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El mercado comienza a cuestionárselo en este momento del ciclo

La inversión con el foco en el dividendo: ¿sí o no?

Ha sido una estrategia muy seguida durante los años de la crisis y también durante la recuperación de las bolsas, tanto por los inversores más conservadores como por los algo más arriesgados, y ahora comienza a haber cierta controversia respecto al acierto de seguir apostando por ella. 

Hablamos de centrar la inversión en las acciones con elevada rentabilidad por dividendo. Por un lado, los expertos de Morgan Stanley, si bien reconocen que, en particular en Europa, ha sido la estrategia de más éxito durante la crisis financiera, quizás habría que comenzar a dejarla de lado. De hecho, el índice en el que el banco de inversión recoge a las acciones con más altos y sostenibles dividendos cae en el año un 13 por ciento, más del doble que el Stoxx 600 Europe. Y ello debido a que las acciones con alta rentabilidad por dividendo pueden perder el favor de los inversores ante subidas del precio oficial del dinero e incremento de las rentabilidades de los bonos. Aunque, en realidad, los expertos del banco de inversión americano no son tan negativos. Así, según recoge Bloomberg, Graham Secker, jefe de estrategia de renta variable europea, explica: «Los tipos de interés y las rentabilidades de los bonos pueden subir un poco, pero no lo suficiente como para hacer descarrilar la inversión por rentabilidad por dividendo en el largo plazo. Vamos a estar en un mundo de bajo crecimiento con tipos bajos para la deuda, por lo que éste es sólo un recorte temporal. Hay lugar para tener estrategias por dividendo en la cartera». 

Puede ser temporal, pues, la estrategia de los inversores en el mercado de opciones, que muestra la menor preferencia por las acciones con alto dividendo: los inversores están pagando el precio más alto en cuatro años para protegerse de una caída del iShares Select Dividend ETF, en relación con la misma estrategia respecto al S&P 500, de acuerdo con datos de Bloomberg. De todas maneras, David Rosenberg, de Gluskin Sheff & Associates, cree que la estrategia del dividendo aún tiene que seguir su curso, aún no se ha terminado. Y ello debido a que, según su análisis, la industria menos generosa con los accionistas, la tecnológica, tiene una rentabilidad por dividendo que iguala al rendimiento de la deuda americana a diez años, y la segunda menos espléndida, la de consumo discrecional y salud, supera al rendimiento de los bonos. En definitiva, invertir en rentabilidad por dividendo sigue siendo competitivo frente a la inversión en renta fija.

Aunque es posible que para afrontar los nuevos tiempos no haya que cambiar el criterio (rentabilidad por dividendo), sino sólo el área geográfica en la que se pone el foco: así, Klaus Bockstaller, gestor del Pictet-Emerging Markets High Dividend, se fija en acciones emergentes y algunas de ellas son China Mobile, Taiwan Semiconductor, Samsung Electronics, Telefónica Brasil o Bank of China. 

La inversión con el criterio de la rentabilidad por dividendo también genera controversia entre los analistas por otra razón: ¿De verdad es más rentable invertir en acciones con alto dividendo que hacerlo en compañías que prefieren ser menos generosas con su retribución al accionista para apostar por la inversión en su crecimiento? Así, por ejemplo, Pierre-Alexis Dumont, de Groupama Asset Management, comenta: «Claramente, en Groupama AM estamos más cómodos con el estilo 'growth' frente a nombres de alto dividendo. Creemos que la mejor combinación es invertir en compañías con una fuerte generación de flujos de caja, y significativo potencial de crecimiento. Preferimos compañías que puedan reinvertir la caja generada en nuevos proyectos con un retorno sobre el capital invertido razonable que en nombres que te dan parte de su generación de flujos de caja sin invertirlos en su futuro crecimiento. En este sentido, creemos que esos dividendos pueden durar poco y algunas compañías se ven obligadas a dejar de repartirlos». 

