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Inmobiliario

Los monjes japoneses apuestan por el ladrillo

Jason Clenfield y Katsuyo Kuwako, con Pavel Alpeyev

Los templos tienen un mantenimiento caro y se encuentran en las zonas más exclusivas

Los líderes religiosos del centenario santuario Shimogamo, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, provocaron el enfado entre sus vecinos al arrasar una franja de bosque de la antigua Kioto para construir un complejo de apartamentos, con viviendas que salieron a la venta en más de 2 millones de dólares cada una. «Podían haberlo llamado la Corporación Shimogamo», afirma enfadado Akira Hitomi, un feligrés.

El escepticismo sobre la religión es tan común en Japón que existe un dicho que afirma: «Si quieres ser rico, hazte monje». En realidad, muchos de los 180.000 templos y santuarios de Japón tienen problemas financieros graves, afirma Yoshihi de Sakurai, profesor de sociología de la religión en la Universidad de Hokkaido. «Necesitan otros negocios complementarios para cuadrar las cuentas». Mucha gente en Japón visita los santuarios de Shinto para celebrar bodas y el Año Nuevo, y los templos budistas, para funerales, pero menos del 40 por ciento se consideran a sí mismos religiosos, según las encuestas realizadas por la cadena pública NHK. Menos son aún los que mantienen una devoción suficiente para pagar por el mantenimiento de los lugares de culto, muchos de los cuales llevan varios siglos en pie y son de madera. 

Para ganar dinero, los monjes japoneses celebran eventos de citas rápidas, batallas de rap y concursos de arreglos florales para la televisión. También se han centrado en el mercado inmobiliario, el signo de los tiempos que vive Japón, donde el boom inmobiliario alimentado por los bajísimos tipos de interés y un nuevo impuesto de sucesiones ha animado a los jubilados a proteger su patrimonio alquilando inmuebles. La inversión en el mercado inmobiliario el año pasado supuso un tercio del crecimiento económico del país. 

Su ubicación es la razón principal por la que los consultores y promotores, incluyendo West Japan Railway Co. y el gigante de la construcción Sekisui House Ltd. están proponiendo estos proyectos a los monjes. Los templos y santuarios ocupan algunos de los espacios más atractivos para la construcción en las atestadas ciudades niponas. En el distrito central de Osaka, las bolas de demolición golpean hasta los cimientos un antiguo edificio que los budistas Shinshu Otani, donde se celebraban bodas y funerales. Cuando acabe la construcción, en 2019, se alzará un hotel de 17 plantas dirigido por el grupo Excel Tokyu Hotel junto a la sala principal del templo. En Tokio, Mitsui Fudosan Co. ha construido hasta el momento una torre de oficinas y dos complejos residenciales en terrenos alquilados a templos. Uno, a un paseo de la principal estación de tren del país.

En Nashinoki Shrine, un complejo con 100 años antigüedad de Shinto, junto a la muralla del palacio imperial de Kioto, los monjes alquilaron en 2012 el único espacio que les quedaba. Ahora, el templo sempertea por la parte de atrás de un edificio de apartamentos de tres plantas embutido entre las puertas de entrada de las dos torres. «No queda muy bonito», afirma Mieko Okajima, turista de Tokio que se detiene a beber en la fuente del templo. Señala con un gesto el letrero que invita a los visitantes a rellenar su botella de agua por una donación de 2 dólares y afirma: «Antes era gratis». Un monje que pasa caminando se justifica; afirma que le gustaría oír otras ideas para poder seguir tirando. 

Incluso en Kioto, donde la normativa urbanística es de las más estrictas de Japón, no existen leyes que impidan construir en el terreno de los templos o santuarios. «Mientras no incumplan la normativa sobre construcción, no podemos hacer nada al respecto», afirma Tomoko Uehara, responsable del departamento de conservación del patrimonio de Kioto. 

Para los monjes que se sienten incómodos con un desarrollo que es manifiestamente comercial, la constructora Sekisui House podría tener una solución: «Alojamientos para peregrinos». Hace tiempo que los visitantes se pueden hacer una idea del estilo de vida monástico pagando el equivalente a unos pocos dólares y ofreciéndose como voluntarios para ayudar en diferentes tareas a cambio de pasar una noche en un dormitorio básico de un templo. 

No se trata de eso, explica Masayoshi Kusunoki, portavoz de Sekisui. «Se trata básicamente de un hotel de negocios, pero con una estética japonesa tradicional», afirma. Los hoteles del templo de Sekisui, que la compañía puso en marcha en abril, se construirán con bloques fabricados en línea y ensamblados in situ. La cadena de hoteles Hyatt Regency ha lanzado una versión de lujo de esta idea en cinco zonas de templos de Kioto. Pasar una noche en uno de sus bungalows cuesta a partir de unos 1.500 dólares por persona. No es obligatorio meditar. 

Bache financiero

Shimogamo Shrine se lanzó a la aventura inmobiliaria para salir de un bache financiero, afirma Hideaki Seo, responsable de proyectos de West Japan Railway, que dirige el proyecto del templo. El templo de Shimogamo lleva siete siglos realizando renovaciones espirituales costosas y radicales, demoliendo y reconstruyendo sus enormes estructuras de madera cada 21 años. En 2013, el templo solo pudo recaudar la mitad de los 30 millones de dólares que necesitaba para ello. 

Fue entonces cuando dichos líderes religiosos comenzaron a fijarse en la promoción urbanística, y algunos feligreses empezaron a protestar. Hitomi, un agente inmobiliario, afirma que él mismo recogió firmas de más de 8.000 residentes que querían que se detuviera la promoción urbanística, pero fue en vano. Le sorprende que los monjes de Shimogamo, que llegan a celebrar bodas exprés cada 30 minutos en fines de semana, afirmaran que estaban arruinados. Los representantes del templo han declinado realizar declaraciones al respecto. 

Cuando acaben las obras en junio, los visitantes del templo de Shimogamo entrarán por un camino que discurre por el centro de un complejo de apartamentos bien decorado. Dos tercios de las 99 unidades ya están adjudicadas. El precio medio por pie cuadrado está al nivel de algunos de los barrios más caros de Tokio.

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