Vocento 15 años 21 de Noviembre, 11:08 am

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Reportaje

Las vacas flacas de los hedge-funds en EEUU

Saijel Kishan

Hay demasiados productos de este tipo, demasiado dinero y pocas ideas

Howard Fischer se reclina en su asiento junto a la ventana de un bar de zumos en Greenwich, Connecticut, y le da un sorbo a su bebida mexicana de moca fría. «Es una miseria, una miseria», afirma el fundador del hedge fund de 1.100 millones de dólares, Basso Capital Management, sobre el retorno de los últimos años. «Si esa es la expectativa normal, lo que tengo no es un negocio».

Por todo el sector de los hedge funds se oyen lamentos como el de Fischer. Los gestores de fondos que se enorgullecían de sus proezas en el mundo del trading están poniendo en duda su capacidad para generar los beneficios que en su momento los situaron entre los más ricos del sector financiero. «Muchos inversores parecen estar cayendo en la cuenta de que lo que hasta ahora habían dado por sentado, ha dejado de valer», escribió el pasado mes de junio en un diario Jordi Visser, director de Weiss Multi-Strategy Advisers, un hedge fund de 1.000 millones de dólares.

Los hedge funds, muchos de ellos situados en Greenwich, han publicado unos rendimientos anuales del 2 por ciento en los últimos tres años, en comparación con el 7,8 por ciento de una cartera de un único índice con un 60 por ciento de acciones y un 40 por ciento de bonos, según los datos obtenidos por Bloomberg. La mezcla de unos resultados exiguos junto con las quejas por las elevadas tasas de los planes de pensiones y otros inversores han conllevado la retirada de 23.300 millones de dólares de los hedge funds en el primer semestre del año, según Hedge Fund Research. Cerca de 530 fondos se liquidaron en el mismo periodo, el ritmo más alto desde el final de la crisis financiera. 

Los gestores culpan a la ingente cantidad de dinero de los fondos de índices y las operaciones de trading con algoritmos de disparar los movimientos de los precios y provocar que las acciones se muevan más al unísono, socavando la capacidad del inversor para salir indemne en sus apuestas por compañías concretas. Lamentan la política de tipo casi cero de los bancos centrales y las decisiones económicas y políticas de los gobiernos de todo el mundo.

Craig Effron, cofundador a finales de los 80 de Scoggin Capital Management, un fondo de 1.800 millones de dólares, afirma que los últimos años han sido los más sorprendentes de toda su carrera. Entendió que las hipotecas subprime perdieran su valor hace una década, pero no logra comprender qué significan los tipos negativos en Japón o Dinamarca. «Había un manual de estrategia basado en una lógica que funcionó casi siempre hasta 2008», afirma. «Pero el juego ha cambiado y los inversores lógicos siguen sin diseñar su manual de estrategia». 

La frustración se ha dejado notar a ambos lados del Atlántico. George Papamarkakis, de North Asset Management, un fondo londinense, afirma que la crisis financiera de 2008 fue como un infarto; la situación actual es más como una enfermedad crónica para muchos; una «muerte lenta». Su principal fondo ha caído un 10 por ciento este año, aunque empezó perdiendo dinero y luego se recuperó.

Papamarkakis intenta sacar partido de las tendencias económicas. Eso significa que confía mucho en las operaciones con bonos, pero con los tipos de interés tan bajos, es toda una proeza ganar dinero. «Hay numerosas ineficiencias en el mercado de las que poder sacar provecho», afirma. «La alfa real que se puede generar en estos mercados, por definición, es finita». Alfa significa, básicamente, el retorno por encima de lo que podrías recibir por invertir en un índice. 

Un problema peor

Incluso si cambian las condiciones del mercado, los gestores afirman que el sector de los hedge funds va a tener que afrontar un problema peor. «Cualquier sector que es bueno acaba sufriendo un exceso de competencia», afirma Effrom. Los fondos hedge funds ganan dinero encontrando oportunidades que nadie más ha detectado, algo que se ha complicado con la entrada de dinero en el sector. Desde 2008, los activos de los hedge funds se han multiplicado por más de dos, hasta los 2,9 billones de dólares. Effron afirma que el sector va a tener que reducirse para que puedan medrar los supervivientes. Eso podría suponer que nada menos que la mitad de los 8.400 fondos que existen en todo el mundo deberían desaparecer, afirma.

Fischer, de Basso Capital afirma que la supervivencia dependerá también de un cambio de actitud. Bajo su punto de vista, antes era el «típico idiota de los hedge funds» que conducía coches rápidos y volaba en jets privados. Pero tocó fondo «a nivel emocional, psicológico y económico» con las pérdidas de 2008. Recibió un curso de liderazgo que cambió su forma de pensar y ahora dedica el tiempo a leer libros sobre el medio ambiente e invertir su propio dinero en busca de un impacto social. Su hedge fund ha subido un 4,75 por ciento este año. Fischer afirma que muchos fondos han cerrado porque los gestores no soportaban ganar menos o no sabían tratar con los clientes. Recomienda a algunos de sus compañeros que se tomen un descanso y dediquen sus habilidades a otros menesteres. «Se les puede convencer de no ser unos idiotas el resto de su vida», afirma.

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