17 de Enero, 15:18 pm

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El referéndum unilateral en Cataluña descoloca al soberanismo

Àlex Gubern

El soberanismo anda confundido. En lo que bien puede definirse como fase depresiva del proceso, acentuado tras el veto de la CUP a los Presupuestos, los partidos y las entidades independentistas andan enfrascadas en un debate que plantea la necesidad de reformular el proyecto secesionista -«enriquecerlo», según la terminología de Carles Puigdemont-.

Ante la constatación de que el objetivo de desconexión en 18 meses que fija la «hoja de ruta» es irreal, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) vuelve a ejercer de vanguardia poniendo sobre la mesa un nuevo objetivo, el del denominado referéndum unilateral de independencia, una propuesta aplaudida por la CUP, avalada en menor medida por ERC y rechazada por CDC. La Generalitat se sumó ayer al rechazo a este proyecto señalando, aunque sin demasiado convencimiento, que la «hoja de ruta» sobre la que nació Junts pel Sí sigue vigente.

Aunque la portavoz del Govern, Neus Munté, evitó criticar a la ANC -como sí hizo de manera abierta el candidato de CDC a las generales Francesc Homs-, sí fue clara al señalar que «somos absolutamente partidarios de priorizar y continuar con esta hoja de ruta», de la que dijo no piensan apartarse «ni un milímetro». No obstante, como hizo el propio Puigdemont, el Govern dijo estar dispuesto a escuchar todas las propuestas.

Desde la Generalitat se reconoce que un referéndum unilateral es «lo más aproximado posible» a la consulta soberanista del 9-N de 2014, que representó una gran movilización independentista pero que, evidentemente, careció de «homologación internacional». Lo mismo que sucedería ahora con un referéndum unilateral, se asume en el Govern y se subraya en CDC, donde hay un evidente malestar con la ANC, a la que se acusa de no apoyar a Junts pel Sí y de alinearse con la CUP cuando precisamente los antisistema han dejado colgados a los soberanistas.

La «línea roja» ya no lo es

De fondo, prosigue la pugna en el seno del independentismo entre quienes abogan por proseguir y reforzar la vía de la unilateralidad, y la de quienes reconocen que por este camino, el «proceso» entra en fase terminal. Estos últimos, en mayor o menor medida, son los partidarios de ampliar la base, incorporando al proceso a los «comunes» -Podem y la órbita Colau-, partidarios del referéndum pero no estrictamente independentistas, lo que implicaría, obviamente, renunciar a la unilateralidad.

Precisamente, CDC y ERC reprocharon ayer al líder de Podemos, Pablo Iglesias, que durante el debate de candidatos asumiese que la celebración de un referéndum en Cataluña no era una «línea roja» para negociar. CDC y ERC, en el fragor de la campaña, se lanzaron en tromba a denunciar que Podemos ya no está comprometido con el referéndum, mientras que el líder de En Comú Podem, Xavier Domènech, reconocía que escucharán todas las propuestas, pero que su apuesta es la consulta modelo Quebec.

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