Los mercados occidentales se han movido sin un rumbo claro durante varias semanas y es lógico pensar que, por lo por menos hasta ahora, las mejores rentabilidades ya se han producido. Pero como ocurre casi siempre, cuando una clase de activo pierde fuelle, otra cobra impulso y empieza a ganar terreno. La renta variable todavía tiene fuerza para proseguir con su ascensión, pero creo que nos encontramos en los primeros compases de un espectacular repunte de la producción industrial y ello debería provocar una escalada en los precios de las materias primas.
Para aprovecharlo, y para cubrirme ante una probable subida de la inflación, he vendido bonos corporativos y he comprado materias primas en los fondos multiactivos que gestiono. Sigo apostando por las acciones, especialmente en los mercados emergentes y la región de Asia menos Japón, pero actualmente las materias primas es lo que más sobrepondero.
La confianza empresarial está subiendo con fuerza, los economistas están revisando al alza sus previsiones y las economías de la OCDE están saliendo una a una de sus recesiones. Los indicadores adelantados de crecimiento están muy fuertes. Debemos recordar que el hundimiento de los PIB a comienzos de este año fue causado por el pánico que se desencadenó tras la quiebra de Lehman. Ahora que la crisis financiera ha pasado, podríamos ver una recuperación igual de acusada. Las empresas ya están acelerando la producción. Volverán a contratar personal, a invertir y a reconstituir sus inventarios. Tengo que admitir que a veces parece que las cosas ocurren a cámara lenta, pero eso no significa que el crecimiento vaya a ser débil. Entretanto, a pesar de las claras señales de crecimiento, los bancos centrales mantienen la relajación monetaria extrema.
Todo ello configura un panorama positivo para las materias primas, que hasta ahora habían quedado muy rezagadas con respecto a la renta variable. El índice FTSE100 ha llegado a ganar un 50% desde sus mínimos del 3 de marzo pasado. La renta variable emergente ha ganado casi un 100% en libras esterlinas desde sus mínimos de octubre del año pasado. Sin embargo, el índice Dow Jones, que aglutina 19 materias primas diferentes, sólo ha generado una rentabilidad del 14% desde marzo, un nivel que se volvió a tocar hace apenas unos meses, en julio de este año.
En el pasado, un fuerte movimiento al alza de los indicadores adelantados de crecimiento ha presagiado un fuerte ascenso de los precios de las materias primas. Hasta ahora las materias primas han encontrado apoyo en China, que ha acumulado grandes volúmenes de materiales ante el fuerte desarrollo de la construcción de infraestructuras en el país. China, no obstante, no es un caso aislado. En líneas generales la demanda de los mercados emergentes probablemente mantendrá su fortaleza. Además, las economías desarrolladas están a un paso de lo que podría ser una gran reconstitución de los inventarios industriales. Esto podría dar más impulso a las materias primas y alimentar una escalada entre finales de este año y comienzos del próximo.
También podría augurar problemas para la deuda pública. Creo que veremos una pequeña oleada de pánico inflacionista a comienzos del año próximo a medida que los efectos de base del petróleo vayan dejando de ser muy deflacionistas para convertirse en muy inflacionistas. En julio, los precios del petróleo habían caído más de la mitad desde su máximo de 145 dólares por barril el año anterior. En diciembre, el crudo habrá incrementado su precio más del doble desde el mínimo de 30 dólares por barril que se registró en diciembre de 2008. Este giro afectará de lleno a los indicadores de precios al consumo. La previsión de consenso en la región atlántica indica que la inflación general en EE.UU. pasará de -2% a +2% en el primer trimestre del año. La situación es similar en el Reino Unido, donde además está el impulso adicional que recibirán los precios cuando el recorte temporal del IVA llegue a su fin. Me puedo imaginar perfectamente la reacción de los medios. Ciertamente parecerá que los gobiernos están imprimiendo dinero para inflar la economía y librarse del considerable lastre de su deuda.
Los economistas apuntan al exceso de capacidad en la economía como la razón por la cual la inflación se mantendrá baja. Pero la absorción de esta capacidad dependerá del ritmo de recuperación. El exceso de capacidad fue considerablemente mayor en 1982 que ahora y duró menos de un año.
Varios países ya han subido los tipos de interés desde los niveles de emergencia, entre ellos Noruega y Australia, ayudados por el dinamismo de sus exportaciones de recursos naturales. EE.UU. y el Reino Unido están todavía a muchos meses vista de hacer lo mismo, pero los bancos centrales estarán cada vez más presionados para aplicar una estrategia de retirada de los tipos ultrabajos y esto pesará sobre la deuda pública.
Como resultado de estos cambios positivos para las materias primas, he incrementado mi posición táctica de sobreponderación en ellas dentro de los fondos multiactivos que gestiono. A medida que empiece a despegar el crecimiento y la inflación, aumentará la presión sobre los bancos centrales para que reduzcan sus compras de deuda pública a través de sus programas de relajación cuantitativa. Esta reducción en la demanda de bonos elevará los rendimientos, pero a expensas de la caída de los precios, por lo que recortar la exposición a deuda pública se me presentó como la opción más obvia para financiar el incremento de la exposición sobreponderada a las materias primas.

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