21 de Julio, 11:22 am

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Trump deja a la OTAN sumida en la confusión tras una cumbre caótica

Enrique Serbeto

Donald Trump en estado puro. Este «genio estable» como se define a sí mismo sin el menor rubor, convirtió la cumbre anual de la Alianza Atlántica en un torbellino, saltó por encima de todas las convenciones acumuladas desde hace casi setenta años en esta organización y se fue dejando a los demás dirigentes con una impresión de incredulidad ante sus exigencias imperativas de que gasten más dinero en defensa, que dijo que habían sido inequívocamente asumidas. Los europeos están ahora aguantando la respiración ante la reunión que Trump tiene previsto mantener el próximo lunes con el presidente ruso, Vladímir Putin, de quien dijo que «no es mi enemigo, tampoco es mi amigo, pero lo puede ser» y con el que cree que tiene que hablar poco de Crimea, porque ese es a su juicio «un problema creado por Barack Obama».

El norteamericano empezó el día forzando la convocatoria de una reunión de urgencia del Consejo Atlántico, por su insistencia en reclamar a los aliados europeos que gasten más dinero en defensa, algo que todos creían que se había discutido y acordado la víspera. En realidad, ayer se trataba de una sesión ampliada, con la participación de los presidentes de Ucrania y Georgia, dos países que no forman parte de la OTAN pero que colaboran en muchas de sus operaciones y a los que se premia con este tipo de gestos. Trump aprovechó su turno de palabra para ignorar el contenido de la reunión y volver a su mensaje de reproches a los aliados europeos. En su vehemencia había llegado a amenazar con que Estados Unidos «seguirá su camino» al margen de la OTAN si los demás países no cumplen con sus demandas de aumentar el gasto militar. Según fuentes diplomáticas, Trump hizo su exposición con un tono «extremadamente duro y vehemente», señalando expresamente a Alemania y a la canciller Merkel por su nombre. También mencionó a España entre los países que a su juicio no gastan lo suficiente.

Calmar los ánimos

A la vista de la situación creada, la reunión con Ucrania y Georgia tuvo que ser suspendida y en un gesto inédito el secretario general de la organización, Jens Stoltenberg, volvió a convocar una reunión urgente del Consejo Atlántico para intentar calmar los ánimos del norteamericano puertas adentro, sólo entre dirigentes de la Alianza.

Después, Stoltenberg diría que este episodio había sido «una discusión franca, tras la cual creo que la OTAN es más fuerte» pero ni él ni ninguno de los líderes pudo confirmar lo que había proclamado Trump en su rueda de prensa sobre un supuesto compromiso formal de que los aliados aumentarían «más y más rápidamente» sus gastos de defensa, más allá de alcanzar el 2% del PIB en 2024, que es lo formalmente acordado.

Uno de los jefes de Gobierno europeos diría después que las invectivas de Trump «se han hecho sin tener en cuenta cosas como la complejidad de los equilibrios parlamentarios que tienen que salvar muchos gobiernos» para aprobar esos planes. Y un ministro de Defensa europeo llegó a explicar que en muchos casos «las fuerzas armadas no tienen la capacidad de absorber en tan poco tiempo ese aumento de presupuestos» que exige Trump a toda costa.

Al norteamericano parece gustarle la improvisación impulsiva y después de haber puesto a todo el mundo al pie de los caballos convocó por sorpresa una rueda de prensa-espectáculo para decir todo lo contrario, que «la OTAN es ahora una máquina bien afinada» y que adora Alemania, puesto que él mismo es de origen alemán. «Hemos logrado mucho con respecto a la OTAN. Durante años, muchos presidentes norteamericanos han venido a estas reuniones y hablado de los tremendos gastos para Estados Unidos, y hoy se ha conseguido un progreso tremendo. Todos han acordado elevar sustancialmente sus compromisos. Los van a elevar a niveles que nunca antes habían pensado».

Vender armas de EE.UU.

Lejos de lo que había sido su discurso solo unas horas antes, Trump decía sentirse «muy feliz porque tenemos una OTAN muy poderosa, muy fuerte, mucho más fuerte de lo que era hace dos días». Cuando le preguntaron por el hecho de que hay gobiernos que tienen dificultades presupuestarias, el presidente norteamericano improvisó su teoría de que «es verdad que algunos países son muy ricos y otros no lo son tanto», y que por ello Washington está dispuesto a ayudarlos a comprar equipamiento militar, naturalmente norteamericano, porque «Estados Unidos fabrica, de lejos, el mejor equipamiento militar en el mundo, los mejores aviones, los mejores misiles, las mejores pistolas, lo mejor de todo».

A Trump -que entre medias introdujo sus negociaciones con el dictador norcoreano como otro de sus éxitos indiscutibles- le preguntaron sobre sus planes para la reunión con Putin y dió otra vez la impresión de que está muy predispuesto a llevarse bien con el autócrata ruso. La clave más evidente de ello es que no fue capaz de enunciar claramente el principio de respeto a la legalidad internacional en el caso de la anexión rusa de Crimea. Se limitó a decir que es una situación «que no me gusta» pero la ventiló echándole la culpa a su predecesor, Barack Obama, de haberla tolerado. Y, en todo caso, dejó claro que no estaba entre sus prioridades resolverlo, teniendo en cuenta que Putin «ha hecho puentes y ha gastado mucho dinero en inversiones» en ese territorio. Personas que han asistido a las reuniones de la OTAN confirmarían después que también en esto, había habido un discurso dentro y Trump había dado una versión diferente fuera. Formalmente, la OTAN sostiene la integridad territorial de Ucrania. Puede que también intente engañar a Putin.

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