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Economía global

Los cruceros podrían ser los grandes vencedores en Cuba

Henry Goldman / David Biller

La isla que fuera tabú carece de infraestructura turística. Los operadores de buques confían en cambiar la situación

Cuando el presidente Obama decidió el pasado año rebajar las restricciones para aquellos ciudadanos estadounidenses que viajaran a Cuba, las aerolíneas se dieron la máxima prisa en comenzar a volar desde EE.UU. a 10 ciudades de la isla. No obstante, no tardaron en darse cuenta de que los pasajeros con ganas de viajar a un país pobre con pocas habitaciones en hoteles de primera categoría, precios muy altos por alojamientos muy modestos, comida escasa en restaurantes y, en el que a menudo faltan comodidades básicas como papel higiénico, eran menos de los esperados. Ahora, otra parte del sector turístico cree haber encontrado la solución ideal a la escasez de lujo en Cuba: los cruceros. 

Carnival, Royal Caribbean Cruises y Norwegian Cruise Line Holdings, las tres mayores flotas de cruceros del mundo, han añadido docenas de viajes a la isla desde ahora hasta 2019 y apuestan porque sus resorts flotantes están perfectamente adaptados para que sus  turistas se adentren en la isla subdesarrollada. «Las aerolíneas sobrestimaron con creces la demanda existente», comenta Frank Del Rio, CEO de Norwegian. «Llevamos nuestra propia infraestructura, todas las comodidades estadounidenses. El desajuste con el que se toparon las aerolíneas no es aplicable a la industria del crucero». 

La idea de navegar rumbo a Cuba, una isla situada justo en medio de la región de cruceros más grande del mundo, ha entusiasmado a los operadores de buques durante décadas. La Habana, con sus locales nocturnos, calles empedradas, fábricas de cigarros y lugares que Hemingway hizo suyos, podría algún día llegar a ser el principal destino de cruceros del Caribe, por delante de Bahamas y de la isla mexicana de Cozumel, pronostica Del Rio, que nació en Cuba antes de que su familia saliese de la isla en 1961. «La Habana es marca», comenta. «Y, al igual que ocurre con todas las marcas estrella, la gente se siente sin más atraída por ella». 

Hay un par de cuestiones que podrían estropear la fiesta. La primera es que el incremento repentino de travesías podría inundar el mercado de camarotes vacíos, lo que  llevaría a una bajada de precios. Al menos son nueve las compañías de cruceros que van a poner rumbo a Cuba este año. Y todo ello a pesar de que algunas compañías aéreas, entre las que se incluyen American Airlines Group y JetBlue Airways están recortando el número de vuelos que viajan a la isla y otras, como Frontier Airlines Holdings, Spirit Airlines y Silver Airways ya han anunciado que van a dejar de volar a Cuba por completo. 

Existe asimismo incertidumbre en torno a las relaciones entre EE.UU. y la isla. Durante la campaña, Donald Trump afirmó su voluntad de revocar la rebaja de restricciones de Obama y el Consejo de Seguridad Nacional está llevando a cabo una revisión de la política cubana. Del Rio y sus colegas del sector siguen adelante con sus viajes con vistas a crear una base de negocio, clientes y puestos de trabajo. Si el arranque resulta ventajoso en términos económicos, es probable que el presidente no se vea capaz de revocar la política de su predecesor, comenta Robert Muse, abogado de Washington que asesora a compañías en temas relacionados con Cuba. «Creo que están tratando de configurar una realidad que podría contar con el respaldo de la administración Trump», comenta. 

Al igual que los automóviles vintage que forman parte del atractivo cubano, algunas infraestructuras turísticas de la isla continúan ancladas en el pasado. Con frecuencia, los hoteles carecen de cosas a las que los estadounidenses están muy habituados, tales como acceso a internet o agua caliente, expone Lauren Vikander, director de marketing de InsightCuba, un turoperador que lleva 17 años organizando viajes educativos al país. Debido a la escasez de hoteles de calidad, una noche en una habitación en un alojamiento de tres estrellas en La Habana puede costar cientos de dólares y no es raro que incluso aquellas habitaciones que mejor están carezcan de papel higiénico o no tengan una botella de agua, comenta. 

Precios disparados

El precio medio de una habitación de hotel en Cuba se ha duplicado prácticamente desde 2014 hasta alcanzar los 206 dólares la noche, según datos de Havana Consulting Group & Tech. Este año, la tarifa media de un alojamiento de los denominados de cinco estrellas es 362 dólares. «Los precios de los hoteles se han disparado porque no había suficiente oferta para dar respuesta a la demanda», comenta Collin Laverty, propietario de Cuba Educational Travel. «Se paga a precios de Hong Kong o de Nueva York». 

