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Instituciones de Inversión Colectiva

Sin remilgos en la industria de fondos

sarah jones

En tiempos de rentabilidades bajas, los inversores institucionales europeos han tenido que ampliar horizontes e invertir en rarezas como un sex shop o una casa de apuestas para buscar rentabilidad

Hace tres años, el alcalde de Ámsterdam preguntó a una sala repleta de gestores de fondos si había alguien dispuesto a invertir en la regeneración del célebre barrio rojo de la ciudad. Solamente se levantaron dos manos. La misma pregunta a día de hoy podría haber provocado una guerra de ofertas. «En el mercado actual, todos los presentes en aquella sala levantarían la mano», afirma Boris van der Gijp, director de la consultora sobre fondos de pensiones Syntrus Achmea Real Estate & Finance, que asistió en su día al evento. «Pero por aquel entonces, no había mucha gente que se hubiera atrevido ni a plantear un acuerdo así».

En la coyuntura actual, con el pan de cada día (los bonos públicos), a menudo en niveles de rentabilidad negativos, los fondos de pensiones europeos y las aseguradoras han puesto su punto de mira en otras inversiones poco frecuentes, desde convertirse en propietarios de sex shops en Holanda hasta comprar salas de bingo en Reino Unido. Los ahorros para la jubilación de los empleados de la BBC están financiando la construcción por parte de la compañía de una galería de saneamiento en Londres, mientras que Pension Insurance Corp., que asegura las obligaciones relativas a las pensiones de la compañía, está invirtiendo en deuda garantizada con derechos de franjas horarias de aterrizaje en el Aeropuerto de Heatrow. La aseguradora alemana Versicherungskammer Bayern se llegó a plantear invertir a principios de año en albergues para refugiados, aunque al final se echó atrás. 

«Los tiempos en los que solo se compraba renta variable y bonos han quedado atrás», afirma John Walbaum, director de Consultoría de Inversión en Hymans Robertson, compañía que asesora a fondos de pensiones. Los gestores de los fondos de pensiones «necesitan crear patrones de rentabilidad constante», afirma, y en su afán por encontrar ingresos para sus inversiones, «están rebuscando hasta en el último rincón». 

INMUEBLES EN ÁMSTERDAM

En 2013 se puso a la venta la participación en una cartera de pequeños inmuebles en Ámsterdam. Con la alargada sombra de la crisis financiera ciñéndose aún en Europa, la idea de invertir en cualquier activo relacionado con el mercado inmobiliario de Ámsterdam no podía pasar desapercibida, particularmente si se trataba de un barrio conocido por sus sex shops, prostíbulos legales y coffe shops donde se despacha marihuana. 

Las dos instituciones que expresaron su interés fueron los fondos de pensiones que representaban a los agricultores y a los empleados de Rabobank Groep, el segundo mayor prestamista por activos en Holanda, según Van der Gijp, que asesoró a ambos. Los fondos acordaron en julio adquirir una participación del 35 por ciento de una cartera de cerca de 100 inmuebles por 60 millones de euros (66,2 millones de dólares). Las condiciones preveían que no podría emplearse ninguno de dichos inmuebles para actividades relacionadas con la prostitución o las drogas, pero las tiendas de artículos sexuales sí se aceptaban, al menos hasta que finalizarán los contratos de alquiler.

Por aquel entonces, se esperaba que los activos no ofrecieran una rentabilidad superior a algunos puntos porcentuales, afirma Van der Gijp. Pero la operación sí contemplaba derechos a desarrollos residenciales más lucrativos lejos del centro de la ciudad, como garantía. «No es muy normal que un fondo de pensiones sea propietario de un sex shop, pero desde un punto de vista financiero, es un negocio muy rentable», afirma. «Hoy en día, la competencia en el mercado inmobiliario es feroz».

Las inversiones de los fondos de pensiones en los denominados activos alternativos en los mayores mercados del mundo aumentaron hasta el 24 por ciento en 2015 desde el 5 por ciento de 1995, según los datos de Willis Towers Watson. No es la primera vez que la búsqueda de rentabilidades resulta una tragedia, pero el exiguo nivel de rentabilidades que estamos viendo hoy en día es algo excepcional. Solo en Reino Unido, la reducción de los fondos de pensiones que pagan a los jubilados un porcentaje de su salario anual supuso un billón de libras (1,2 billones de dólares) durante el verano, tras el hundimiento de las rentabilidades como consecuencia del Brexit, según Hymans Robertson. «Lo que había funcionado en los últimos ocho años, ya no funcionará en los próximos seis», afirma Ingo Heinen, director comercial de Inversión en BlackRock, Londres. 

Otra compañía que se ha beneficiado del dinero de las pensiones ha sido Lottoland, con sede en Gibraltar. Una compañía que permite a sus clientes apostar online sobre los resultados de los principales sorteos, como EuroMillones y MegaMillones. El director ejecutivo, Nigel Birrell, buscó primero inversores fuera en 2015, con la venta de 100 millones de euros de deuda a dos años para cubrirse frente al pago de premios gordos. Este instrumento se renovó en agosto y algunos de los primeros inversores incrementaron su inversión, pese a que se recurrió a sus fondos en dos ocasiones para pagar premios gordos. El atractivo de este producto es que dependiendo del nivel de riesgo que asumen los fondos de pensiones, la rentabilidad puede llegar a ser de dos dígitos. 

Compra de 52 bingos

También está el bingo. Un fondo inmobiliario de M&G Investments, compró en nombre de sus clientes, incluyendo el fondo de pensiones que representa a la Asociación Médica Británica, 52 bingos de Gala Leisure por un total de 173,5 millones de libras; una inversión que reportó una rentabilidad neta del 8,4 por ciento. Los locales se volvieron a alquilar a Gala, que los gestiona. El fondo, supervisado por Ben Jones, director de inversión Inmobiliaria, también ha destinado fondos a clínicas de rehabilitación, gimnasios y casas de subastas de vehículos. Jones cogió la idea de un analista de operaciones de crédito a empresas de M&G, que llevaba más de diez años ofreciendo créditos a Gala. «Al contrario de lo que se piensa en general, el bingo no es un sector en declive», afirma Jones. «Antes que nada, el inversor busca rendimientos a largo plazo». Puede que el bingo no resulte muy estimulante, pero en estos tiempos, supera la rentabilidad de los bonos públicos.

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