23 de Marzo, 06:07 am

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GÉNERO

La igualdad entre mujeres y hombres en el trabajo elevaría el PIB un 20%

Si la participación en el mercado de trabajo, las horas trabajadas y la productividad fueran equivalentes en hombres y mujeres, si se alcanzara la paridad de género en el mundo laboral, el PIB de los países de la OCDE se incrementaría un 20% y el PIB generado por las mujeres se elevaría un 50%. Son los cálculos realizados en el segundo informe elaborado por Citi sobre las mujeres y la economía.

Si en lugar de alcanzar la paridad plena sólo logramos reducir a la mitad el "gap" existente entre hombres y mujeres en los anteriores aspectos, el PIB crecería ocho puntos porcentuales en las economías avanzadas y la riqueza generada por las mujeres aumentaría un 20%.

Ajustando estos números a un cálculo más conservador sobre el potencial impacto de políticas más justas de género, los expertos de Citi estiman que el PIB de las economías avanzadas podría incrementarse en seis puntos porcentuales.

Para poner en perspectiva estos números, hay que tener en cuenta que, por ejemplo, los planes fiscales que Donald Trump había prometido en la campaña electoral y que aún no están aprobados se calculaba que iban a sumar un punto y medio al PIB americano entre 2018 y 2021; o que una agenda de reformas estructurales aplicada en Europa podría sumar seis puntos porcentuales al PIB de la economía europea.

En un mundo regido por la economía, parece que funcionan mejor este tipo de estímulos utilitaristas que los que apelan a la justicia, a la equidad o a la igualdad: el empoderamiento de la mujer (Citi utiliza esta expresión en el título de su informe), la mejora de sus ratios en el mercado laboral incrementaría el potencial de crecimiento de la economía; ése es el gran argumento.

Cómo están las cosas

La participación de las mujeres en el mercado laboral está en el 64% en los países de la OCDE, 16 puntos porcentuales por debajo de la de los hombres. Ese diferencial es particularmente importante en Italia (55% de las mujeres frente al 75% de los hombres) y en Japón (68% frente al 85%).

Entre quienes están formalmente empleados, las mujeres tienden a trabajar significativamente menos horas, de media, en parte porque entre ellas tiene mayor presencia el trabajo a tiempo parcial. Así, en Estados Unidos, se estima que la jornada media para un hombre fue de 8,10 horas en 2016, frente a las 7,3 horas para las mujeres.

En Europa, hay enormes diferencias según los países, pero el 'gap' entre la jornada laboral de los hombres y la de las mujeres se encuentra a menudo en el entorno del 20%.

En tercer lugar, en lo que a la productividad respecta, la femenina suele quedarse atrás respecto a la de los varones, debido a que las mujeres tienen una presencia desproporcionadamente elevada en los sectores de baja productividad, como la salud, la educación, o el comercio, mientras que están significativamente infrarrepresentadas en los sectores de mayor productividad, como la industria.

Más aún: como muchas mujeres están ocupadas a tiempo parcial y en sectores y ocupaciones que responden a estereotipos de género y que se caracterizan por sus bajos salarios, pobres condiciones laborales y limitadas oportunidades de ascenso, las mujeres disponen de menor renta que los hombres. Incluso cuando las mujeres realizan los mismos o similares trabajos que los hombres o se ocupan de trabajos de igual valor, reciben salarios más bajos que los de los varones.

Las mujeres, por tanto, trabajan en menor proporción que los hombres: a nivel global, sólo tiene trabajo remunerado una de cada dos mujeres mayor de 15 años; mientras que en el caso de los hombres, ello ocurre en tres de cada cuatro. Ello se traduce en que la fuerza laboral femenina es 700 millones menor a la masculina.

Al mismo tiempo, según recoge el estudio, las mujeres se ocupan tres veces más que los hombres de labores no remuneradas. Y también sufren en mayor proporción el trabajo informal, con lo que ello implica: problemas de acceso a las infraestructuras básicas, a la educación, a los servicios financieros, de salud... y con los riesgos mayores que siempre asumen las mujeres, como el acoso sexual, la violencia y las restricciones a sus derechos reproductivos.

Los frenos a la igualdad

Pero hay muchos costes que frenan la carrera por la igualdad, según el informe de Citi: en primer lugar, los impuestos, dado que los tipos marginales que pesan sobre el proveedor de la segunda renta del hogar son a menudo muy elevados y desincentivan la participación femenina en el mundo laboral; además, el coste de los cuidados a niños y ancianos son muy elevados; y, por último, se encuentra la cultura y la asignación de tareas e identidades por géneros, que continúan siendo obstáculos para la igualdad, porque siguen imponiendo a las mujeres la realización de los trabajos domésticos y de cuidado, que no son remunerados, y cuando llegan al mercado de trabajo, muy a menudo reciben salarios más bajos que los hombres.

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