Según Mike Boyd, asesor de aviación, a diferencia de las aerolíneas, las compañías de cruceros van a sacar partido a los problemas de infraestructura. «La industria del crucero es la única que va a encontrar prosperidad en Cuba», comenta. «Van a sacar el máximo provecho por la manera en que funcionan los cruceros. El turista va a pasear por el Malecón, visitar la casa de Hemingway y, al final del día, podrá disfrutar de un lugar agradable en el que dormir, de agua limpia y de comida rica. Todo eso no lo hay en Cuba».

Y sin embargo, no siempre ha sido fácil navegar. Sin saber exactamente cuándo iban a contar con la autorización para operar en Cuba, los ejecutivos de cruceros han ido haciendo acopio de cuántos buques han podido. El pasado año, Royal Caribbean Cruises Ltd. sacó a la mar un barco de una filial española solo para que navegase durante meses alrededor del Caribe a la espera de que el gobierno cubano diera el visto bueno a los viajes regulares. Ese barco, el Empress of the Seas, hizo su primer viaje a Cuba en abril con clases de salsa, tripulación vestida con guayaberas y un profesor a bordo que daba consejos del tipo: «Si desea dejar una propina a un camarero, envuélvala en una servilleta y désela a él directamente», según recoge CruiseCritic.com, una página web del sector. 

Carnival Corp. fue la primera compañía en ofrecer viajes a Cuba el pasado año en su buque Adonia, relativamente pequeño (700 pasajeros) y carente de casino y de otros servicios. La compañía promocionó el Adonia como parte de su marca Fathom, socialmente responsable. Esa línea, que combina proyectos de servicio humanitario y vacaciones, no ha logrado captar clientes por lo que la compañía matriz tiene previsto ofrecer escalas en Cuba en barcos al uso como el Carnival Paradise, que comienza a navegar rumbo a la isla en junio.

Del Rio tiene su propia opinión sobre por qué el enfoque del «volunturismo» no ha funcionado. «Ya hay algo llamado el Cuerpo de Paz para eso», comenta. Por el contrario, el primer viaje de la flota Norwegian fue una fiesta a bordo para 2.000 personas en el Sky, que hizo su primer viaje a La Habana a comienzos de marzo. Los precios del Sky van desde los 549 dólares por persona e incluyen bebidas. El barco atraca una noche en La Habana para que sus huéspedes puedan disfrutar de la vida nocturna de la ciudad hasta el amanecer. Los viajes de cuatro días de Norwegian son unos de los más cortos del sector dentro de las compañías que ofrecen circuitos por Cuba y puede disfrutarse de una cocina a bordo aderezada con especialidades locales como pollo en salsa de guayaba dulce o malanga frita, un tubérculo. 

Además, puede que Cuba y las compañías de crucero todavía tengan camino por recorrer antes de convencer a aquellos viajeros estadounidenses acostumbrados a experiencias más sofisticadas. Janine Dowdle, una jubilada de Baltimore, comenta que ella y su marido viajaron a Cuba en marzo en la primera travesía de la línea de lujo Oceania Cruises de Norwegian. El tour por la Habana Vieja fue «muy decepcionante», comenta. La parada en un mercado duró demasiado (45 minutos) y el almuerzo en un paladar, un restaurante de gestión privada, que supuestamente estaba incluido, nunca tuvo lugar (le devolvieron el dinero). 

Dowdle comenta que en la isla pagó una comisión del 13 por ciento por cambiar sus dólares estadounidenses por divisa local tras ser informada de que los comerciantes locales no aceptaban tarjetas. Y las postales que envió a EE.UU. desde La Habana nunca llegaron. «Los coches antiguos son geniales», comenta. «Los edificios se están derrumbando, es una lástima» . 

Del Rio comenta que el sector turístico cubano está mejorando. El histórico edificio de oficinas en el que su madre trabajó en su día como secretaria va a reabrir sus puertas el 9 de junio convertido en un hotel de cinco estrellas de la empresa Kempinski. Y las instalaciones portuarias podrían acondicionarse mucho más rápido si se levantase el embargo estadounidense. «Todas las grandes compañías de cruceros nos pelearíamos por invertir en infraestructura cubana si tuviéramos permitido hacerlo». afirma Del Rio.

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