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Las alemanas ya pueden saber cuánto ganan sus compañeros de trabajo

Rosalía Sánchez

Muchas trabajadoras alemanas están redactando una solicitud que presentarán ante sus empresas el próximo 6 de enero, fecha en que entra en vigor la «Ley de Transparencia Salarial», una nueva normativa que les permitirá saber cuánto ganan sus colegas masculinos en comparación a sus propios salarios. La ley, aprobada en 2017, garantiza el derecho a conocer los salarios medios de los grupos para evitar la brecha salarial en empresas de más de 200 empleados

«Esta norma quiere romper con un tabú, el tabú de que no se habla de dinero», justifica la ministra alemana de Familia, Mayores, Mujeres y Juventud, Manuela Schwesig, jaleada solo a medias por las empleadas. «Esta ley habría tenido sentido hace años, cuando los dos colegas masculinos, según sospechábamos, ganaban bastante más que nosotras. Pero ahora llega tarde, en la oficina solo quedamos mujeres, seguramente por eso, porque nos pagan menos», comenta una administrativa de Commerzbanbk en el centro de Berlín.

Con la nueva ley, el gobierno pretende impulsar la igualdad salarial entre hombres y mujeres a través de la transparencia, evitando que la falta de información impida a las mujeres saber si están siendo pagadas de forma justa y apoyando sus demandas de igualdad. Según los datos del Ministerio, las mujeres cobran de media en Alemania un 21% menos que los hombres, diferencia que se explica en parte por el tipo de trabajo que realizan, dado que hay menos mujeres en puestos directivos, y también porque muchas interrumpen su carrera para cuidar de los hijos y luego se reincorporan sólo con media jornada.

Pero si se eliminan esos factores, destaca Schwesig, «sigue existiendo una brecha salarial del 7% para los mismos puestos de trabajo, contra la que es necesario luchar para cumplir el mandato constitucional de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres». El derecho de las mujeres a conocer el salario de sus compañeros masculinos, o el de los hombres a conocer el de sus compañeras, se aplicará en empresas de más de 200 empleados, con lo que se cubre a la mitad de las mujeres empleadas en Alemania, apunta la ministra. Asegura, además, que el proyecto garantiza la protección de datos, ya que «no da derecho a mirar la nómina de un colega concreto», sino a conocer el salario medio de un grupo de al menos seis personas que realiza un trabajo equivalente.

Las empresas de más de 500 empleados estarán obligadas por otra parte a analizar de forma periódica su estructura salarial, a comprobar si se respeta el principio de «mismo salario para el mismo trabajo» y a presentar informes públicos al respecto. «La misma ley lleva implícita la trampa», se queja Helga, que trabaja para el Senado de Hamburgo, «y la trampa no es otra que exigir mismo salario para mismo tipo de trabajo, porque son los hombres los que siguen ocupando mayoritariamente los puestos directivos, desde los que justifican una mejor remuneración. Y parece que contra eso no hay ley que pueda protegernos». «No creo que la ley vaya a arreglar gran cosa», añade igualmente pesimista su compañera Lotte, «estaría resuelto si los sindicatos se pusieran manos a la obra, pero tenemos al enemigo en casa. Los mismos sindicatos están liderados mayoritariamente por hombre que no toman lo suficientemente en serio estas reivindicaciones y que no hacen nada para reducir la brecha salarial».

La ministra, sin embargo, es más optimista. Tras largos debates en el seno de la gran coalición, la socialdemócrata Schwesig consiguió que el proyecto fuera aprobado por el Consejo de Ministros para lograr su tramitación antes del final de la legislatura y considera que es un paso fundamental hacia la igualdad que se suma a la ley de cuotas, que fijó un mínimo de 30% de mujeres en los consejos de vigilancia de las grandes empresas del país. Sólo el 11,1% de las mujeres ocupan puestos de responsabilidad en Alemania y, a pesar de contar una jefa de gobierno femenina, el país ha tenido que esperar hasta la tercera legislatura de Merkel para contar con una ley de cuota a la que la canciller era contraria hasta comprobar que, por las buenas, las empresas del Ibex no estaban dispuestas a dar un solo paso para contratar directivas. La situación de minoría de las mujeres es también claramente perceptible en la política alemana.

Cuando Marie Juchacz, la primera política femenina en dirigirse a un parlamento elegido democráticamente en Alemania, la Asamblea Nacional de Weimar, fue elegida junto a otras 36 políticas, tres meses después de la aprobación del voto femenino en 1919, las mujeres suponían cerca del 9% de los diputados. Hoy en día, casi 100 años después, el 37,1% del Bundestag está compuesto por mujeres que, aunque cobran exactamente lo mismo que sus colegas diputados, siguen denunciando situaciones de abuso, discriminación y acoso.

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