16 de Febrero, 16:46 pm

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Política

Theresa May, ante una UE preparada para la batalla

Tim Ross / Ian Wishart

La primera ministra británica tendrá que lidiar con exigencias duras en la negociación del divorcio

Este mes, la Reina cumplirá con el mero trámite de refrendar la nueva ley del Parlamento que habilita a la primera ministra Theresa May a poner en marcha el mecanismo legal para abandonar la Unión Europea. 

May se muestra fuerte. Los laboristas, su principal oposición, están sumidos en el caos y su Partido Conservador disfruta de una ventaja de nada menos que el 19 por ciento en las encuestas de opinión; y, más allá de los imprevistos puntuales, apenas está teniendo que superar obstáculos en su camino hacia un 'Brexit' claro y duro. Al abandonar una reunión de la Unión Europea en Bruselas a principios de mes, afirmó que su objetivo sigue siendo trabajar por el «Reino Unido independiente y autónomo a nivel global, que reclaman los británicos».

Pero puede que la confianza le dure poco a May. Cuando inicie el mecanismo de salida en virtud del artículo 50 del Tratado de la UE, probablemente antes de final de mes, empezará a correr el plazo de dos años para la negociación de las condiciones de salida del Reino Unido y la firma de los futuros acuerdos comerciales. Al acabar este plazo, el Reino Unido estará fuera de la UE, aunque no se alcance ningún acuerdo. «Sería peligroso acabar este proceso sin alcanzar acuerdos con nuestros socios de la Unión», afirma Dominic Grieve, exfiscal general del Reino Unido. 

De hecho, cuanto más se tarde en alcanzar acuerdos, más presión tendrá May para aceptar las condiciones que le oferten. Es un riesgo de «caos económico», afirma Charles Grant, del Centro para la Reforma de Europa. «Por tanto, si el Reino Unido quiere llegar a un acuerdo aceptable, necesita contar con la buena voluntad de sus socios». 

Pero no sobra la buena voluntad. De las entrevistas y los documentos filtrados, se deduce que los líderes de la UE, desde Berlín hasta Bruselas están prometiendo unidad en el discurso para garantizar que el Reino Unido pierde más de lo que gana con su salida. Alemania ha afirmado que la UE no va a mostrar el menor atisbo de división, ni va a tener concesiones con el Reino Unido; y Dinamarca ha advertido de que las esperanzas de May de alcanzar un acuerdo de libre comercio exhaustivo con la UE podrían tardar 15 años en materializarse. Incluso Irlanda, un socio tradicional, se ha puesto del lado de sus socios de la Unión a la hora de cobrar cara la salida del Reino Unido. 

MOSTRARSE UNIDOS

Como muestra de lo que tiene por delante May, basta una nota que circula en el Gobierno alemán y a la que ha tenido acceso Bloomberg. En ella, se insta a los gobiernos de la UE a «mostrarse unidos», porque «la prioridad» es proteger la cohesión de la Unión. También insiste en que el Reino Unido debe sufrir en sus carnes la diferencia entre la vida dentro y fuera de la UE. El 'Brexit' significará menos cooperación e integración económica en comparación con los estados miembros de la UE», y el Reino Unido recibirá trato de «país tercero», afirma el documento. «Por tanto, el 'Brexit' supone un paso atrás que tendrá consecuencias en el Reino Unido». 

Incluso antes de comenzar las conversaciones, el Gobierno británico ya ha plantado cara a la UE y a su principal negociador en el Brexit, Michel Barnier, en lo que respecta a la sugerencia de que el Reino Unido pague 60.000 millones de euros (64.000 millones de dólares) para cubrir su deuda con el resto de la UE.

Entre las deudas de la lista de Barnier se incluirían las pensiones para los funcionarios de la UE, los compromisos adquiridos en proyectos de infraestructuras y las políticas financieras como el rescate de Irlanda. Uno de los ministros más veteranos de May ha descrito la factura de Barnier como un documento «absurdo», y el exministro de Economía británico Nigel Lawson lo ha calificado como una «demanda de rescate». 

El primer ministro irlandés, Enda Kenny, ha advertido de que May tendrá que asumir los compromisos adquiridos por el Reino Unido con la UE. «Si firmas un contrato, te comprometes a participar, y evidentemente habrá que establecer a cuánto alcanza dicho compromiso», ha afirmado Kenny a los periodistas. 

Barnier insiste en que May deberá pagar antes incluso de debatir si se le confiere un acuerdo de libre comercio con el mercado único de la UE. Alemania se ha posicionado con Barnier al afirmar que habrá que establecer las condiciones del divorcio antes de debatir sobre las nuevas relaciones comerciales. 

El Reino Unido preferiría mantener las conversaciones en paralelo. May ha afirmado en el encuentro de Bruselas que sigue esperando alcanzar un acuerdo «bueno y completo» y que se siga trabajando para cumplir con el plazo de dos años. Sin embargo, ha apuntado que no se refiere necesariamente a que se cierre el acuerdo comercial en su totalidad en dicho plazo, pero que al menos sí se esboce un marco. 

Si las negociaciones se rompen, afirma May, optará por alcanzar un nuevo acuerdo comercial antes que aceptar unas condiciones negativas. Todo esto contribuye a que las probabilidades de ruptura sean «preocupantemente altas», afirma Malcolm Barr, economista en JPMorgan Chase & Co.
May también va a tener que lidiar con la creciente amenaza dentro del Reino Unido de que el gobierno escocés solicite una nueva celebración del referéndum de independencia antes de la salida del Reino Unido de la UE; además el gobierno compartido de Irlanda del Norte también podría estar en peligro. «Se ha acabado lo bueno para May», afirma Mujtaba Rahman, director general en el Grupo Eurasia de consultoría política. «La situación política está a punto de complicarse mucho».

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