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es más fácil limitar los errores propios

Mercados: cómo sacar partido de la naturaleza humana

Suzanne Whooley

Cuando la gente no entiende lo que hacen los mercados, suele buscar fenómenos psicológicos para intentar explicarlo. Pensemos en frases hechas del ámbito anglosajón como «exuberancia irracional», «codicia y miedo» o «escalar muros de inquietud». Hasta los economistas aceptan hoy en día que los vaivenes mentales de los inversores influyen en los modelos de toma de decisiones racionales. El pasado 9 de octubre, se concedió el Nobel de Economía a Richard Thaler, un economista especializado en el comportamiento de la Universidad de Chicago, por explorar los sesgos y atajos cognitivos a través de los cuales las personas absorben y procesan la información. 

Para los inversores, la idea de que otras personas en los mercados estén tomando malas decisiones resulta muy tentadora. ¿El hecho de que los humanos seamos predeciblemente irracionales, conlleva la existencia de patrones predecibles en los mercados que pueden explotar los traders más avezados? Precisamente, Thaler es directivo en una compañía que trata de hacerlo. Fuller & Thaler Asset Management, en California, gestiona fondos por valor de 6.100 millones de dólares en el fondo de pequeña capitalización Undiscovered Managers Behavioral Value Fund para J.P. Morgan Asset Management y de 261 millones de dólares en el fondo Fuller & Thaler Behavioral Small-Cap Equity Fund. Ambos fondos han funcionado bien, con unas ganancias medias del 15,9 y el 17,3 por ciento respectivamente en los últimos cinco años. Ambos han superado a más del 90 por ciento de sus competidores. 

Ganar con las sobrerreacciones

Los fondos intentan capitalizar los sesgos de comportamiento de los inversores. El fondo Fuller & Thaler por ejemplo, se centra en las reacciones desproporcionadas de los inversores en un sentido u otro a diferentes acontecimientos. «En general, la gente suele exagerar su reacción ante historias emotivas e intensas y reaccionar demasiado poco ante una información anodina, o cuando tiene expectativas elevadas», afirma el gestor de patrimonio Raife Giovinazzo. «Hay pocas experiencias tan intensas y emocionales como perder dinero; así que cuando las acciones caen, la gente suele tender a tener reacciones exageradas». Al buscar pruebas de este tipo de reacciones exageradas, su estrategia incluye buscar patrones de compras y ventas por parte de personas de las propias compañías. Si le parece que el mercado está desfasado, se fija en los fundamentales y el modelo de negocio de la compañía. 

En el otro extremo estaría la falta de reacción, que está vinculada con un sesgo cognitivo denominado anclaje y ajuste, que identificó otro premio Nobel, Daniel Kahneman, junto con su colega conductista Amos Tversky. Cuando nos centramos en un número, una estimación de ganancias, por ejemplo, tendemos a quedarnos un poco anclados en él. Al recibir nueva información, ajustamos el número, pero el ajuste se basa en el número inicial, por lo que no suele ser suficiente. «Estas cosas siguen pasando porque las personas siempre cometemos errores porque somos humanos», afirma Giovinazzo. 

Medir el grado de error

Pese a la solidez de los registros de los fondos Fuller & Thaler, no es fácil diferenciar qué parte de su éxito se debe a su investigación de vanguardia sobre el comportamiento. «Podría ser que todo este asunto del comportamiento les haya ayudado a descubrir algún tipo de irregularidad en el mercado que no siga estrictamente ninguno de los postulados clásicos de las finanzas conductuales», afirma Ben Inker, director de asignación de activos en la compañía de inversión GMO LLC. De hecho, al buscar reacciones exageradas, puede que estén dando con algunas de las mismas acciones que habría elegido un gestor de fondos a la antigua usanza. El reto no es solo saber que otros inversores pueden ser buenos, sino contar con una medida que nos diga cuándo están tan equivocados que la acción está infraponderada. «La diferencia entre un buen método y un mal método de medición probablemente sea la diferencia entre el éxito y el fracaso», afirma Inker. Según Giovinazzo, es verdad que la inversión conductual y la inversión de valor guardan una relación. «Esa es la idea de fondo», afirma. «Pero llegamos a esa conclusión desde una perspectiva distinta». 

Stephen Wendel, director de ciencias del comportamiento en la compañía de inversión Morningstar, afirma que no tomaría el éxito de los fondos de Fuller & Thaler como «ejemplo para lanzarse a montar tu propio fondo conductual». El propio cargo de Wendel es una prueba de la influencia de Thaler, pero advierte del riesgo de pensar que es fácil emplear ideas conductuales para creerse más listo que los demás. Después de todo, una de nuestras peculiaridades conductuales es que confiamos demasiado en nuestras habilidades. Es peligroso pensar que porque otros lo hayan hecho, nosotros también podemos. 

David Booth, fundador de Dimensional Fund Advisors, una compañía con sede en Austin, Texas, coincide en que los criterios subjetivos pueden llevar por el mal camino a los inversores. «Pero no es lo mismo decir que a veces la gente tiene comportamientos irracionales, que decir que los mercados valoran mal los precios», afirma. No es que no ocurra, pero resulta increíblemente difícil distinguir cuándo sucede, y aprovecharlo. Según Booth, hay gestores de fondos que son capaces de superar de forma consistente al mercado «pero como nunca sabes si cuentas o no con esas personas, lo mejor es comportarte como si los mercados fueran eficientes», es decir, que los precios reflejan adecuadamente la información disponible y que será complicado adivinar el siguiente movimiento. De hecho, para la mayoría de los inversores, la mejor forma de usar el enfoque conductual no es como guía para buscar fallos de otras personas, sino como recordatorio para no perder la humildad. «Es mucho más fácil imaginarse a uno mismo acertando para evitar pegarse un tiro en el pie, que convirtiéndonos en el trader que mejor elige las acciones», afirma Inker. 

Las técnicas 'anti-sesgo'de un premio Nobel

Por ejemplo, resulta de gran ayuda saber que tenemos tendencia a pensar en la inversión (error) como un juego en el que es fácil ganar, afirma Meir Statman, profesor de finanzas de la Universidad de Santa Clara y autor de 'Finance for Normal People: How Investors and Markets Behave'. A primera vista, decidir qué acción comprar es como comprar cualquier otro tipo de producto, y sale muy rentable hacer un buen estudio y comprar con cabeza. Podemos comprar un televisor barato en Costco y que nos guste, de modo que nos acaba gustando la propia compra. ¿Entonces, por qué no comprar también acciones de Costco? Lo que ocurre es que la actividad de trading con acciones es muchísimo más competitiva que buscar ofertas por parte de los consumidores; no todos salen ganando. «Cuando compramos la acción de una compañía, hay otra persona que está vendiendo, que incluso podría ser un empleado de la misma», afirma Statman.

Los inversores profesionales de Fuller & Thaler también utilizan sistemas para protegerse de estos sesgos. No visitan las compañías, afirma Giovinazzo, porque cuando conocemos a las personas, las juzgamos más desde el punto de vista de si «nos gustan» que de si son o no buenos líderes. Para evitar quedarse anclados, tanto él como sus compañeros evitan fijar objetivos de precios para las acciones y realizar previsiones de ganancias trimestrales. Es bueno saber que los mercados pueden ser irracionales, pero esto solo nos ayuda a reconocer que nosotros también lo somos.

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