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Compañías

Los fabricantes de vehículos también podrían chocar contra el muro de Trump

Craig Trudell, Keith Naughton y Elisabeth Behrmann, con Ma Jie

Los acuerdos comerciales podrían conllevar el desarrollo de una nueva Detroit al sur de la frontera. ¿Lo impedirá Trump?

Ford fue uno de los objetivos favoritos de Donald Trump, que arremetió contra la compañía durante su campaña electoral por producir automóviles al sur de la frontera. General Motors, Toyota y Nissan se han salvado de las críticas a lo largo de la campaña y sin embargo comparten líneas estratégicas con su denostada competidora: incrementar la fiabilidad de las plantas mexicanas para fabricar millones de vehículos y muchos de sus componentes. Esto supone un riesgo para las mismas si el presidente electo cumple su amenaza de incrementar las cargas fiscales en los vehículos ensamblados a la otra orilla de Río Grande. 

«Trump podría, o más bien, intentará levantar barreras», afirma Ferdinand Dudenhöffer, director del Centro de Investigación del Automóvil de la Universidad de Duisburg-Essen, Alemania. «Por tanto, podrían salir beneficiados los fabricantes de vehículos con centros de producción en Estados Unidos. México, el nuevo El Dorado del sector del automóvil, podría salir perdiendo». 

Desde 2010 nueve fabricantes a nivel mundial, incluyendo GM, Ford y Fiat Chrysler, han anunciado inversiones en México por valor de más de 24.000 millones de dólares; y no solo para la fabricación de coches baratos. La unidad de Audi de Volkswagen, BMW y Daimler fabrican o planean ensamblar vehículos de lujo, motores y camiones pesados en este país low-cost, que Trump afirma que ha salido beneficiado en detrimento de los trabajadores estadounidenses. La producción de México podría multiplicarse por más de dos en esta década, desde los 2 millones hasta los 5 millones de vehículos, según el Centro de Investigación del Automóvil. 

Durante su campaña, el presidente electo amenazó con gravar con un impuesto del 35 por ciento los coches que Ford fabrica en México y envía de vuelta a EE.UU.; un lastre que los fabricantes de automóviles temen que se extienda al resto del sector. Trump «comenzaría una guerra comercial a nivel mundial» si decide acabar con los acuerdos comerciales y recurre a medidas anti-dumping para imponer aranceles en general a otros países, afirma Donald Grimes, economista del Instituto de Investigación sobre Empleo y Economía de la Universidad de Michigan. 

Acabar con el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, por ejemplo, exige un preaviso con seis meses de antelación a Canadá y México. Además, dicho tratado no especifica que el presidente tenga que contar con la aprobación del Congreso, afirma. «Los demás países tomarían represalias. Se dispararía el precio al consumidor. La Reserva Federal subiría los tipos de interés. La situación se pondría muy fea», afirma Grimes. 

CENTRO NEURÁLGICO

El boom del sector del automóvil en México no se ha debido solo a las diferencias de salarios, que en México son un 80 por ciento más bajos que en EE.UU. El gobierno mexicano ha fomentado campañas agresivas del sector por todo el mundo, con la celebración de 13 acuerdos de libre comercio con 44 países que suponen hasta un 60 por ciento del producto interior bruto global. El país tiene un acceso libre de impuestos al 47 por ciento del mercado del automóvil a nivel mundial, frente al 9 por ciento de EE.UU. Todo esto ha convertido a México en un centro neurálgico de la exportación de automóviles. 

México también ofrece ingentes incentivos a los fabricantes de automóviles, como inmuebles subvencionados, y ha ayudado a los fabricantes a mejorar la calidad invirtiendo en un sistema de educación que permite la graduación anual de más de 90.000 ingenieros y técnicos. Todo esto no solo ha conllevado la implantación de fábricas sino el crecimiento de centros de investigación y desarrollo del automóvil por todo el país. 

