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Banca digital

8-M: Ellas también lideran la transformación digital

Son minoría pero no se sienten en inferioridad de condiciones. Y, cada mañana, se levantan para construir el futuro de la banca española. Son las mujeres que trabajan en innovación financiera. Con motivo del 8 de marzo, hemos entrevistado a 4 de ellas

Las cifras resultan demoledoras. De los 8,4 millones de personas que trabajan en puestos relacionados con tecnología en la Unión Europea, solo el 17,2 por ciento son mujeres, según datos de Eurostat, la oficina de estadística comunitaria. En el caso de España, la realidad es un punto porcentual más deprimente, pues la proporción ronda el 16 por ciento, por debajo de la media. Y el problema viene de base pues, de los 1,3 millones de estudiantes que optaron por carreras relacionadas con este campo en el conjunto de la Unión, solo uno de cada seis fueron mujeres (el 16,7 por ciento). Con estos mimbres, no es de extrañar que los puestos relacionados con innovación tecnológica y transformación digital (un área totalmente estratégica para los bancos) estén mayoritariamente copados por hombres. Pero eso no significa que no haya mujeres dando la batalla en este campo, desempeñando puestos de relevancia en casi todas las entidades financieras. De hecho, cada vez son más numerosas. Hemos hablado con cuatro de ellas con motivo de la celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Es nuestro pequeño homenaje a una labor fundamental que están realizando estas pioneras: la de ir abriendo camino para el resto de féminas y proporcionar referentes de peso a las nuevas generaciones.

Lo primero que llama la atención al hablar con estas representantes del sector es que rehúyen las quejas, el victimismo o centrarse en contar los momentos en los que su condición de mujer les ha supuesto un freno en su carrera. Les cuesta deslizar críticas y, cuando lo hacen, son bastante matizadas: «Todas asumimos que hay ciertos puestos de alta dirección en los que hay menos mujeres pero yo no lo identifico directamente con discriminación hacia mí. Nunca he notado que la circunstancia de ser mujer me haya impedido optar a algún puesto. Aunque el hecho de que en los consejos haya menos mujeres, de alguna forma, nos afecta a todos», explica Berta Ares, responsable de Transformación Digital de BME. Gabriela Orille, directora de Innovación de Andbank, se expresa en la misma línea: «Si miras los porcentajes, las mujeres representan el 23,5 por ciento de los consejos de administración y España se encuentra entre los países con mayor desigualdad. Yo tengo la suerte de que mucha gente ha confiado en mí pero, en algunos momentos, no todo han sido facilidades». 

¿Qué hacer para promover la igualdad?

Pero, más allá de que estas profesionales no hayan vivido situaciones de discriminación (o de que no lo quieran contar), lo que sí creen es que es preciso realizar una labor importante de visibilización de mujeres en puestos de relevancia para servir de referente a las nuevas generaciones femeninas. «Hay que hablar de la necesidad de que las chicas opten por estudiar temas tecnológicos porque es lo que va a dirigir el mundo. La visibilidad, a este respecto, es esencial. En ese sentido, yo percibo un cambio en la sociedad. El hecho de que éste se haya convertido en un tema de conversación y de que ya todo el mundo lo asuma, va a suponer un cambio», opina Ares.

Orille también cree que es un asunto relevante. De hecho, ella -que es una verdadera 'freak' del mundo de las finanzas (empezó construyendo páginas web sobre análisis bursátil cuando apenas contaba 20 años)- sí tuvo un referente femenino en carrera de ciencias (su madre, perito industrial). «Tener un referente es fundamental. Por eso, los programas de 'mentoring' son cruciales. Porque dicen que las niñas empiezan a pensar que la ciencia es cosa de niños a partir de los 6 años. Hay que decirles que no, promover que amen la tecnología. Y eso será cuestión de tiempo. Habrá que ver qué hacen esas niñas que estamos mentorizando cuando pasen 10 años», dice Orille.

Pero, ¿qué otras cosas pueden hacerse más allá de construir un mundo plagado de referentes femeninos, según nuestras protagonistas? Ares reconoce que también es importante que las empresas reflexionen «sobre si están dejando a las mujeres prosperar» y adopten las medidas necesarias en este sentido. Asimismo, explica que es importante que se eduque a las mujeres de manera que se sientan capaces de desempeñar puestos de relevancia pues, en más de una ocasión, se ha encontrado con compañeras que han desechado una oportunidad importante al sentirse abrumadas por el reto (y pese a contar con sobrados galones para desempeñarlo). Por último, hay que recordar que los problemas de conciliación familiar son una constante en ésta y otras industrias.

