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Italia

El eterno problema de la banca italiana

Edward Robinson y Sonia Sirletti

Tras su derrota, el primer ministro italiano Matteo Renzi deja sin resolver el dilema del crédito dudoso

Es el turno de Italia. La cuarta economía de Europa es la última democracia consolidada que ha sufrido una agitación política tras la derrota en el referéndum constitucional sobre las reformas planteadas por el primer ministro Matteo Renzi, el pasado 4 de diciembre. Si bien es cierto que, tras su renuncia, el poder queda en manos de un Gobierno interino, los partidos populistas de izquierda y derecha están reclamando la convocatoria de elecciones anticipadas. 

A ojos de los mercados, el principal riesgo no es el drama que se está viviendo en la cúpula del Gobierno en Roma. Se trata de un país que ha cambiado más de 60 veces de Gobierno desde la Segunda Guerra Mundial, así que un cambio más no tiene por qué suponer nada. La verdadera preocupación es la inestabilidad de los bancos italianos. 

El país arrastra una amarga carga crediticia de 360.000 millones de euros (387.000 millones de dólares), lo que equivale a la quinta parte de la producción nacional. Esta situación ha llevado a los 12 primeros bancos del país a perder más de la mitad del valor de sus acciones en lo que va de año. El sector necesita imperiosamente estabilidad, y la convulsión política ha incrementado la incertidumbre. «A partir de hoy, este es un tema bancario», afirmó en Bloomberg Televisión tras la votación Megan Green, economista jefa en Manulife Asset Management. 

Con todo, los movimientos a corto plazo del mercado aún pueden generar expectativas confusas. Las acciones de UniCredit, el mayor prestamista de Italia, con 874.000 millones de euros en activos, subieron un 18 por ciento en tres sesiones tras el cierre de las urnas. Los inversores ya habían asumido una victoria del «no» y se descontó en las valoraciones de las acciones del banco, afirma Federico Santi, analista de Eurasia Group. Pero podrían estar subestimando los riesgos políticos que podrían aparecer en los próximos meses, incluyendo la posibilidad de unas elecciones antes de las previstas en 2018. «Todos los factores que contribuyeron a la derrota de Renzi seguirán vigentes en 2017», afirma Santi. 

¿Y ahora qué?

Todas las miradas se centran en Banca Monte dei Paschi di Siena, una institución con 544 años que personifica la deficiente evaluación de riesgos en el sistema financiero italiano. 

Se trata de un banco con 27.700 millones de euros en créditos dudosos que está intentando vender. Monte Paschi ya ha gastado 12.000 millones de euros de liquidez que recibió de rescates y ventas de acciones en los últimos años; y el Banco Central Europeo afirma que aún tiene que mejorar la situación de su capital. Ahora, Monte Paschi va a volver a sacar más agua del pozo, con los 5.000 millones de euros que pretende obtener de los inversores. 

Esto ya suponía todo un reto antes del referéndum. ¿Y ahora? Ahora podría ser una hazaña quijotesca. El 6 de diciembre, el director ejecutivo Marco Morelli convenció a los titulares de bonos del banco de que intercambiaran cerca de 1.000 millones de obligaciones subordinadas por acciones; un paso adelante significativo en su plan de venta. Al contrario que los titulares de bonos, a los accionistas no hay que reembolsarles, por lo que cambiar deuda por acciones rebaja la presión sobre el balance. 

Morelli aún tendrá que ganarse a pesos pesados como los fondos de deuda soberana para cerrar el acuerdo. Si no lo logra, podría tener que pedir ayuda al Estado. Los responsables del Gobierno ya han preparado un plan en ese sentido, según personas conocedoras de la situación. El 7 de diciembre, el banco afirmó que quería seguir obteniendo capital privado hasta el 20 de enero. 

En Europa, ya no resulta fácil seguir prolongando los salvavidas de los bancos a base de impuestos. Según la nueva normativa de la Unión Europea, los inversores en bonos y acciones son los primeros que tendrán que asumir las pérdidas. En Italia, muchos inversores en bancos con problemas no son fondos de inversión ni instituciones; son economías domésticas, pequeñas empresas y titulares individuales. Si el Estado les obliga a asumir fuertes pérdidas, habrá un precio político. Sin embargo, es posible que el BCE apruebe algún tipo de forma de protección de los particulares frente a las pérdidas, mediante reembolsos. 

ELECCIONES ANTICIPADAS

Uno de los grandes beneficiados del enfado nacional con los bancos y sus protectores en el Gobierno será el Movimiento Cinco Estrellas y otros partidos populistas. Si se celebran elecciones anticipadas, las encuestas apuntan a que probablemente dicho partido se alzaría con la victoria. Es un partido que quiere celebrar un referéndum sobre la posible salida de la eurozona. Ninguno de los 19 países miembros de la Unión Monetaria ha abandonado la unión, por lo que la salida de Italia podría desestabilizar el euro. 

Aunque Monte Paschi complete su proceso de recapitalización, no será suficiente para romper el ciclo de crisis en el que lleva varios años inmerso el país, afirma Sony Kapoor, director general de Re-Define, un grupo de investigación londinense. La situación podría retrotraerse hasta una decisión que adoptó Italia en 2012, cuando la crisis de deuda amenazaba la solvencia de los países del Mediterráneo con excesiva carga crediticia. España recurrió a un rescate de 59.000 millones de euros para reflotar su sector bancario y ahora su economía está creciendo a un ritmo del 3 por ciento. Italia, que no fue indulgente con la especulación inmobiliaria que castigó a los prestamistas españoles, decidió no recurrir al rescate. Pero las recesiones han lastrado la economía, y los bancos han crecido menos, con la creciente tasa de mora. 

El PIB per capita de Italia a día de hoy es menor que en 1999. Con los bancos escatimando en crédito para poder gestionar sus pérdidas, Renzi y sus predecesores se las han tenido que apañar para que la economía siga adelante, con un brazo atado a la espalda. 

«El problema de los bancos italianos es un lastre tremendo para el crecimiento, pero no se va a solucionar de forma espontánea», afirma Nicolas Veron, un directivo de Bruegel, un grupo de expertos de Bruselas. En su opinión, los líderes políticos y financieros tienen que acordar un plan para solucionar definitivamente la situación de los prestamistas. 

Una forma de empezar sería agitar la economía con un programa de estímulo, como un paquete de infraestructuras, afirma Kapoor. Un empujón en el crecimiento a corto plazo ayudaría a los bancos a «reducir los créditos dudosos pendientes, lo que ayudaría a mitigar las reacciones políticas frente al establishment», afirma Kapoor. «¿Será capaz de hacerlo el siguiente Gobierno en los próximos 18 meses? Los problemas de Italia parecen inabordables».

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