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Economía global

¿Se desvanecerá el efecto Trump?

Peter Coy

El nuevo Gobierno no ofrece a las empresas ni a los consumidores ninguna razón para el despilfarro

Siempre hubo algo de precario en el «efecto Trump», el brote de entusiasmo entre inversores y directivos tras la sorprendente victoria de Donald Trump en las elecciones de noviembre. Mucha gente se entusiasmó, en parte, por el entusiasmo de los demás: creían que el optimismo sería una profecía autocumplida, que marcaría el comienzo de un círculo virtuoso de gasto, inversión y crecimiento económico. La esperanza sigue ahí. Las acciones subieron casi un 2 por ciento el 24 y 25 de abril, en parte por la anticipación del anuncio de las rebajas fiscales por parte de la Casa Blanca.

Pero más allá de los mercados financieros, el entusiasmo por Trump no se ha materializado a la hora de la verdad. Las compañías no se han lanzado a contratar ni a invertir, y los consumidores no se han puesto a comprar como locos. El círculo virtuoso no ha empezado. La economía de EE.UU. sigue creciendo al mismo dos por ciento que durante la mayor parte de los años de legislatura de Obama, muy lejos del 3,5 por ciento, 4 por ciento, 5 por ciento o más que afirmó que alcanzaría Trump en repetidas ocasiones.

Los inversores de bonos que creían que Trump «reactivaría» la economía ven caer sus salarios como un globo aerostático con la válvula del calentador cerrada. Apostar por las subidas de los tipos era una posición ganadora el año pasado, cuando la rentabilidad de los bonos del Tesoro a 10 años se disparó del 1,8 al 2,6 por ciento en poco más de un mes. Desde entonces, la rentabilidad ha vuelto a caer por debajo del 2,3 por ciento. Las acciones están subiendo porque los inversores esperan rebajas en los impuestos a las empresas, y no necesariamente un crecimiento económico más sólido. 

Los economistas tienen diferentes teorías sobre la razón por la que el «efecto Trump» ha pegado un frenazo. Una es que los directivos han sufrido varias decepciones con la debilidad del crecimiento. «Hubo muchas falsas promesas de repunte de la economía en los últimos ocho años», afirma Carl Riccadonna, economista jefe de EE.UU. en Bloomberg Intelligence. «Las empresas eran optimistas, pero no dejaban de ser pragmáticas. Estaban esperando que llegaran las medidas reales».

Cuando las empresas confían en que la demanda aumentará, contratan a empleados; sin embargo, los puestos de trabajo en sectores no agrícolas aumentaron de media en 170.000 desde noviembre hasta marzo, por debajo del ritmo del año pasado. Los directivos tampoco están instalando máquinas para asumir nuevos flujos de trabajo. Los nuevos pedidos de bienes de capital, sin incluir los sectores de defensa y aviación, que son muy volátiles, aumentaron apenas un 0,3 por ciento en febrero desde el año anterior. 

Ha cundido el escepticismo. Los republicanos no han sido capaces de hacer gran cosa, pese a controlar la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso. Los recortes fiscales y el gasto en infraestructuras que se habían prometido a los directivos (aún) no se han materializado. 

Un buen indicador de la esperanza de que lleguen los recortes fiscales es el índice Goldman Sachs Group Inc. de los precios de las acciones de compañías que pagan tipos efectivos elevados y que por tanto, se beneficiarían de forma desproporcionada de dichas rebajas fiscales. Este índice pegó un salto justo después de las elecciones pero ha ido a peor que el S&P 500 desde el 1 de enero. 

El 24 de abril, un empleado de la Casa Blanca afirmó que Trump rebajará el impuesto de sociedades hasta el 15 por ciento, desde el 35 por ciento. Pero los adalides del déficit del Congreso probablemente no darán su visto bueno a una rebaja de esta envergadura sin que se produzca un recorte similar en el gasto, algo políticamente difícil de lograr, afirma Todd Lowenstein, director de investigación en HighMark Capital Management, una compañía de inversión. «Su posición de partida no es su conclusión final. Veremos negociaciones», afirma Lowenstein.

Consumidores 

Por lo que respecta a los consumidores, el aumento de la confianza tras las elecciones tampoco se ha traducido en cambios reales. Las ventas minoristas cayeron en febrero desde enero y volvieron a hacerlo en marzo. El Conference Board descubrió en una encuesta que los consumidores no tienen planes de comprar grandes electrodomésticos ni viajes, y apenas poco más dispuestos a comprar un coche que antes de las elecciones. 

Parte del problema es que el optimismo público no es en absoluto uniforme. Los republicanos están exuberantes; sus datos del índice de expectativas del consumidor de abril duplicaba el de octubre. Las expectativas de los demócratas se hundieron en la misma proporción. 

Los economistas apenas han variado sus perspectivas de crecimiento del producto interior bruto, que prevé un 2,2 por ciento este año y un 2,4 por ciento el año que viene, pero en gran medida se debe a que muchos de ellos en realidad nunca se creyeron el escenario que planteaba Trump. «Tomamos la decisión expresa de no incorporar ningún estímulo fiscal en nuestras perspectivas», afirma Ben Herzon, economista senior de Macroeconomic Advisers LLC in St. Louis. «Hemos visto parte de esta euforia reflejada en nuestras perspectivas de tipos de interés, pero no lo hemos plasmado en el PIB». Una vez más, Goldman Sachs sí tomó en cuenta parte de los estímulos de Trump en sus perspectivas para 2018, y el economista jefe Jan Hatzius afirma que la compañía se mantiene fiel a sus perspectivas. «Los vaivenes en el entusiasmo y la desesperación se han exagerado un poco. Puede que ahora la gente se esté pasando un poco de pesimista».

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