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Economía global

Un dólar disparado que podría pasarse de frenada

Peter Coy / Isabella Cota / Craig Torres / Carrie Hong

El billete verde está en máximos de los últimos 14 años y podría seguir subiendo

Se están multiplicando las noticias alarmantes que apuntan a un máximo de los últimos 14 años del dólar frente a una cesta de las seis principales divisas. Su fortaleza va a lastrar al sector manufacturero de EE.UU. y provocará salidas de capital de los mercados emergentes, según los economistas. Esta subida «es una soga al cuello para la economía global», afirmó el pasado mes de noviembre David Beckworth, investigador senior de Mercatus Center, en la Universidad George Mason, de Arlington. 

Pero lo verdadera alarmante es que aunque el dólar haya subido un 6 por ciento frente al euro y un 12 por ciento frente al yen desde las elecciones presidenciales, sigue muy por debajo de sus máximos históricos. Si la subida experimentada hasta el momento ya está provocando problemas, podemos imaginar hasta qué punto se complicarán las cosas cuando se dispare de verdad. 

En el gráfico se ve todo el margen que le queda aún al billete verde. Se trata del índice de la Reserva Federal del valor del dólar frente a una cesta de divisas de 26 socios comerciales, con el valor de todas ellas ajustado a la tasa de inflación del país. Este es un indicador mejor de la fortaleza del dólar que el manido índice U.S. Dollar Index, que abarca solamente seis divisas y que no se ajusta a la inflación. El índice de la Fed sigue un 10 por ciento por debajo de su máximo de 2002 y nada menos que un 19 por ciento por debajo del pico de 1985, que llevó a alcanzar un acuerdo internacional de emergencia para rebajar el valor del billete verde con ventas coordinadas de reservas de dólar. 

Los factores fundamentales están provocando la subida del dólar. Ante la fortaleza del crecimiento y la escasa tasa de paro en EE.UU., los responsables de los tipos de la Fed prevén subidas de tres tercios de punto más en los tipos a corto plazo en 2017. Esto impulsará el dólar al alza, al mejorar la rentabilidad de la inversión en el Tesoro de EE.UU. y otros activos de renta fija. Los inversores también están apostando a que el presidente electo, Donald Trump, disparará el crecimiento a través de recortes fiscales y la inversión en infraestructuras. 

Debilidad de los rivales

Entre tanto, «la crisis de deuda de la eurozona y las penurias del renminbi chino han debilitado a los principales rivales del dólar y han consolidado su predominancia como principal referencia del resto de divisas», afirma en un email Eswar Prasad, economista de la Universidad de Cornell. ABN Amro, un banco holandés con una visión más extrema que la mayoría, prevé que el euro, que en mayo se encontraba en 1,15 dólares, no supere los 95 centavos durante la mayor parte de 2017. «Trump le da alas al dólar», apunta en un informe de investigación de noviembre. 

La fortaleza del dólar es negativa para el crecimiento de EE.UU., al reducir la competitividad de los bienes y servicios del país en los mercados globales. Existe una regla general que afirma que una subida del 10 por ciento del dólar incrementa el déficit comercial en un 1 por ciento del producto interior bruto, lo que se traduce en la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo, afirma Brad Setser, miembro sénior del Consejo de Relaciones Exteriores, en Nueva York. Varias compañías estadounidenses, como Boeing, Emerson Electric, 3M, y United Technologies ya están alertando sobre el daño que provocará la fortaleza del dólar.
qué pasará con los emergentes.

La solidez del billete verde podría provocar problemas en los mercados emergentes, como México y Turquía, porque aumenta la cantidad de divisa local que tienen que gastar los prestatarios para pagar por los bonos emitidos en dólares. Y las entidades que emiten bonos en dichos países tienen que pagar intereses más elevados para atraer a compradores cuando la Fed suba los tipos. Petróleos Mexicanos apunta a la devaluación del peso como un factor importante en el incremento del 23 por ciento del valor en pesos de su deuda en los primeros trimestres de 2016. En China, el endeudado sector de la construcción está experimentando de repente problemas para vender sus bonos emitidos en dólares.

A finales de 2015, había 9,7 billones de dólares en deuda no financiera fuera de EE.UU. emitida en dólares, y una tercera parte de la misma correspondía a emisores de mercados emergentes, según el Banco de Pagos Internacionales (BIS), que gobiernan conjuntamente los bancos centrales de varios países. «Si la tendencia actual de subida del dólar persiste, es muy probable que veamos situaciones de crisis en las divisas de los mercados emergentes», afirmó a sus clientes el pasado mes de diciembre Variant Perception, una compañía de investigación londinense.

Toda la competitividad comercial que ganan las economías emergentes cuando sube el dólar frente a sus divisas se puede anular con el incremento de los costes crediticios, afirmaba el pasado mes de diciembre un informe de los economistas del BIS Nikola Tarashev, Stefan Avdjiev y Ben Cohen. Esto es cierto para la mayoría de los países con una situación de fragilidad financiera.

Sin miedo a la subida 

Hay muchos analistas que no ven motivos de preocupación en la subida del dólar. «En nuestra opinión, el dólar ya ha subido prácticamente todo lo que tenía que subir», afirma Gorky Urquieta, codirector de deuda de mercados emergentes en Neuberger Berman, una compañía de gestión de activos. La mayoría de entidades que emiten deuda en dólares en mercados emergentes se protegen frente a fuertes subidas del dólar, bien por haber compensado coberturas financieras o por haber recibido ingresos sólidos en operaciones en dólares, afirma Joe Kogan, co-director de estrategia de Latinoamérica en Scotia Capital Markets, New York. Las economías emergentes están mejor que en 1997, cuando las subidas de tipos provocaron una crisis financiera en Asia, afirma Mark Follett, director ejecutivo de mercados de capital de deuda en regiones emergentes de Asia para JPMorgan Chase, Hong Kong. Follett tampoco tiene claro qué pasará con el dólar en adelante: «Al final, nadie lo sabe».

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