16 de Septiembre, 16:57 pm

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La primera dama

Melania Trump, desnuda y discreta

Carlos Benito

La tercera esposa de Trump, nacida en Eslovenia, aspira a recuperar el modelo tradicional de primera dama

A Melania Trump la hemos visto en situaciones ins髄itas, para las que resulta in鷗il buscar precedentes entre las primeras damas de Estados Unidos. Por ejemplo, desnuda sobre una manta de piel a bordo de un jet privado, con la mu馿ca izquierda esposada a un misterioso malet韓. O m醩 desnuda todav韆 -es decir, sin los brazaletes ni la gargantilla de brillantes- sobre un lecho de aire menos aristocr醫ico, mientras otra mujer -desnuda, esto se vuelve reiterativo- la abrazaba por detr醩. M醩 all de los reportajes fotogr醘icos, tambi閚 conocemos de ella declaraciones at韕icas, como las de aquella entrevista por tel閒ono que le hizo el locutor Howard Stern, en la que coment algunos pormenores de su relaci髇 con Donald Trump: Tenemos sexo incre韇le al menos una vez al d韆, comunic Melania al mundo. Por la radio no se ve韆, claro, pero tambi閚 en aquella ocasi髇 admiti que no llevaba encima mucha ropa.

Y sin embargo, a pesar de tanta desnudez y tanta exhibici髇, no parece que nadie tenga muy claro c髆o es realmente Melania. La tercera esposa de Trump, veinticuatro a駉s m醩 joven que 閘, es una persona extra馻mente opaca, que prefiere mantenerse en segundo plano y rara vez se aventura fuera de los guiones establecidos. Durante la campa馻, ha cedido buena parte del protagonismo a Ivanka, hija del primer matrimonio de Donald, y todo apunta a que su papel como primera dama supondr un retorno al modelo cl醩ico, hogare駉, sumiso, sin la hiperactividad pol韙ica de una Hillary Clinton ni la visibilidad continua y divertida de una Michelle Obama. De Melania, desde luego, nadie espera bromas ni sentido del humor, porque siempre se esfuerza en aparecer como una mujer formal hasta la exageraci髇, y tampoco destaca precisamente como hero韓a de la igualdad entre sexos: 玈abemos nuestros roles -ha dicho de su matrimonio con Donald Trump-. No quise que 閘 le cambiase los pa馻les a Barron ni que lo metiese en la cama.

Melania, entonces Melanija Knavs, naci en la peque馻 localidad de Sevnica, en los tiempos en los que Eslovenia formaba parte de Yugoslavia. Ayer, para celebrar el triunfo de Donald Trump, que nunca ha visitado el pueblo, se iz una bandera de EE UU en la plaza y la pizzer韆 Rondo sirvi un dulce especial de fresas bautizado como Melania. La biograf韆 de la nueva primera dama se suele presentar como un cuento de hadas contempor醤eo, que arranca en los hoscos bloques de hormig髇 del comunismo y concluye en la Casa Blanca, pero hay matices que aten鷄n ese violento contraste. La familia de Melania llevaba una vida m醩 desahogada que la de la mayor韆 de sus convecinos: el padre era ch骹er y miembro del partido, mientras que la madre trabajaba para una f醔rica textil de propiedad estatal y a veces viajaba a otros pa韘es, de donde volv韆 con revistas de moda y pinturas de colores vivos para animar su hogar. Los Knavs veraneaban en el extranjero e incluso acabaron traslad醤dose a una casa unifamiliar.

Los Clinton, invitados

Melania, una alumna aplicada que no beb韆 y casi no sal韆, empez a estudiar Arquitectura, pero para entonces ya hab韆 debutado en la moda, despu閟 de que un fot骻rafo se prendase de su belleza sin envaramiento y sus ojos de otro mundo. La Eslovenia independiente se le quedaba muy peque馻, as que salt a Mil醤, a Par韘, a Nueva York, y fue all, en una fiesta, donde su camino se cruz con el de Donald Trump. El magnate esper a que su acompa馻nte fuese al ba駉 -ella era, por cierto, una noruega heredera de un imperio cosm閠ico- y abord a Melania, que se neg a darle su n鷐ero de tel閒ono. Se casaron en 2005: la novia luci un vestido de Galliano de m醩 de cien mil d髄ares y entre los invitados a Mar-a-Lago, la mansi髇 de 118 habitaciones que Trump posee en Palm Beach, estuvieron Bill y Hillary Clinton.

De alguna manera, pese a su respaldo incondicional y devoto a su marido, Melania parece dise馻da para evidenciar las contradicciones y los defectos de Donald Trump. Es la esposa inmigrante del hombre que critica ferozmente la inmigraci髇: ella siempre insiste en que su llegada a EE UU fue completamente legal, pero algunas investigaciones han demostrado que trabaj de modelo con su primer visado de turista. Y, de hecho, su marido aboga por poner coto al 玜buso incontrolado del visado que despu閟 le permiti asentarse en el pa韘, el H-1B, reservado a 'trabajadores cualificados'. Tambi閚 sus intereses como primera dama parecen elegidos adrede para poner en evidencia a Trump: su plan es concienciar al pa韘 sobre el ciberacoso. 玁unca est bien que se burlen de un chico o una chica de 12 a駉s, lo hostiguen o lo ataquen. Es terrible cuando ocurre en el recreo y absolutamente inaceptable si lo hace alguien sin nombre escondido en internet, declar en una entrevista. Seguro que, en lo que tard en decir esa frase tan larga, el sangu韓eo Donald ya hab韆 arremetido contra alguien a trav閟 de un tuit.

Melania no va a ser la primera esposa extranjera de un presidente de EE UU, pero casi: el precedente, de la primera mitad del siglo XIX, es la mujer de John Quincy Adams, inglesa hija de americanos. Tampoco ser la primera modelo, porque se adelantaron Betty Ford y Pat Nixon. S parece que ninguna antes ha hablado cinco idiomas: ella domina el esloveno, el serbocroata, el alem醤, el franc閟 y el ingl閟, aunque su fuerte acento fascina a los imitadores. Una de sus primeras tareas consistir en transformar la Casa Blanca en un hogar a su gusto, ayudada por un equipo de decoradores y por los responsables de preservar el edificio: quiz proceda recordar aqu que, en la casi centenaria Mar-a-lago, Donald Trump arruin unos tapices flamencos del siglo XVI al exponerlos a la luz solar y convirti la biblioteca (con sus valiosas primeras ediciones) en un bar, decorado con un retrato suyo en deportivas blancas. 縌uedar韆 bien una manta de piel en el Despacho Oval?

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