Vocento 15 años 19 de Octubre, 09:27 am

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Santander compra Popular

Popular: Una buena noticia, varias inquietudes y conclusiones preocupantes

La decisión de vender por un euro el Popular al Banco Santander pone fin a uno de los capítulos más graves en la historia del sistema financiero español. El que hasta hace bien poco era uno de los cinco grandes de la banca española se estaba volatilizando día a día sin que nadie pudiera evitarlo y ante la impotencia de los nuevos gestores, reguladores y el propio gobierno.

La solución lleva implícita una buena noticia: la de no haber tenido que recurrir a Bankia para impedir su colapso total. Habría sido poco presentable que las mismas autoridades europeas que impusieron hace ahora cinco años a Bankia una cura de adelgazamiento para su saneamiento le otorgaran el papel de salvadora del Popular. Sin embargo, la operación plantea una serie de incertidumbres que se irán resolviendo con el tiempo a medida que el Santander vaya desvelando su estrategia para lograr la absorción total del banco en crisis. Pensar que la ampliación de 7.000 millones de euros del Santander va a ser suficiente para afrontar el desequilibrio patrimonial del Popular no deja de ser un ejercicio de buenas intenciones en un momento en el que era urgente buscar una salida a complicada situación. Parece que algún tipo de ayuda puede esperar el Santander al quedarse con unos activos inmobiliarios de más que difícil salida.

Y, en cualquier caso, la solución de esta crisis sólo ha puesto en evidencia algunas conclusiones preocupantes. Entre estas conclusiones se encuentra la lenta actuación tras detectar la gravedad de un problema y que, sin duda, ha propiciado que los accionistas del Popular perdieran el total de su inversión. Tan grave como ello o más, es la normalidad con la que se ha estado actuando, hace apenas unos meses, cuando de lo que se trataba era de defender el interés de los gestores y no de los accionistas. Hemos vivido cómo se sustituía a Ángel Rón por un nuevo presidente, pero reconociéndoles de forma íntegra todos sus derechos en forma de plan de pensiones e indemnización. No tiene ningún sentido que quienes son responsables de una mala gestión sean finalmente premiados, mientras que quienes han arriesgado su dinero en el capital de la entidad, lo hayan perdido todo.

Todo ello deja en evidencia que la crisis bancaria europea está lejos de quedar resuelta y que todavía quedan por desarrollar mecanismos para impedir que ésta ponga en jaque a todo el sistema financiero, que el sector público tenga que acudir en su auxilio y que los pequeños accionistas, como siempre, queden a merced de decisiones que no les tomen en cuenta.

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