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Inversión

A la caza del trader tramposo

Gavin Finch / Edward Robinson

Una startup está elaborando un registro de conductas raras, señales de alerta que podrían indicar que un trader va por el mal camino. Será una gran herramienta para que los bancos puedan anticipar el fraude

Eres joven y quieres abrirte camino. Eres el primero en llegar y el último en salir de tu oficina en Wall Street. Trabajas los fines de semana y envías mensajes a tus compañeros con ideas para operar a todas horas. ¿Sabes qué? Ya estás dando pasos hacia tu calificación como posible trader deshonesto. Erkin Adylov, antiguo analista de investigación de Goldman Sachs está elaborando un registro de conductas de traders basadas en casos reales de cientos de miles de casos de personas poco de fiar, para los bancos que buscan señales de alerta. Adylov y su equipo trabajan desde su startup londinense, Behavox, analizando miles de datos como los niveles de estrés en las grabaciones de voz y la frecuencia de visitas a la cafetería de la empresa, para estimar la probabilidad de que los empleados acaben recurriendo a conductas deshonestas, antes de hacerlo.

El fondo de cobertura Marshall Wace y el bróker interbancario TP ICAP ya están utilizando este software para controlar a sus empleados; y algunos de los mayores bancos de inversión y brókeres de materias primas ya lo han probado. Tras pagar más de 200.000 millones de dólares en multas en los últimos ocho años por todo un abanico de conductas como blanqueo de dinero, manipulación del mercado, financiación del terrorismo, los bancos están intentando mejorar la vigilancia de sus traders para mantenerlos lejos del punto de mira de los organismos reguladores.

«Si no sabes qué están haciendo tus empleados, te vuelves vulnerable», afirma Adylov, un delgadísimo joven de 33 años, natural de Kirguizistán, con la velocidad típica al hablar de los traders. «Algunos bancos no parecen querer saber lo expuestos que están; y esos serán los siguientes en sufrir sanciones». 

Las compañías financieras están gastando nada menos que la quinta parte de sus ingresos en cumplir la normativa, en contratar a decenas de miles de investigadores, traders en paro y antiguos responsables de inteligencia para cribar las comunicaciones de los empleados. En virtud de la normativa que se aprobó en marzo de 2016, los directivos séniores del Reino Unido pueden tener que responder por los actos de sus subordinados e incluso afrontar penas de prisión. 

Behavox emplea el aprendizaje automático, también conocido como inteligencia artificial, para analizar todos los aspectos del día a día de los empleados. Las actividades de los empleados del sector financiero (desde los emails hasta el fichar al entrar y salir de la oficina), ya se están registrando. La tecnología permite a los ordenadores aprender por sí mismos a cotejar y analizar enormes volúmenes de datos, sometiendo a análisis más profundos todo aquello que se desvía de la norma en cada grupo de personas. Esto incluye cosas tan aparentemente inocuas como gritar en el teléfono, ponerse a trabajar en mitad de la noche o ir al baño con más frecuencia que el resto de los compañeros.

El sistema compara estas conductas con los casos de estudio de antiguos traders que se salieron del buen camino. Behavox ha diseñado algoritmos basados en 16 años de casos de procesos penales publicados contra traders y bancos en todo el mundo. Tras detectar conductas anómalas, ofrece una calificación del riesgo basada en los registros de observación de la conducta de la persona. También analiza las relaciones entre los empleados y detecta posibles problemas, como traders con relaciones particularmente cercanas con departamentos administrativos que controlan las operaciones. 

Mientras que otras compañías utilizan tecnología similar para observar los parqués, Behavox está recopilando un registro central de modelos de conducta accesible a todos sus clientes. Adylov lo llama el mercado de las conductas de riesgo. Cuando un cliente descubre que un empleado ha hecho algo mal, Behavox insta a la compañía a compartir los detalles de forma anónima. 

Compartir información

El principal reto consiste en convencer a las compañías de que compartan información potencialmente embarazosa sobre su funcionamiento interno. Si consigue diseñar una red lo suficientemente grande (más de tres compañías ya se han apuntado) podría cambiar la forma en que los bancos se controlan a sí mismos. «Con este sistema, los usuarios se benefician por el mayor control en el sector y por el sistema de detección y control de conductas en el mismo», afirma Conor Kiernan, responsable de tecnología en Marshall Wace, Londres. «Realmente, no merece la pena ser estrechos de miras cuando se trata del cumplimiento de la normativa». 

La confidencialidad no es el único obstáculo para Adylov. El endurecimiento de las medidas normativas que rediseñó el sector financiero desde la crisis podría reducirse con la elección de Donald Trump como presidente de EE.UU. El multimillonario ha prometido volver a aplicar la Ley Dodd-Frank de 2010. Si se rebaja el control sobre los bancos, podría reducirse el gasto en medidas para cumplir la normativa.

«Cambiar seis años de legislación llevará tiempo, pero el tono ya está cambiando drásticamente en EE.UU», afirma John Harvie, director de la consultora Protiviti. «Esto podría cambiar la forma en que operan los órganos reguladores, y no solo en EE.UU.; en el Reino Unido, tras el 'Brexit', podría acabar reduciéndose también la presión normativa para fomentar la competitividad de Londres con otros mercados». 

Ninguno de estos obstáculos desanima a Adylov, que está acostumbrado a la adversidad. Nació en un pequeño pueblo, que en su día formaba parte de la Unión Soviética, donde trabajaba de cabrero hasta que ganó una beca George Soros con 16 años para estudiar un año en EE.UU. Más adelante, sus padres, que ganaban 120 dólares al mes, vendieron su casa por 2.300 dólares para pagar un billete de avión solo de ida a Hawaii para su hijo, a quien habían concedido una beca en la Universidad Hawaii Pacific.

Adylov trabajó en cuatro empleos para financiar sus estudios, incluyendo jardinero para el gestor de fondos Clinton Bidwell III. Impresionado con la inteligencia y el carisma de Adylov, Bidwell lo contrató como investigador asistente. La complejidad y el carácter técnico del trabajo le gustaron a Adylov y en poco tiempo, lo único de lo que quería hablar era de acciones. «Fue casi como descubrir un mundo nuevo que no sabía que existía», afirma Adylov. 

Obtuvo una beca en la London School of Economics and Political Science y empezó a trabajar en Goldman Sachs, Londres, en 2007, como analista de investigación sobre renta variable. Siete años después, Adylov trabajaba como uno de los principales gestores de fondos en GLG Partners. Entonces, decidió optar por una carrera menos previsible y creó Bevavox, en 2014, en su apartamento del sur de Londres. Su idea: llevar la colaboración de código abierto y la inteligencia artificial al ámbito del cumplimiento de la normativa en el sector bancario. 

Poner ciertas funciones de vigilancia del cumplimiento de la normativa en manos de un software ayudaría a las compañías financieras a ahorrar dinero. «Aunque se reduzca la presión normativa, la justificación económica para reducir el gasto en cumplimiento de la normativa seguirá siendo complicada», afirma Mike Baxter, socio en la actividad de servicios financieros, en Bain & Co. Pero la ambición de Adylov va más allá de la eficiencia de costes. Hoy en día, los bancos están «por todas partes, con diferentes sistemas de cumplimiento de la normativa, sin forma de colaborar», afirma. «Esta gente no puede resolver el problema por sí misma».

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