18 de Diciembre, 19:10 pm
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desde 2008

Los países han fijado más de 10.000 normas proteccionistas

M.Cuesta/M.Veloso

Donald Trump amenaza a la Unión Europea con una suerte de nueva era de proteccionismo en el comercio internacional. «Prepárense para los aranceles», dijo el pasado fin de semana, acusando al Viejo Continente de poner trabas a los productos estadounidenses. Pero lo cierto es que los aranceles del 25% a las importaciones de acero y del 10% a las de aluminio recién aprobados por Estados Unidos son una medida proteccionista más de las aplicadas en los últimos años. Desde 2008, y como respuesta a la crisis, países de todo el mundo han aprobado 10.035 normas de proteccionismo económico, según datos recabados por el «think tank» Global Trade Alert.

Esta organización independiente fue impulsada en 2009 por el Centro para la Investigación de la Política Económica (CEPR, por sus sigla en inglés) al intuirse que la crisis mundial llevaría a los gobiernos a adoptar políticas similares a las de los años treinta, pese a que los países del G-20 hicieron en noviembre de 2008 en Washington una promesa de «no proteccionismo».

Esas más de 10.000 barreras al comercio y las inversiones transfronterizas implantadas desde entonces suponen casi el triple que las 3.544 normas liberalizadoras aprobadas en ese mismo periodo. Las crisis son el mejor caldo de cultivo para el nacionalismo, tanto político como económico, y la vivida desde el estallido de las hipotecas basura no iba a ser la excepción.

El 16,2% de las medidas son aranceles a la importación de productos, el 15,2% a la industria financiera, el 12,5% contra el «dumping» y el 6,8% consiste en subvenciones. EE.UU., con 1.435 normas, ha sido el país que más medidas proteccionistas ha aprobado, seguido de Alemania (854), India (797) y Rusia (597).

«Ahora hablamos de los aranceles de Trump, pero la UE también ha fijado en los últimos años los suyos para proteger a la siderurgia de aquí frente a la competencia china», recuerda el profesor de Economía del IE Business School Rafael Pampillón, quien apunta que las economías desarrolladas han buscado en los países asiáticos, que compiten en precio, el chivo expiatorio para esas medidas.

Basta recordar que durante las elecciones legislativas francesas de 2012 Nicolas Sarkozy, François Hollande, Marine Le Pen y François Bayrou hicieron llamamientos al patriotismo industrial y a comprar productos franceses. En los comicios del año pasado ese tema volvió a ser un argumento de los candidatos.

Los gobiernos han recurrido a ese patriotismo económico y a las medidas proteccionistas como medida -o promesa- para tratar de proteger las empresas y el empleo local. Las anunciadas por Trump podrían tener también una lectura interna. No es casual que este fin de semana las defendiese ante votantes de Pensilvania, un Estado del llamado «Cinturón del óxido», región del noreste y centro de EE.UU. donde la industria pesada y manufacturera, en declive, tiene gran peso. De hecho, la mayor parte de las barreras normativas aplicadas por los países desde 2008 tratan de defender industrias como la siderurgia y la automoción.

«Quiero creer que es un tema de propaganda de Trump que va a tener poco efecto en la economía. Prometió América para los americanos y tiene que hacerlo. A EE.UU. no le interesa nada empezar una guerra comercial con la UE ni mucho menos con China, que es uno de los grandes compradores de sus bonos», asegura José Ramón Pin Arboledas, profesor del IESE.

«Si comenzara un proceso de autarquía, la economía global sufriría mucho. Especialmente los países más pobres en los que el retroceso de las clases medias sería muy dañino», apunta Pin Arboledas. Pampillón recuerda que a los países desarrollados les interesa que los emergentes crezcan, pues eso se traduce en un mayor consumo y gasto turístico de sus clases medias.

«Los productores de aluminio y acero de EE.UU. podrían beneficiarse marginalmente, y los internacionales se verían perjudicados», concluye Analistas Financieros Internacionales (AFI) en un informe sobre los aranceles de Trump. «El proteccionismo perjudicada a todos, pero sobre todo a los consumidores del país que supuestamente se protege», dice Pampillón, detallando que esos aranceles suelen traducirse en precios más altos para los ciudadanos y no en más empleo.

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