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Elecciones en Alemania

Schulz, un agitador del establishment en Alemania

Birgit Jennen / Rainer Buergin / Tony Czuczka

El rival socialdemócrata de Merkel saca su lado más Merkel

En Schwerte, ciudad del oeste de Alemania, 700 personas saltan agitando un símbolo blanco y rojo al grito de «La hora de Martin». Se trata de Martin Schulz, un socialdemócrata cuyo objetivo es evitar un cuarto mandato por parte de la canciller alemana Angela Merkel en las elecciones de septiembre. Pese a la energía con la que Schulz ha entrado en escena, su mensaje es prácticamente tan radical como el menú de sus mítines de cerveza y pan negro embadurnado con Mett, un mejunje de carne cruda de cerdo y cebolla. Tras un discurso de 45 minutos en el que Schulz promueve sus principios anti-establishment, acaba pidiendo el voto para un programa que acaba con la unificación de Alemania en el siglo XIX. «Como socialdemócratas, llevamos 153 años con el mismo objetivo», afirma ante la multitud. 

En los últimos cinco años, los socialdemócratas han dado un salto desde un segundo plano lejano hasta ponerse prácticamente a la par con los demócratas cristianos de Merkel. Sin embargo, pese a que Alemania recibe con los brazos abiertos la candidatura de Schulz, como una cara nueva, el apoyo para un candidato de 61 años no representa precisamente el deseo ferviente de cambio que fomentó la salida de Reino Unido de la Unión Europea y que ha llevado a Donald Trump a la Casa Blanca. «Schulz no está cuestionando en realidad nada fundamental», afirma Daniel Hamilton, profesor en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Washington. «Solo es un agente más del establishment». 

Schulz es un político con experiencia que ocupó un escaño en el Parlamento Europeo durante 22 años, incluyendo los últimos cinco, como portavoz del mismo. Su partido ha compartido el poder con el bloque demócrata cristiano de Merkel en siete de los últimos doce años, sin grandes desencuentros. Y en el último punto importante, los refugiados, se ha mostrado en gran medida en línea con el discurso de Merkel. «La gente me pregunta siempre qué pienso de la política de Alemania sobre los refugiados», afirma ante su audiencia en Schwerte. «Está claro que Alemania ha hecho lo que tenía que hacer». 

Poco en común

Sobre el papel, Schulz y Merkel tienen muy poco en común. Schulz no terminó el Bachillerato y se dio al alcohol con 20 años. «Me bebí todo lo que pillé», declaró, antes de abrir una librería. No ha hecho ningún esfuerzo por ocultar su alcoholismo, lo que ha valido la etiqueta de honesto con su pasado. Sin embargo, Merkel se muestra como la candidata formal y meticulosa. Tiene un doctorado en Físicas, elige con cuidado las palabras y controla sus emociones. El único puesto político de Schulz en Alemania fue como alcalde de Würselen, un municipio de 39.000 habitantes en la frontera con Holanda. Merkel, de 62 años lleva ocupando un puesto público desde que asumiera un cargo en el gabinete en 1991. Pero por lo que se refiere a las políticas, las diferencias entre ambos candidatos son escasas. Si bien es cierto que Schulz ha criticado la apuesta de Merkel por la austeridad, ambos son abiertamente pro-europeos y apoyan el blindaje del capitalismo, así como una red de seguridad social basada en el éxito económico de Alemania. 

En Bruselas, Schulz se ha forjado una fama de líder activista que quiere que el Parlamento Europeo tenga un peso mayor frente a los gobiernos nacionales, así como de estratega con profundos conocimientos sobre políticas, que no rehúye el conflicto. «Es capaz de devolver la emoción a la política», afirma Friedhelm Steinbusch, abogado en Aquisgrán, al oeste de Alemania, que fue a un colegio católico para niños con Schulz en los 60 y que lo considera un amigo, aunque apoye a los demócratas cristianos. 

Ira de Berlusconi

La combatividad de Schulz provocó en 2003 la ira de Silvio Berlusconi. Tras acusar al entonces primer ministro italiano de conflicto de intereses y acometió contra las políticas anti-inmigración de sus aliados de coalición, Berlusconi comparó al alemán con un kapo, o un guardia de campo de concentración nazi. Con todo, incluso sus oponentes elogian la apuesta de Schulz por la integración europea. 

Cuando la eurozona se vio amenazada con la ruptura en 2015, Martin Schulz voló a Atenas para mediar entre los acreedores europeos y el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, que exigía con beligerancia una reestructuración de la deuda. Si bien es cierto que Schulz tiene rasgos partidistas, es un «europeísta comprometido», afirma Georgios Kyrtsos, un demócrata cristiano de Grecia en el Parlamento Europeo. 

En su carrera electoral, el discurso sin rodeos de Schulz cala entre los alemanes que se sienten dejados de lado pese a la pujanza económica del país. Las encuestas sugieren que está recibiendo apoyos del partido anti-inmigración Alternativa para Alemania, así como del bloque de Merkel, a la vez que está rejuveneciendo las bases del partido socialdemócrata: desde el partido se afirma que se han captado a 10.000 afiliados en febrero. 

Pese a que la campaña no empezará en serio hasta el verano, Schulz está generando entusiasmo entre la gente, con cuestiones que afectan a los socialdemócratas, como los derechos laborales, la inversión en educación y la necesidad de incrementar el gasto social. «Conmigo, no se atacará a la UE», afirmó en Schwerte. «Especialmente a la vista del contexto que vemos en EE.UU., la gente tiene que entender que una Europa sólida es la mejor protección para Alemania».

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