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Finanzas

La banca reinicia la partida de las fusiones, ¿apuestas?

José María Camarero

La integración de Bankia y BMN abre la puerta a otras operaciones que completarán el tablero de un sector cada vez más concentrado. Popular es el siguiente en la diana.

 Con su decisión de proponer la fusión entre Bankia y Banco Mare Nostrum (BMN), el Gobierno ha dado el pistoletazo de salida para que se retomen los movimientos corporativos entre los bancos. Los clientes de los poco más de 15 grupos que quedan -en el inicio de la crisis había más de 45- no verán cambios a corto plazo, ni posiblemente en todas las corporaciones. Pero el mercado financiero asume que sin el inicio de la integración de las dos entidades que quedan en manos del Estado nada se movería.

Una vez confirmada la postura del Fondo de Reestructruación Ordenada Bancaria (FROB) sobre sus dos grandes participadas, «el resto de bancos comenzarán a tomar posiciones», indican desde Standard & Poor´s (S&P). En esta agencia de calificación crediticia asumen que «se dan las condiciones para que pueda haber más consolidaciones». De hecho, indican que ahora «tendría sentido». El problema surge al determinar cuáles son las piezas del puzle bancario que pueden encajar en un entorno como el actual: tipos de interés al 0%, mínima rentabilidad del negocio; presión regulatoria al alza; y unos litigios judiciales que, como los de las cláusulas suelo, afectarán a los resultados del sector, aunque no provocarán pérdidas.

Nadie puede esperar movimientos en los próximos meses, más allá de los que realicen Bankia y BMN. La única oferta presentada por las antiguas cajas de Granada, Murcia, Sa Nostra y Penedés -la que valoraba la compañía en 1.300 millones- da muestra de que «las entidades no están animadas a comprar porque hay inseguridad», apuntan en el sector. Y admiten que aunque habrá consolidaciones «no será tan a corto plazo como se puede pensar».

Popular, siguiente en la diana

Todas las miradas se dirigen ahora hacia la otra entidad susceptible de ser absorbida: Popular. La nueva dirección que se ha hecho cargo del banco -perdió casi 3.500 millones en 2016- tendrá que decidir si mantiene su autonomía o busca un compañero de viaje. «No pueden presentar al mercado un plan de desinversión que no sea ambicioso porque su situación financiera es muy delicada», sostienen desde S&P. En principio, el nuevo presidente, Emilio Saracho, tiene sobre la mesa la posibilidad de deshacerse de sus activos inmobiliarios problemáticos a través de Sunrise. Pero aún no está claro que lo vaya a hacer, y ni siquiera en qué condiciones.

Para determinar el camino que debería seguir cualquier banco comprador, los expertos asumen que no puede tratarse de la unión de dos entidades que tengan una situación compleja, como la que representa el Popular. «No importa el tamaño de cada una, siempre que se cumpla esta regla», admiten fuentes bancarias. Para Juan José Arrieta, director general adjunto de Deusto Business School, «las integraciones correctas son las que añaden valor a la suma, con independencia del tamaño de sus protagonistas, ya sea por complementariedad de sus negocios, de sus redes y sus equipos».

En este sentido, Santander, BBVA, CaixaBank y Sabadell son las mejor posicionadas para protagonizar movimientos corporativos de calado. Pero cualquier decisión pasará por un saneamiento definitivo de las que podrían acabar en manos de estas corporaciones, como Liberbank, Ibercaja o Unicaja, algunas de las que el sector fija en su objetivo. Sin embargo, en cualquiera de los tres casos, sus responsables insisten en que su intención pasa por mantener la independencia de la que gozan tras los procesos de fusión que ya protagonizaron en los años de crisis.

Lo que no parece que se vayan a repetir son estrategias como las que dieron lugar a las históricas SIP -fusiones frías entre cajas de ahorros-, que supusieron integraciones colectivas de varias entidades con problemas en cada una de ellas. «Si las concentraciones se basan en la mezcla de todo tipo de entidades, unas regulares y otras malas, sería contradictorio, porque ya se demostró el resultado con las SIP», indica Jesús Palau, profesor de Economía y Finanzas en Esade.

Por ello, no es descartable que lleguen a unirse dos o más grupos de tipo mediano siempre que cuenten con una buena situación financiera. «Con su consolidación, dos firmas medianas crecerán más desde el punto de vista transformacional que si una grande se hace con una pequeña», apuntan en S&P.

Alternativas a las uniones

Lo que sí parece más claro es el tipo de entidades que están dispuestas a mantener su autonomía por las especiales circunstancias en las que se mueven. Por una parte, se encuentra Bankinter, con un excelente estado de salud financiera. Y por otra, Kutxabank, también con elevada solvencia y prácticamente ajena a todo este proceso, a excepción de la adquisición de Caja Sur que hizo BBK en su momento. Con el proyecto de decreto del Gobierno para que las fundaciones que controlan ésta y otras entidades similares puedan dotarse de un fondo de reserva hasta el ejercicio de 2022, en vez de 2020 como estaba previsto, el banco vasco dispone de más tiempo para no tener que pasar por el aro de la privatización.

Pero no todos los caminos para el futuro de la banca tienen por qué implicar consolidaciones. «También existen fórmulas más eficientes para ayudar a aligerar estructuras, reducir activos problemáticos o eliminar capacidad instalada», indica Juan José Arrieta. De hecho, todos los bancos ya lo están haciendo indpendientemente de lo que se muevan en el futuro. El sector sigue reduciendo el número de oficinas y empleados, vendiendo negocios que no son puramente bancarios e integrando estructuras para aligerar sus cuentas.

El futuro de las cajas rurales, pendiente de su reforma legislativa

Aún queda una pequeña parte del sector bancario pendiente de la última reforma legislativa que completaría la transformación que ha sufrido el sector desde que arrancó la crisis en 2008: las cajas rurales o cooperativas de crédito. El Ministerio de Economía «está trabajando» en una propuesta para adaptar sus estructuras a la nueva realidad financiera, inmersa en la Unión Bancaria Europea. Este sector se encuentra formado por las firmas integradas en el grupo Caja Rural -con más de 2.700 oficinas-, además de otras como Laboral Kuxta -País Vasco- o el grupo cooperativo Cajamar. Las modificaciones legislativas previstas podrían pasar por aclarar el tratamiento de las aportaciones de los socios. Hasta ahora, aunque eran consideradas como capital, y por tanto sujetas a fluctuaciones y posibles pérdidas dependiendo de la evolución del negocio financiero, se perciben en muchos casos como si se tratara de depósitos, con la consiguiente imposibilidad de asumir pérdidas. Además, no importaba el volumen de esas aportaciones ya que todos sus socios tiene el mismo peso a la hora de tomar decisiones en el grupo rural o cooperativo. Si se modificasen ambos aspectos, las aportaciones serían estrictamente capital y ése sería clvae a la hora de fijar los sistemas de votación y representatividad corporativa.

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