Pero, además, Alicia Pertusa, responsable de Estrategia y Blockchain en Customer Solutions de BBVA, pone el acento en otro aspecto: «Es responsabilidad de cada uno de nosotros, en nuestro ámbito, sea grande o pequeño, crear oportunidades para el desarrollo de las mujeres, en el entorno profesional, social y familiar». Es decir, que cada uno debe poner su pequeño granito de arena.

Pero eso no quiere decir colocar a mujeres en puestos importantes por el mero hecho de serlo. Estas cuatro protagonistas tienen unos currículos brillantes y probablemente no desean que nadie ponga en duda que están ahí por otros motivos. «Creo en el talento sin género. No hay que favorecer a nadie por ser hombre o mujer», dice al respecto Orille. «Las mujeres somos igual que los hombres: buenas, malas y regulares. No creo que tengan nada específicamente que aportar frente a los hombres. Pero suponen el 50 por ciento de la población y es importante que se puedan incorporar en todos los sectores porque ahí hay mucho talento que se tiene que intentar sacar. Si no, sería una pérdida», añade Raquel García.

Pero aunque estas profesionales no pongan el acento sobre ello, la ciencia sí reconoce que las mujeres suelen destacar en ciertas habilidades respecto a los hombres (como, por ejemplo, en «capacidad de planificación, en empatía emocional o en cerebro multitarea»). Y esas habilidades podrían convertirse ahora en un punto a favor de su carrera, teniendo en cuenta el cambio radical que está viviendo el sector y que afecta desde la organización de las compañías hasta las habilidades que se buscan en los empleados. Por ejemplo, los organigramas jerárquicos tiene cada vez menos sentido en el mundo actual, que va a tender a favorecer cada vez más las organizaciones transversales, en las que las mujeres se sienten más cómodas (se dice que las directivas suelen consensuar las decisiones en mayor medida que los hombres al mando).

Las mujeres de letras también innovan

Por último, hay una nueva tendencia que consiste en la introducción de las disciplinas artísticas entre las materias consideradas tradicionalmente relacionadas con la innovación, como son la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (transformando el acrónimo anglosajón STEM en STEAM). Así, mientras que antiguamente se pensaba que solo los profesionales formados en esas especialidades podían desempeñar cargos en departamentos de innovación, ahora se abre la puerta a los especialistas en diseño y artes plásticas, en los que abundan las mujeres. Orille lo explica así: «Ahora, las artes están cobrando importancia en innovación y muchas mujeres se podrán incorporar porque habrán estudiado filosofía o lingüística. Y eso está cobrando valor en disciplinas como la robótica o la inteligencia artificial porque tienes que entrenar a tu robot. Empiezan a emerger una serie de profesiones que antes no estaban tenidas en cuenta. También tenemos que aprender de las letras: filosofía, historia o arte. Por ejemplo, los bancos empiezan a comprar agencias de diseño porque todas las aplicaciones móviles tienen que ser bonitas, atractivas y usables». 

Su visión del sector

Y, ¿cómo ven estas mujeres el futuro cambiante del sector? Una cosa que llama la atención a ese respecto es que, preguntadas por este extremo, nuestras entrevistadas no se centran en enumerar un catalogo de novedades tecnológicas del estilo del big data o la inteligencia artificial (aunque, por supuesto, forman parte de su vocabulario). Pero, en general, piensan que eso son herramientas al servicio del cambio. Por contra, ellas ponen el foco en cómo va a cambiar el negocio bancario en sí. Así, Raquel García cree que se va a producir un salto cualitativo en el consumidor, que cada vez va a ser más proactivo y a comparar más. Lo mismo piensa Orille, cuando dice que los usuarios «no se van a casar con nadie», lo que les va a obligar a los bancos a «enamorar a los clientes» a través de una banca «de experiencias». Por eso, Alicia Pertusa cree que, pese a los cambios, la banca seguirá «como siempre»: «centrada en dar valor a los clientes» y en ofrecerles «el mejor servicio».

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