trabajo que hay que hacer y de que las cosas han tenido que ponerse realmente feas para que la dirección tenga un debate honesto sobre las dificultades de flujo de tesorería y beneficios que los analistas llevan apuntando desde al menos 2016.

Flannery está preparado para revelar su plan de transformación para GE en la junta de accionistas del próximo 13 de noviembre. Hasta el momento, la mayoría de las medidas han sido de carácter simbólico: dejar en tierra los aviones privados, comprometerse a dejar atrás los ajustes de beneficios confusos y subir al barco a un representante del inversor activista Trian Fund Management LP. Estos retoques, e incluso la desinversión de 20.000 millones de dólares que está planeando llevar a cabo Flannery, servirán de poco para cortar la sangría de los resultados operativos que continuará al menos durante el próximo año. 

Adiós a un dividendo histórico

Un cambio que sí podría suponer una diferencia, aunque suponga todo un desafío para el ADN de GE, es la reducción de su dividendo. La compañía se vio forzada a recortar la distribución durante la Gran Recesión y otra vez durante la crisis financiera. El propio Immelt calificó aquella medida como «mi peor día como CEO». Ahora Flannery podría verse obligado a repetir. 

Una vez cubiertos los compromisos de gastos y planes de pensiones, a GE le quedarán poco más de 2.000 millones de dólares en flujo de tesorería de su actividad industrial de este año. El dividendo cuesta más de 8.000 millones. No hace falta ser matemático para resolver el problema. GE no tiene dinero en su balance para tapar el agujero este año. Pero Jeff Sprague, analista en Vertical Research Partners, estima que el flujo de tesorería libre de su actividad industrial volverá a quedarse escaso para cubrir el dividendo en 2018, a la vista de las dificultades en la unidad de potencia de GE. 

GE ya se ha prodigado con los inversores en cerca de 50.000 millones de dólares a través de recompras en los últimos años. Cualquier forma de crédito con cargo al dividendo en lugar de realizar inversiones que pudieran ayudar a la hora de la verdad a la compañía a generar un flujo de tesorería más sólido sería poco aconsejable. Sin un recorte del dividendo, el plan de Flannery de desinvertir 20.000 millones de activos probablemente no sería más que otro parche que en realidad agravaría la crisis reduciendo el flujo de tesorería libre. 

Esto sería la continuación de un patrón que ayudó a crear el problema de GE. Bajo la supervisión de Immelt, la compañía revirtió GE Capital, puso a la venta sus electrodomésticos, agua y unidades de soluciones industriales y desinvirtió su participación en NBC Universal. Aunque simplificar no tenga nada de malo, Steve Tusa, analista de JPMorgan Chase & Co., estima que estas desinversiones redujeron el flujo de tesorería libre en cerca de 7.200 millones de dólares. Las adquisiciones como la compra de los activos por valor de 10.600 millones de dólares de Alstom SA en 2015 no generaron flujo de tesorería suficiente para compensar la operación. Así que los recursos de GE se han reducido, pero su dividendo, no. 

¿Fin del legado?

Más allá de acabar con los excesos en forma de aviones privados de Immelt, Flannery podría tener que plantearse acabar con su propio legado también. Es un veterano con 30 años de experiencia en GE cuya contribución incluye la adquisición de Alstom, una compra que incrementó la exposición de GE a los mercados energéticos; una operación que ahora se ve enturbiada por la escasa demanda y la presión sobre los precios. Cerca de 3.000 millones de la caída del flujo de tesorería esperada por GE en 2017 es atribuible a la unidad de potencia. 

Tusa, de JPMorgan, sostiene que las dificultades que afronta el departamento energético no son un accidente, sino el comienzo de una caída hasta una rentabilidad baja más normal. De ser así, es posible que el dividendo no sea el único legado que tenga que cambiar Flannery.

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