Dividendo y crecimiento no son antónimos

Pero, por el contrario, Stuart Rhodes, gestor del fondo M&G Global Dividend, que, lógicamente, apuesta por el dividendo, sobre todo poniendo el foco en las perspectivas de crecimiento futuro de la remuneración al accionista y no tanto en una impresionante rentabilidad por dividendo futuro, también escoge títulos que proporcionen crecimiento cíclico y estructural. En muchos casos, señala Rhodes, una altísima rentabilidad por dividendo es síntoma de potencial de crecimiento, lo que implica que el potencial de ganancias vía revalorización de las acciones es limitado en estos casos. En definitiva: «Nos encontramos con que las compañías con capacidad de hacer crecer los dividendos a lo largo del tiempo son también las que son capaces de hacerlo mejor que el mercado». Así resuelve Rhodes la aparente contradicción entre el dividendo y el crecimiento. Y en la misma línea se manifiestan los analistas de BNY Mellon: «Las compañías que pagan la mayor parte de sus beneficios en forma de dividendos parecen positivas para los inversores. Sin embargo, en los 'pay out' (porcentaje del beneficio que se reparte en forma de dividendos) hay más de lo que parece. Cifras elevadas no son tan claramente positivas como parecen. A largo plazo, un factor más importante es la sostenibilidad de esos 'pay outs', en particular si las acciones que forman parte de una cartera de rentas que busca consistencia». En resumen, una compañía merece la pena si su dividendo creciente procede de beneficios crecientes, así como compañías que recompensan a sus accionistas en lugar de destinar sus ganancias en proyectos de inversión equivocados. Para Bockstaller, «la existencia de alto dividendo es indicativo de buen gobierno corporativo», pero añade: «Es importante no caer en trampa de valor. No interesan compañías con exceso de dividendo, que, debido a su modelo de negocio u otros condicionantes, están sometidas al riesgo de recorte del pago, incluso con una ligera disminución de los ingresos».

Análisis empírico 

¿Y qué dice el análisis empírico?, ¿se gana más con una compañía que paga dividendos de manera generosa o con otra que renuncia al reparto de dividendos o se contenta con una remuneración testimonial? Para realizar este análisis, hemos escogido tres mercados: el español, el europeo y el americano; en el primero, el Ibex-35, en el segundo, el Eurostoxx 50, y en el tercero, el S&P 500 en contraste con el S&P Dividend Aristocrats, que recoge las mejores acciones por su dividendo. Nos hemos quedado con los títulos que a día de hoy tienen más elevada rentabilidad por dividendo y comparamos su rentabilidad este año tanto por la revalorización de su precio como la obtenida si se suma la remuneración al accionista, tanto durante este 2016, como en la última década. 

En el selectivo español nos encontramos con que el rendimiento de Telefónica, la acción con mayor rentabilidad por dividendo, es de un -14 por ciento este año, porcentaje que se reduce a un -10 por ciento contando con el dividendo. A diez años, la aportación de la retribución al accionista se nota más, puesto que pasa de un -35 por ciento a un casi 19 por ciento positivo. Más espectacular es el efecto de Endesa, que pasa de una caída de su precio del 45 por ciento a una subida del 120 gracias al dividendo. También Gas Natural pasa de los números rojos a los verdes gracias al dividendo, mientras que en Santander y en BBVA, se logra adelgazar las pérdidas. 

Como contraste a esta situación, compañías en las que una rentabilidad por dividendo relativamente reducida no ha impedido ganar mucho dinero sólo con la revalorización de las acciones: con Aena, se gana un 120 por ciento desde que salió a bolsa, hace un año y medio, mientras que con Inditex se gana un 335 por ciento y con Amadeus, casi ese mismo porcentaje, mientras que Grifols acumula un rendimiento del 440 por ciento. Aunque también hay casos de pérdidas en las empresas poco generosas con los accionistas, como es el caso de Meliá, Popular, ArcelorMittal e Indra. 

En Europa, las diez acciones que ahora mismo tienen mejores rentabilidades por dividendo, sólo consiguen con él reducir sus pérdidas acumuladas tanto en el año como en la última década. Sólo en algunos casos el dividendo sirve para que sus accionistas no hayan entrado en minusvalías este año (Vivendi, Eni y Total), o en los diez últimos años (Vivendi, Eni y Total, de nuevo, además de Allianz o AXA). Quizás esa alta rentabilidad por dividendo está distorsionada por lo mucho que han caído algunas de estas acciones tanto este año como desde 2006. 

En cambio, las compañías con las rentabilidades por dividendo más reducidas del Eurostoxx 50 registran, a excepción de Deutsche Bank, subidas de precio, en algunos casos explosivas, como en Adidas, ASML, Safran o Fresenius, en la última década. 

En Estados Unidos, nos quedamos, por un lado, con los miembros del índice formado por las compañías con mejor dividendo y de mayor calidad, entre las que abundan petroleras, como Chevron y Exxon Mobil, así como eléctricas, pero también empresas de consumo, como Coca-Cola. Entre ellas, son raros los casos de números rojos en el año y lo habitual es que con un horizonte temporal de diez años las revalorizaciones sean muy importantes en todos los casos. No es raro si tenemos en cuenta que el S&P 500 se encuentra en máximos históricos. Pero ese éxito es compartido por compañías que no reparten dividendo, como las tecnológicas Alphabet, Yahoo! o Facebook, que han subido como la espuma en la última década. En definitiva, ni apostar por el dividendo es sinónimo de ganar, ni hacerlo por el crecimiento lo es de lo contrario.

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