«El aumento de las ventajas estratégicas y financieras de México para los fabricantes de vehículos y proveedores de piezas está solidificando rápidamente la posición de México como un agente fundamental en el sector del automóvil a nivel mundial», afirman David Andrea, Sean McAlinden, y Kristin Dziczek en un artículo publicado en julio por el Centro de Investigación del Automóvil. «México se ha convertido en un centro clave para la inversión». 

Nafta creó un mercado del automóvil muy integrado en Norteamérica que es fundamental para el devenir de todos los fabricantes de automóviles que operan en el mismo, afirma el economista especializado en el sector McAlinden. «Interrumpir el flujo comercial respecto de la frontera canadiense o mexicana sería mucho más que meter un palo en la rueda de esta bicicleta», afirma. Conllevaría crear un sector del automóvil muy poco competitivo».

Los planes de japón

Japón, el tercer exportador de turismos a Estados Unidos, por detrás de Canadá y México, y objetivo también de las quejas de Trump, también ha apostado mucho por el mercado mexicano. Los fabricantes japoneses tienen una capacidad combinada de fabricación de cerca de 1,36 millones de vehículos al año en México, casi la mitad de la capacidad de sus fábricas en EE.UU., y han anunciado planes de creación de nuevos centros con capacidad para ensamblar otros 430.000 vehículos al año. La cuota de esa nueva producción que llegará a EE.UU. no se ha anunciado. Los modelos fabricados o planificados de producción en México y de comercialización en EE.UU. incluyen el Toyota Corolla, el Nissan Versa y Sentra y el Honda Fit y HR-V.

Nissan es el principal fabricante de coches de México. Cuando decidió establecerse en el país, allá por 1966, contaba con 740 empleados; a día de hoy, cuenta con más de 4.800. La compañía cuenta con dos centros en EE.UU., el de Mississippi y el de Tennessee, con una capacidad total de 1,1 millones de vehículos. Pero en el ejercicio que finalizó el 31 de marzo, 380.000 Nissan más producidos en México, o lo que es lo mismo, el 46 por ciento de su producción allí, se exportaron a EE.UU. Además, en colaboración con Daimler, está construyendo una fábrica de 1.000 millones de dólares en Aguascalientes, su cuarto centro en México. 

«Si Nafta pasa a ser objeto de debate en algún momento, las compañías japonesas se verían muy afectadas, particularmente en lo que respecta a las inversiones relacionadas con el sector del automóvil en México», afirma Bob Takai, presidente y CEO de Sumitomo Corp Global Research». «Si las actividades de trading e inversión se van a ver comprometidas por la nueva presidencia, puede que tengamos que marcharnos a otro sitio». 

El CEO de Daimler Dieter Zetsche espera que la retórica de campaña de Trump sobre el comercio se suavice. «Se dicen muchas cosas en caliente durante las campañas. Espero y creo que en este caso, no pase de ahí».

Por ahora, los fabricantes de vehículos de EE.UU. y el sindicato del sector se han mostrado abiertos al diálogo con el presidente electo. «Sigo convencido de que prevalecerán las políticas adecuadas, porque creo que todos compartimos el mismo objetivo: una economía saludable y vigorosa en EE.UU.», afirma el director ejecutivo de Ford Mark Fields, quien afirma que su compañía favorece una «mercado libre y gratuito». GM y Fiat Chrysler afirmaron en sendas declaraciones que trabajarían con Trump y las nuevas políticas de apoyo a la fabricación en EE.UU. «Tenemos que abrir el mercado», afirma el CEO de BMW Harald Krüger, cuya compañía está construyendo un nuevo centro de fabricación de vehículos en San Luis de Potosí, México, que se espera que comience a producir en 2019. Esta compañía de vehículos de lujo envía muchos de los SUV ensamblados en su fábrica de Carolina del Sur a mercados de todo el mundo y a su vez, exporta turismos y Mini Cooper a EE.UU. desde Europa. «Vivimos de las exportaciones y las importaciones».

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